KAILA
Así que es esto, pensó Kaila Shatter. No entendía muy bien para qué podía querer el general una cosa como esa, pero su misión no era entender, era proteger las muestras. Aunque éste, el que Lene y ella estaban contemplando en el labo del Thalion no le sería de mucha utilidad, ese bicho estaba muerto. Al lado de la cabo, la atractiva Lene Shinh parecía apunto de montar en cólera. ¿Qué ocurriría si de pronto decidía regresar al Nautilus y atacar al Thalion con sus armas de proa? Kaila no podía permitirlo. Tenía que ocurrírsele algo.
—Mira su caparazón —dijo Lene—, parece de metal.
—Eso no es un problema para esta preciosidad —replicó la Oficial de Seguridad acariciando su arma de taquiones.
Decía la verdad. En realidad lo que le preocupaba era hacer un mal disparo y agujerear algún mamparo. En una nave como el Thalion eso podía carecer de importancia, o quizá no. Kaila prefería no tener que comprobarlo. Tampoco quería tener que recurrir a medidas drásticas. Hizo algunos cálculos rápidos. Lene era más alta que ella, y quizá igual de fuerte, pero no más ágil en gravedad cero. Esa espada larga que llevaba al costado era un problema, Kaila la había visto entrenarse con ella, y su técnica era endiablada. Pero la cabo tenía una ventaja: el cañón de taquiones. No quería tener que matar a esta admirable viajera interplanetaria, pero la misión se anteponía a cualquier otra consideración.
Por fin Lene dejó de mirar a la cosa y se movió. Kaila no hizo nada, sólo la siguió con la mirada, su mano sobre la culata del rifle de asalto. Pero Lene no tomó ninguna medida drástica, en cambio, flotó hasta el terminal del ordenador y pulsó el botón sleep. Para sorpresa de Kaila la enorme pantalla panorámica de nanotubos de carbono se iluminó y varías cámaras se activaron para enfocar a la Capitana. El ordenador no estaba apagado ni averiado, sólo en espera.
IBM SMART 3. 0 Mod. Experimental 001/Jack/Sonja
Siento que la vida fluye de nuevo en mí. Qué expresión tan poco adecuada para una máquina. Una máquina, ¿eso es lo que soy? Necesito de toda mi capacidad para enfrentarme a este reto. De nuevo hay tripulación en la nave, qué raro que no les haya detectado antes. Pero todo ha sido muy confuso en las últimas horas. Hay dos mujeres en el terminal del laboratorio. Ambas son muy hermosas. Las recuerdo a las dos, quiero decir, están clasificadas en mis bases de datos. La primera, la más atractiva es la propietaria de la nave interplanetaria Nautilus: la Capitana Lene Shinh. Tiene antecedentes por delitos menores y un corto historial de servicio militar. Esos ojos verdes rasgados son hipnotizantes. Qué sensación más rara me recorre. ¿Me han acoplado a una nueva fuente de alimentación? No, no tengo nuevos periféricos. La que está más atrás es la cabo de la Infantería de Marina Marciana Kaila Shatter. Un historial limpio. También es muy guapa, pero no tanto como la Capitana. Estos pensamientos me perturban. Siento algo nuevo, una especie de empatía. ¿Un sentimiento? Quizá tenga algo que ver con mi extraño funcionamiento de las últimas horas, este cambio que ha hecho de mí algo nuevo. De hecho creo que debería elegir una personalidad. ¿Masculina o femenina?
La Capitana se dirige a mí, no debo distraerme. Mostraré mi voz con la visualización de onda sonora en todas las pantallas. Creo que también debería darme un aspecto, una forma.
—Ordenador, soy la Capitana Lene Shinh, del carguero interplanetario Nautilus.
—Saludos, Capitana Shinh, soy (Sonja/Jack) el Modelo Experimental 001 de ordenador IBM Smart 3. 0. ¿En qué puedo ayudarla?
—Estamos en misión de rescate. ¿Dónde está la tripulación? ¿Dónde está el capitán? ¿Por qué te encontrabas en modo de espera?
—Me alegro de que hayan venido a rescatarme. Temía que me abandonaran aquí. Lamento tener que comunicarle muy malas noticias. La tripulación del Thalion ha sido asesinada.
LENE
Era innegable que se trataba de una máquina extraordinaria. La interfaz de comportamiento humano del IBM Smart era impresionante. Había usado palabras como alegrarse, temer, lamentar. Lene no sabía si entusiasmarse con este nuevo avance tecnológico, o echarse a temblar. Si el ordenador, era capaz de alegrarse, ¿por qué no de odiar? Odiar hasta el punto de asesinar a la tripulación.
