Bienvenida

El Serial

LENE

Lene observó el fibroso cuerpo de su oficial de seguridad mientras se enfundaba en su traje ambiental. Era un cuerpo duro y delgado, muy fuerte. Desde que la vio, Lene se había sentido ligeramente atraída por Kaila, y, como siempre le ocurría, había decidido enrolarla en su tripulación. Lonneke era su amante, sí, y sentía por ella una pasión distinta a todas las anteriores, pero aun así se sentía tentada a saborear nuevas delicias en los planetas y lunas que visitaban. Sabía que esto enfurecía a la venusiana, pero Lene consideraba sus celos como algo propio de una persona inmadura, sin verdadera experiencia en la vida.

El traje del Oficial de Seguridad era de color verde claro, en un tono pastel, propio del cuerpo al que pertenecía. El de Lene era rojo vino. Lene, conocedora de la Historia de los viajes espaciales, recordaba viejas fotos de astronautas en la Luna, la primera vez que pusieron pie allí. Aquello era como ir dentro de una caja. Estos trajes eran flexibles, prácticamente irrompibles y muy cómodos. Los polímeros sintéticos obtenidos a partir de la tela de araña garantizaban una elasticidad y resistencia a prueba de todo menos un ataque directo con armas. Además estos trajes repelían los residuos y el polvo que pudiera hallarse en los nuevos lugares de exploración, y que tantos problemas dio a aquellos pioneros lunares.

El aprovisionamiento de aire colgaba de una ligera mochila en la espalda. La pequeña consola del ordenador se hallaba en el antebrazo derecho. Los cinturones llevaban transmisores, pequeños lásers, anclajes magnéticos, garfios, etc. Además, Kaila se había ajustado su propio cinturón de armas. Portaba un cañón de partículas de asalto, con un diseño extremadamente peculiar y una batería más pequeña y ligera. Lene había sentido una preocupación inmediata desde el momento que vio aparecer a su Seguridad con aquel arma de aspecto temible.

—¿Qué llevas ahí? —preguntó.

La joven cabo se detuvo un momento y miró con una sonrisa ladeada a su Capitana.

—Esto es algo que tú nunca has visto, cielo. Tecnología del futuro, lo último en combate sin gravedad. Es un arma de taquiones.

¡Taquiones! Lene había oído hablar de experimentos con ese singular tipo de partículas subatómicas. Al parecer los taquiones se movían a mayor velocidad que la luz. Pero como ésta es una constante, los taquiones están forzados a decelerar cuando se les añade energía, por ejemplo al ser disparados, y al hacerlo aumentan su masa. Si chocan contra la materia son como auténticos proyectiles a la mayor velocidad posible en el universo y acumulando una cantidad de energía que tiende a infinito, pueden abrirle un buen boquete a cualquier cosa que se les ponga delante. Pero Lene sabía que hasta ahora sólo se habían hecho experimentos en laboratorio. ¿Qué hacía Kaila con esa cosa?

—¿Taquiones? Creí que todavía estaban lejos de alcanzar algo así. ¿De dónde lo has sacado, cielo?

Kaila notó la ironía en el tono de voz de su Capitana. Pero conociendo la debilidad de Lene no se ofendió, sino que trocó su sonrisa de socarrona a insinuante.

—Tengo mis contactos, Capitana.

Lene percibió el mensaje, pero optó por obviarlo, de momento. Y a pesar de que no siguió preguntando por el exótico artilugio, no se disiparon las dudas que albergaba.

Algunos sonidos metálicos y chasquidos llegaron a ella a través del fuselaje y la atmósfera del Nautilus. Sin duda Lonneke acababa de completar la maniobra de anclaje. Los chasquidos correspondían a las barras extensibles, que habrían logrado anclarse en la periferia de la escotilla de entrada del Thalion. Ahora la joven navegante extendería el tubo de articulado de resina pseudoplástica y ellas podrían salir a la antecámara de la escotilla del Nautilus.

Así fue. Las dos cosmonautas atravesaron el corto espacio entre los dos ingenios espaciales en unos segundos, y Lene procedió a abrir sin dificultad la escotilla del Thalion usando el método de emergencia manual, es decir, haciendo girar una llave insertada en el fuselaje. No se sorprendieron al ver que había luz en la astronave.

