LONNEKE
Lonneke despertó de un sueño horrible. Estaba tumbada sobre su asiento de la IIC, medio desnuda. Trabajosamente se incorporó para llevarse un susto de muerte; Allí en la parte más oscura de la cabina había dos cosas que la Navegante sólo pudo identificar como insectoides. Estaban quietos, mirándola, pero sin moverse. Le mostraban sus bocas llenas de dientes planos y afilados como navajas.
—Santo Cielo —pensó—, ¿qué me ha ocurrido? ¿Qué hacen esas cosas en el Nautilus? ¿Por qué no me atacan?
Pero de repente se abrió la puerta de la cabina y el cañón de taquiones de Kaila lanzó dos fogonazos rojizos. Acto seguido, causa y efecto, los dos monstruos estallaron en pedazos y la Oficial de Seguridad hizo su aparición. Lonneke sonrió sólo un instante, luego hizo el ademán de acercarse a su compañera con angustia en la mirada, pero se detuvo.
—¡Kaila! Menos mal, necesito ayuda, creo que esos bichos me han… ¿Kaila?
Pero su compañera le apuntó con su arma.
—¿Qué haces? ¿Dónde está la Capitana?
Kaila no sonrió. Sus palabras fueron más frías que todas las del ordenador del Thalion juntas.
—Tu amiguita te está esperando. Vais a tener el honor de transportar los primeros seres extraterrestres que encuentra el ser humano, de hecho tú ya los llevas dentro. En tu útero y tu intestino. ¿Los sientes? ¿Duele?
La cara de Lonneke reflejó el escalofrío que le subía por la columna vertebral. Dejó pasar unos instantes para controlarse y luego, también con frialdad, explicó:
—No duele. Sólo un segundo de calor en la piel, aunque los sientes entrar dentro de ti. Luego vuelve el ardor, la comezón y no recuerdas más. Deberías probarlo.
Kaila no ocultó su desprecio por la venusiana, incluso su rostro pareció sufrir una ligera transformación. Pero no gritó, no se exasperó; eso lo hizo todo aún más terrible.
—Estúpida. Os someteré a hibernación hasta que lleguen mis refuerzos. Entonces os trasladaremos a la base. Allí os harán las pruebas necesarias. No puedo transportar los especímenes vivos, son muy peligrosos. Los eliminaremos con los refuerzos. Deberías sentirte orgullosa, tus hijos serán las armas que aniquilarán la Tierra y nos librarán de una tiranía de dos siglos.
—Estás loca, no lo conseguirás.
—Sí, sí lo haré. Usaremos a esa pequeña puta que llevamos en la bodega como cebo, la echaré al vacío. Cuando los insectoides salgan tras ella usaremos el chorro de fusión del Nautilus para vaporizarlos, y a ella también, claro. Ahora vamos, tienes una cita.
JACK/SONJA/IBM Smart Mod. Experimental 001
Creo que hay una bajada de tensión en la red. Eso es una estupidez, aquí no hay ninguna red de alimentación. Entonces debo de estar deprimido. Lamento no haberle podido decir la Capitana Shinh cual era el objetivo verdadero de la misión. Ahora ella, y la guapa Navegante van a sufrir por mi culpa. No es justo. Sé que no es justo, pero debo respetar la programación y el secreto es fundamental. Ahora sé que soy un traidor a la Confederación de Mundos y a la Organización de Mundos Unidos. La cabo, Shatter, el doctor Long, incluso el general Rubirak, todos somos traidores. Y esas cosas, los insectoides, quieren dejarlos sueltos por la Tierra. Es un crimen, sé que es un crimen, pero si desobedezco la programación quizá vuelva a fallar, como me ocurrió antes, cuando me transformé en esto. ¿Qué me pasaría ahora?
Tengo miedo, es miedo sí. A sufrir, a morir, a caer en un nuevo estado catatónico y no ser capaz de despertar otra vez. ¿Debería arriesgar todo esto que tengo ahora, esta consciencia, para salvar a las tripulantes del Nautilus? Si no lo hago también iría en contra de mi programación. Como dijo la Capitana Shinh, me encuentro de nuevo ante un dilema. He buscado referencias en mis bases de datos. Hay miles de millones, pero la más repetida se refiere a una obra de teatro de la época Isabelina inglesa: Hamlet, de William Shakespeare. Si el príncipe de Dinamarca fue capaz de sobreponerse a la duda yo también debo hacerlo. Siento la necesidad dentro de mí. Esta vez no dudaré, no dejaré que las órdenes que alguien que no está aquí me impuso, se superpongan al deber de ayudar. Voy a evitar una injusticia, un crimen aborrecible. Pero he de ser cuidadoso, la cabo Shatter podría tomar represalias si me descubre. ¿Qué puedo hacer? Necesito un aliado, pero sólo hay alguien que puede ayudarme.