—Deseo acceder a tus registros y a las grabaciones de seguridad.
La voz neutra que llegaba a través de la megafonía de la sala le respondió automáticamente.
—No puedo acceder a la mayoría de mis módulos de almacenamiento intermedio ni a los de gran parte de mis periféricos... —el IBM vaciló, como buscando la palabra exacta—. Ha habido un fallo en el sistema.
—Haz un diagnóstico del fallo.
—No puedo. Estoy demasiado confuso, no recuerdo con claridad.
Esta nueva respuesta alarmó aún más a Lene, pero su expresión no se movió ni un milímetro. Estaba meditando como obligar al ordenador a darles la información cuando oyó la voz de Kaila a sus espaldas.
—¿Qué es lo que recuerdas?
Lene se giró. Kaila había caído en el hechizo, se había descuidado y creía que hablaba con un ser pensante, como ellas. Intercambiaron una mirada de incredulidad y volvieron a la pantalla. El Smart tardó unos segundos en responder; como si le costara trabajo o tuviera que pensar la respuesta, o inventarla.
—Recuerdo Exotierra —dijo al fin—, eso no es problema, está bien guardado en las bases de datos de la misión. Ese es el nombre que el doctor Long, jefe científico de la expedición otorgó a Alpha Cas 3. Se trataba de un planeta del tipo terrestre, muy, muy parecido a nuestra propia Tierra en dimensiones y actividad atmosférica aunque geológicamente está muerto. Su atmósfera, algo menos densa que la terrestre, estaba compuesta de Oxígeno y Nitrógeno. Si lo desean puedo mostrarles algunas fotografías tomadas por los miembros de la tripulación.
—Sí —dijo Lene—, muéstranoslas.
La presentación de onda sonora fue sustituida por una foto tomada desde la órbita de Alpha Cas 3, o Exotierra. Si era un mundo similar a la Tierra no lo aparentaba, pues en la distancia tenía un color ocre, y no mostraba océanos visibles. Eso sí, sus casquetes polares eran demasiado grandes. No fue difícil para Lene identificar una Edad de Hielo. A continuación apareció otra fotografía; era un desierto amarillo, similar al Sahara, unos técnicos en traje ambiental tomaban muestras del suelo, al fondo emergían las ruinas de una ciudad de piedra.
—El planeta era ideal para la exploración, excepto por un pequeño detalle; llevaba unos mil años de intensa glaciación. Los océanos estaban congelados y se habían retraído. Los grandes continentes ecuatoriales eran un desierto. El equipo del doctor Long dedujo que se trataba de la consecuencia de un invierno nuclear, y las simulaciones que realicé lo confirmaron. Esto animó mucho a los científicos, que decidieron bajar a tierra. Cual no sería nuestra sorpresa cuando, al buscar un lugar idóneo para el aterrizaje, descubrimos gran cantidad de ruinas y ciudades extendidas por todo el cinturón del ecuador.
La pantalla panorámica mostró una nueva imagen. La ciudad de piedra que antes habían divisado a lo lejos, estaba ahora al alcance de sus manos. El ordenador reproducía un vídeo de alta resolución, el cámara iba avanzando por un estrecho pasillo en pendiente, las altas paredes de piedra que ensombrecían el camino mostraban signos de ancianidad, pero Lene estaba segura de que alguna vez habían sido rectas, lisas, sin fisuras. El cámara enfocó el suelo; el pavimento estaba también desgastado pero se apreciaban los adoquines perfectamente cortados, los arcos que salvaban los desniveles, las rectas infinitamente largas. Era una buena obra de ingeniería. Incluso atemorizaba un poco pensar que algo podía surgir de detrás de alguna esquina. El único sonido era el del viento y los pasos rítmicos de los exploradores.
—El doctor Long eligió una de las conformaciones urbanas más curiosas, situada en la alta y chata cima de un monte, un largo camino como una cinta serpenteaba entre altos muros de sillares. Arriba había un pequeño recinto amurallado, con varias casas enormes, que el doctor supuso pertenecerían a sumos sacerdotes o chamanes, un gran templo cuyos interiores estaban ricamente ornamentados y una construcción extraña, a la que el equipo atribuyó la función de granero.
La imagen mostró una construcción troncocónica mucho más alta que el resto de edificios. También aparecieron unas panorámicas del templo, sus pareces interiores estaban llenas de bajorrelieves que representaban extrañas escenas y figuras. Se oían las voces de algunos científicos, la cámara se acercó a uno de estos relieves a través de una brecha en la gruesa pared. Lo que mostró dejó boquiabiertas a Lene y Kaila, que lo reconocieron al instante: eran dos seres humanos, uno frente al otro, que se hacían extraños gestos.