—Hay soporte —dijo—, el ordenador del Nautilus tardará unos segundos en darnos un informe de toxicidad.

—¿Podemos quitarnos las escafandras?

—Sí.

No sin cierta precaución Lene y Kaila desencajaron los cascos de sus trajes ambientales. Kaila fue la primera en aspirar profundamente el aire del Thalion. Ambas mujeres se miraron con prudencia, pero su gesto se tornó lentamente en una sonrisa. Lene notó la intensidad que Kaila depositó durante esos segundos en sus ojos verdes. A continuación la Oficial de la Marina mercante extrajo su increíble arma de partículas. Lene también venía armada, si bien no de forma tan espectacular, sí al menos más hermosa; colgaba de su cinto uno de sus bienes más preciados: una antiquísima espada ropera española, con guarnición de lazo entero bañado en oro, más de un metro de longitud y más de un kilogramo de peso. Muchas veces habían llamado la atención de Lene expertos en espadas que consideraban esta antigualla como un arma débil contra los novedosos sables de asalto y las nuevas gladius de los marines marcianos. Pero la técnica de esgrima antigua de Lene hacía de su anciana arma un elemento sorpresa impredecible ante los modernos tajos en escasa gravedad. Más de un matón del Sector Exterior había mirado con incredulidad como la ropera española se hundía en su cuerpo en el mismo movimiento con el que se protegía de su ataque. La hoja de acero había sido tratada con las más novedosas técnicas para resistir las embestidas de las espadas de superacero al carbono con recubrimientos de carburo de titanio o fibras de diamante sintético. Su filo era ahora un monofilamento de diamante sintético, capaz de causar mella en armas más resistentes.

—Vamos —dijo Lene—, un pequeño diagrama llegó junto con el mensaje de Rubirak. Te diré por donde debemos ir. Pero antes, ¡atención navegante!

La voz de Lonneke llegó a través del comunicador.

—¿Sí, Capitana?

—Estamos dentro, no hay contaminación atmosférica. Vamos a buscar a la tripulación. Permanezca a la escucha.

—A la orden.

Lene y Kaila salieron de la antesala presurizada de la esclusa y se hallaron en un amplio recibidor, tan blanco que parecía emitir su propia luz. Sus formas eran ovaladas y suaves, pensadas para la comodidad y la seguridad. Del recibidor partían cuatro pasillos; uno en cada dirección de la rosa de los vientos.

—Todo el Thalion está construido en forma radial alrededor del núcleo —comenzó a decir Lene—, que contiene el motor MIM. Toda la estructura está reforzada con radios de aleación superresistente, aunque en realidad no hace falta; los campos gravitatorios generados por el MIM aseguran también la integridad de la nave. Esto permite la existencia de gran cantidad de habitáculos y espacio interior. En el polo Sur del Thalion se encuentra el hangar de la lanzadera, y en el Norte un gran almacén y la planta de fusión. El resto de habitaciones están distribuidas a lo largo de la línea del Ecuador. Ahí es donde estamos nosotras, las escotillas dan a estos recibidores encrucijada, donde los pasillos se cruzan. Hay un pasillo general que comunica todos los camarotes del Ecuador, y dos pasillos verticales, como meridianos, que comunican con los polos, estos se encuentran a 0, 90, 180 y 270º de longitud de un meridiano que se ha elegido como principal. Si hemos acertado con la escotilla de entrada ese pasillo de ahí es el ecuador del Thalion, debemos seguirlo.

Lene señaló uno de los diferentes pasillos, a Kaila no le fue difícil orientarse.

—Bien, lo mejor es que yo vaya delante, Capitana, por si ocurre algo en este cascarón.

Lene sonrió.

—Algo ocurre. Eso te lo puedo asegurar. Ah, y puedes llamarme Lene, siempre que nadie más te oiga.

Por supuesto Lene se refería a Lonneke. Kaila le devolvió la sonrisa a su oficial superior y echó a andar por el inmaculado pasillo usando sus botas magnéticas.

—¿Cómo estás tan segura, Lene?

—¿No te has dado cuenta? Todo está iluminado, hay soporte, pero falta algo.

—¿El qué?