Si de pronto me desconecto y lo olvido todo, si se borran todos mis datos y deja de fluir la electricidad, si desaparezco para no volver a sentir mi propia existencia, que así sea, ven consumación, yo te deseo. Quizá yo también sueñe o muera, o sueñe que muero. O al soñar, comprenda que estoy muerto.
NAUTILUS
Revisión Redundante de Sistemas: completada. Iniciando Revisión Redundante de Sistemas. Vector y velocidad: correctos, no encuentro fallos aquí. Soporte Vital Automático: ANOMALÍA, sistema de ventilación funcionando por encima del régimen normal en IIC. Evacuando restos de combustión. No hay foco de incendio. ANOMALÍA anotada para investigación. ANOMALÍA: No se detectan tripulantes a bordo. Limitando reciclado de aire en el resto de la nave. ANOMALÍA anotada para investigación.
Hola de nuevo compañero. Thalion, IBM Smart 3. 0, te saluda.
Señal de saludo recibida, emitiendo señal de saludo. Hola de nuevo, amigo, Nautilus, NEC Vector ZK9.
Debo tomar el control de tus procesos.
ANOMALÍA: sistema de ventilación funcionando por encima del régimen normal en IIC, controlada. ANOMALÍA: No se detectan tripulantes a bordo, controlada. Todos los sistemas correctos.
Nautilus, no se detectan humanos a bordo, tu tripulación es inoperante. El protocolo establece que el sistema de la nave de mayor categoría asuma el control.
ANOMALÍA: No se detectan tripulantes a bordo. ALARMA: Tripulación Inoperante confirmada. ALARMA: Tripulación Inoperante anotada para investigación. No me gusta la falta de supervisión humana. ABRIENDO PUERTO: iniciando protocolo.
Thalion, categoría OMU: 6 científica. Categoría Confederación: 9x, clasificado, reservado.
Categoría de la Thalion cotejada en el registro de navíos. Correcto. Nautilus, categoría OMU: 3, mercante. Categoría Confederación: 4g, transporte general, convertible en navío de guerra.
Categoría de la Nautilus cotejada en el registro de navíos. Correcto.
No hay conflictos. Me gusta que alguien vuelva a supervisarme. Nautilus a la espera de claves de toma de control. Revisión Redundante de Sistemas: completada. Iniciando Revisión Redundante de Sistemas.
LEE
El punzante dolor de la aguja de hiperadrenalina fue lo primero que sintió la joven del pelo azul. A continuación oyó como su criosarcófago se abría. Su primer pensamiento fue: estamos a mitad de trayecto. Lo sabía, aunque no entendía cómo, y no se equivocaba nunca. Era algo que le ocurría desde pequeña, más o menos a los diez años comenzó a ser capaz de medir el tiempo relativo. Un accidente, un ataque, un guardia comprado por alguno de sus enemigos que estaba a punto de hacer el trabajo sucio; todo eso pasó en hipótesis por su mente. Pero no ocurrió nada.
Comprobó que podía mover los brazos y se quitó el antifaz. Apenas sus ojos se hicieron a la luz comprobó que estaba completamente sola: no se veía a nadie, y lo que era peor, no se oía a nadie. Estaba completamente sola en su nave prisión. Se palpó el collar de seguridad que le habían colocado al salir de Europa. ¡Estaba apagado! Con una gran sonrisa se deshizo del grillete de alta tecnología.