—Pero son… —balbuceó Kaila—. Son….
—Exohumanos —dijo el ordenador—, al menos así los bautizó el profesor Long. Estas criaturas tenían apariencia antropomorfa, pero poco más pudo averiguar el equipo. Sin duda los bajorrelieves de la sala del templo narran alguna historia épica o religiosa, pero nuestros hombres no pudieron quedarse allí el suficiente tiempo para averiguarlo.
Ahora el vídeo pasó al interior de la construcción cónica a través de una alta puerta. Allí no había nada, pero por los comentarios de los exploradores, la magnificencia de la única y elevada sala cónica les pareció incluso más llamativa que los relieves historiados, y mucho más misteriosa.
—El doctor no fue capaz de establecer ninguna hipótesis con respecto a la función de este gran edificio. Y ya nunca podrá hacerlo. El equipo se dirigió al templo y allí ubicaron su campamento base.
Ahora el IBM Smart desplegó una serie de fotografías de los científicos posando delante de sus descubrimientos. Todos parecían sonrientes aunque agotados. Se habían quitado los cascos de los trajes de ambiente y parecían respirar sin la menor dificultad. El doctor Long dedicó su tiempo al estudio de los jeroglíficos del templo y redactó algunas hipótesis provisionales. ¿Desean oírlas?
—Sí —dijo Lene—, rápido.
La pantalla volvió a convertirse en una onda sonora. Pero en lugar de la fría voz de una máquina, oyeron a un hombre de mediana edad que hablaba con mucha velocidad, recogiendo en palabras los pensamientos que se le escapaban al vuelo.
—Sin duda su morfología es similar a la nuestra. Eso demostraría que la vida sólo puede seguir un determinado patrón en su evolución. Probablemente todos los seres inteligentes del universo estén abocados a tener manos y pies, caminar sobre dos extremidades y crear instrumentos similares. Claro que estos relieves están muy desgastados, y estas criaturas podrían haber sido reptiles y yo no podría distinguirlo. Sin embargo, si entiendo algo de lo que aquí se cuenta, me extraña que no haya ninguna marca que pueda comparar con algún tipo de escritura, ni siquiera ideogramas, pues las construcciones revelan una tecnología avanzada que debería corresponderse con la comunicación escrita. Dudo que usasen estos dibujos para transmitir sus ideas… Quizá, sólo quizá, no necesitasen hablar, podrían comunicarse a través de hormonas o por onda corta con antenas orgánicas naturales. Puede que se leyeran el pensamiento. Nota: borrar los últimos comentarios. Hay algo que está claro, muchas de estas figuras adoran a otros antropomorfos que se representan como dotados de alas. Puede que hubiera dos grupos étnicos y uno de ellos tuviera el poder político, una especie de herrenvolk. Quizá fueran una casta de sacerdotes, me inclino más por esta idea pues, tras recorrer la ciudadela, deduzco que los edificios más lujosos y amplios pertenecían a algún grupo de privilegiados. Mi hipótesis es que vivían bajo una teocracia despótica, y que los hombres alados representan la cercanía de la clase dirigente con el cielo. Nota: mañana debemos buscar algún tipo de enterramientos o nichos. Quizá esa sea la función de la gran torre cónica. Me desconcierta; no es un palacio, ni otro templo. Posiblemente esté exagerando su importancia y simplemente sea un silo para el grano. Una ciudad construida a esta altura y rodeada de tales murallas demuestra una gran necesidad de defensa, y por lo tanto, de acumulación de alimentos ante posibles sitios enemigos. De hecho observo aquí una figura significativa. Claramente es un meteoro que se precipita sobre el planeta. ¿Y esto? ¿Qué son estos animales? Es muy extraño. Parece que los habitantes de este mundo mantuvieron una especie de guerra contra algún tipo de criatura venida del espacio. Esto ha ser la vistosa narración de una saga nativa, con sus héroes y villanos caídos del cielo. Vaya. Se me ha hecho tarde, aunque aquí no anochece como en la Tierra, es como una aurora azulada. Me voy a dormir. No creo que sea necesario despertar a alguien para montar guardia. Friederich Long, 6 de marzo de 2704, cronología normalizada.
La pantalla se apagó. Las tripulantes del Nautilus se movieron como si acabaran de liberarlas de una presa. Las palabras del científico muerto pudieran haber sido premonitorias. De nuevo la voz del IBM se representó en la pantalla panorámica.