—Gravedad. Si el Thalion estuviese funcionando con normalidad, la tripulación disfrutaría de las ventajas de la inercia como gravedad artificial. El MIM puede hacer que el Thalion rote sobre sí mismo, de tal forma que la inercia permitiría a sus tripulantes caminar sin necesidad de botas magnéticas ni velcro. Pero aquí no hay gravedad, y el Nautilus no tuvo que maniobrar para compensar el movimiento rotatorio. Estamos quietas.

—Muy lista, Lene.

Las dos jóvenes habían recorrido ya un trecho cuando la medio-asiática Lene se detuvo.

—¿Ves ese recibidor? Aquel es el pasillo 90, si no me equivoco. Y esa debe de ser la puerta del laboratorio. Entraremos primero allí. Las muestras de las que hablaba Rubirak deben estar en él, y quiero saber de qué se trata antes de que hagamos cualquier otra cosa.

—¿No buscamos a la tripulación?

La voz de Lene no tenía fisuras, hizo el comentario con la frialdad de una máquina:

—Si aquí quedase alguien vivo ya habría venido a saludarnos.

La Capitana pulsó el botón plano de la consola que abría la puerta del laboratorio. Éste era una enorme sala tan blanca y aséptica como el resto de la nave. Contenía un banco de trabajo amplio y bien equipado con probetas y pipetas, aparatos de análisis y consolas de ordenador. En el lado opuesto había un terminal de ordenador con una gran pantalla panorámica. En el extremo más alejado se encontraban lo que parecen tres pequeños tanques o acuarios cilíndricos rellenos de un líquido acuoso. Uno de ellos contenía algo más. Las dimensiones del sitio, curvo como el recibidor, sobrecogieron a las visitantes. Lene comprendió en ese instante que se encontraban ante un nuevo concepto del viaje espacial: grandes espacios, gravedad artificial, comodidad. También se dio cuenta de que habían estado caminando por el techo. Kaila se sorprendió mucho por esto:

—¡Estamos al revés!

—Sí —dijo Lene—, los habitantes del Thalion trabajan cabeza abajo con respecto al núcleo, al revés que si vivieran sobre la superficie de un planeta, ya que la gravedad artificial les empuja hacia fuera, no hacia el centro. En cuanto conectemos los sistemas volveremos a la normalidad. Pero antes quiero encontrar esas muestras. Mira aquello parece un frigorífico, seguramente estarán dentro.

Al fondo del laboratorio se veía una puerta, ligeramente rectangular y provista de una apertura manual, que cualquiera podría haber identificado como la entrada a una cámara de frío. Lene dio un ligero salto con la intención de flotar hasta ella, pero Kaila la sujetó por el brazo.

—¡Espera! —exclamó—. Mira esos contenedores. Uno tiene algo dentro.

Ambas mujeres flotaron levemente hasta los cilindros. Uno de ellos, el situado más a la derecha contenía lo que sólo podría calificarse como un espécimen. Tenía aspecto de insecto, pero su boca estaba llena de pequeños dientes planos que imitaban cuchillas y brillaban como el metal. También parecía metálico su abdomen, aunque negro y dividido en secciones como si pudiera estirarse o encogerse. Tenía tres pares de patas a cada lado, terminadas en uñas de metal. No había separación entre la cabeza y el tronco, y debajo de aquella poseían dos apéndices como quelíceros, erizados de gruesos y rígidos cabellos marrones con aspecto de espinas. Tras el abdomen mostraban una larga cola a modo de tentáculo, también negro y seccionado; en él se apreciaba la única zona en apariencia blanda del bicho; una especie de esfínter de color marrón.

El horror y la comprensión llegaron a la vez a la garganta de Lene, que se contrajo para intentar tragar saliva, aunque estaba reseca y casi paralizada. La joven Capitana se dio cuenta de pronto del riesgo en que Rubirak había puesto a su tripulación y a su nave. Desde entonces lo odió, pero fue Kaila quien primero expresó aquellas desagradables sensaciones.

—Menudo cabrón estás hecho… —le dijo al bicho en voz baja.

Lene hizo todo lo posible por recobrar la calma.

—Supongo que estas son las muestras. Rubirak, mal nacido. Esto no es de la Tierra, es un alienígena. Las muestras son criaturas extraterrestres. Si se escaparon de sus contenedores….


Creado: 14 de agosto de 2006
Última actualización: 09 de septiembre de 2007 a las 09:08  Bienvenida  Mapa del Sitio