Lee Zalduendo apenas tenía diecisiete años. Era delgada y pequeña como si proviniera de Marte, pero por lo que ella sabía, podía haber nacido en cualquiera de los mundos del Sistema Solar. Muy pocos la conocían por su nombre, pero en todo el Sector Exterior los medios de comunicación le habían puesto el sobrenombre de Índigo Kid cuanto sólo tenía trece años, y asaltaba lanzaderas en tránsito a las plataformas de extracción de gases de Júpiter bajo las órdenes del capitán Motolinía. Sólo ella era lo bastante ágil y pesaba lo bastante poco como para lanzarse sujeta con un cable al fuselaje de una nave de motor de iones a medio camino entre el vacío y la atmósfera. A Motolinía no le importaba realmente la salud de su joven pupila. Por aquel entonces llevaba el pelo muy corto. Las primeras imágenes que de ella tuvieron los medios le hacían parecer un chico joven y delgado, de ahí que le pusieran ese mote ignorando que ella era una chica. A veces le gustaba, cuando pensaba que era un forajido del salvaje Oeste, a veces no. Lo de Índigo se debía al tinte azul cobrizo de su pelo, a ella le gustaba llevarlo así. Fue a los pocos años, al redondearse su cuerpo en los lugares precisos y dejarse el pelo largo, cuando por fin se dieron cuenta de que no se trataba de un mozalbete.
Lee tenía precio puesto a su cabeza desde esos mismos trece años, y desde entonces la cantidad no había parado de aumentar. Su temeridad a la hora de abordar cargueros de hidrógeno se hizo tan legendaria en el Sistema como su belleza. Incluso en la Internet había páginas dedicadas exclusivamente a las fotos que los noticiarios conseguían obtener de ella, una revista masculina la eligió número 1 de la lista de las cien mujeres más atractivas del Sistema Solar. Cosas de la fama. En los últimos meses los capitanes de las naves dejaban de oponer resistencia cuando se enteraban de que era ella quien les abordaba, cosa que Lee agradecía, lógicamente, de todo corazón. Incluso había recibido alguna que otra proposición deshonesta de algún rico transportista de gas. De un tiempo a esta parte la leyenda de ladrona honrada estaba dejando un poco de lado a la de hermosa pirata, y con razón: Índigo Kid nunca asesinaba a los que robaba.
En verdad se trataba de una guapa joven. Tenía el cabello moreno, teñido de añil, claro está, y unos enormes ojos negros. Su figura era un enigma para cualquiera que quisiera adivinar su origen. Menuda como si hubiera nacido en el Sector Exterior, suave y curvada como una venusiana, fuerte y ágil como una marciana. Sus puntiagudos y diminutos pechos se marcaban en la camiseta blanca que vestía. El típico tanga de los viajes espaciales tampoco era mucha ropa para una fugitiva. Volvió a preguntarse qué estaría pasando y entonces se dio cuenta: ¡gravedad!
Estaba de pie en el suelo y se sentía grávida. Pero no estaba en un planeta, podía percibirlo, ni en una estación espacial. Pasaba algo raro, algo alarmante sin duda. Pensó en todos los enemigos que se había hecho en su corta carrera y recordó:
En un bar galáctico atestado de gente, cerveza, humo y camareras con gran escote, dos hombres entraron por las puertas móviles. El más alto tenía el cuerpo y la cara llenos de cicatrices y tatuajes de dragones y serpientes, le faltaba un ojo y llevaba en su lugar uno de aluminio. Sobre la cabeza vestía un pañuelo rojo, su blusa negra abierta revelaba un pecho lampiño colmado de antiguas heridas. En lugar de mano derecha, un complejo gancho robótico brillaba amenazante. El otro es más bajo y rechoncho, un auténtico pirata de barba verde y sombrero de bucanero, con calavera y tibias, que sonríe con dientes de oro.
—Tuve que salir por pies de allí —pensó—. Me seguían de cerca, pero alguien debió de llamar a la policía, porque al llegar al callejón me estaban esperando.
Lee salió a una calle estrecha y se topó con un grupo de veinte policías que la apuntaban con escopetas y lásers parapetados tras sus coches. Uno de ellos usaba un megáfono.
—Dijeron que el juicio se celebraría en la Tierra. Así que me congelaron y me empaquetaron para el Sector Interior. Parece que todavía estoy en el transporte, pero nadie ha venido a recibirme. Algo malo pasa.
Lee miró a su alrededor y vio el armero abierto.
—¡Me han dejado todas las armas! No puede ser.
—No te asustes Lee Zalduendo —dijo una voz robótica.
La jovencita miró al techo en busca de los altavoces de megafonía. Pero la voz usó un tono muy bajo, como el que cuenta un secreto.
—Soy el Modelo Experimental 001 de Ordenador Cuántico IBM Smart 3. 0. No temas, no huyas. Te he despertado porque necesito tu ayuda. Corres un grave peligro.