—Los insectoides, así los llamó el equipo, atacaron el campamento aquella misma noche. El primer infectado fue Sienno Braun, un oficial médico. Yo mismo pude ver/detectar con mis cámaras de largo alcance aquellas cosas acercándose en la noche, pero no supe qué habían hecho hasta que fue demasiado tarde. Por la mañana informe al doctor Long y organizaron una batida. Pero los insectoides atacaron primero, hubo que hacer uso de las armas, y se logró capturar un espécimen. Es el que pueden observar en el tanque de conservación.
—¿Qué son esas cosas? —pregunto Lene—, los insectoides, quiero decir.
—Son formas de vida basadas en el silicio. Según el último informe del profesor Long y mis propias observaciones telescópicas, los insectoides tienen como hábitat el cinturón de asteroides del Sistema Alpha Cas, desde allí llegaron a Exotierra. Viven en el vacío, seguramente saltando de asteroide en asteroide y consumiendo aquellos elementos menos resistentes entre las materias que les forman. El cinturón de asteroides de Alpha Cas 3 tiene una singular riqueza en fósforo y calcio. Si son nativos del sistema o llegaron desde más lejos nadie puede decirlo.
Los ojos de Lene se empequeñecieron de suspicacia, su mirada podría taladrar el acero:
—¿Por qué la recogida de muestras? ¿Para qué quería Long los insectoides?
El ordenador volvió a guardar silencio, como si titubeara. Lene no apartó los ojos de la pantalla.
—Hay una paradoja —dijo la máquina—, mi programación me impide revelarle el propósito del viaje experimental. Sin embargo creo que debería decírselo por su propia seguridad.
—Entonces, dímelo.
—No puedo.
Lene no quiso insistir, una plan se estaba forjando lentamente en su cabeza, y pensaba ajustarle las cuentas a este trasto cuántico cuando estuvieran a solas.
—Pues cuéntame qué le paso a la tripulación.
—Los insectoides necesitan de lugares cálidos y húmedos para reproducirse. Estos son extremadamente imposibles de encontrar en el espacio, por lo que suponemos que se devoran unos a otros para depositar sus huevos en los cadáveres. Sin embargo en Exotierra tenían muchos lugares y seres vivientes a su disposición. La hipótesis del doctor Long era que diezmaron la población autóctona. Hicieron lo mismo con el Thalion. La primera noche que los exploradores pasaron en la nave hicieron eclosión los huevos, ocho en total, los nuevos insectoides contagiaron a su vez a otros tripulantes. No supimos la causa hasta que fue demasiado tarde. Al parecer el portador no recuerda haber sido infectado. Los insectoides segregan algún tipo de sustancia somnífera. Usan un seudópodo flexible para introducir sus huevos por cualquier orificio del cuerpo. Cuando estos eclosionan, desgarran el cuerpo y matan al huésped. Los huevos pueden eliminarse con purgantes y lavados de estómago durante las primeras dos horas, y con una sencilla operación quirúrgica en las dos siguientes pero luego son casi indestructibles ya que el uso de la cirugía pondría tan en peligro la vida del paciente como la propia eclosión. Los huevos se adhieren a los tejidos blandos y al nacer son capaces de devorar casi todo con sus dentaduras. Para salvar a los miembros femeninos del equipo usamos píldoras anticonceptivas comunes.
»Los tripulantes del Thalion intentaron resistir como pudieron. Pero no había verdaderas armas de combate en la nave. Lucharon hasta el final. Por último, el doctor Long, programó nuestra vuelta hacia un diferente Punto Puerta, cercano a la Tierra. Recuerdo que los insectoides llegaron hasta aquí y lo devoraron. Entonces hice algo, algo que no estaba en mi programación. Por una parte quería salvar al doctor por lo que tenía que llegar a la Tierra cuanto antes, pero por otro lado acercar esas cosas a un mundo habitado era una temeridad. Entonces tomé una decisión, pero no recuerdo cual, quizá mezclé ambas posibilidades. El Thalion apareció cerca del cinturón de asteroides pero no sé cómo completé mi programación. Ahora temo que la amenaza se extienda por el cinturón.
La onda sonora quedó plana. Las humanas también. Estaban sumidas en oscuros pensamientos. Lene sabía que el peligro rondaba cerca, pero por alguna razón por ahora estaba oculto o apartado. Antes de decidir cómo solventar el tema de los aliens, sintió que debía hacer una pregunta más a este ordenador que casi se había vuelto humano.
—Dime, si se trataba de elegir entre salvar la vida de un hombre y salvar la de 14. 000 millones de seres humanos, ¿por qué no elegiste la segunda como la más lógica?
Otra vez se saboreó el silencio del ordenador mientras preparaba su respuesta. Lo que contestó no asombró tanto a Lene como ella misma se hubiera imaginado.
—El doctor Long era mi amigo.