por Alfonso de Terán Riva

A riesgo de repetirme y parecer pesado, voy a comentar alguna cosilla más sobre las series de Galáctica (tanto la original como la nueva) relacionada con el movimiento de una nave en el espacio. Que conste que, pese a todo, la serie original me encanta (gracias Oscar, por los DVDs, que me han permitido revivir la serie) Supongo que es el encanto de la nostalgia.

Empecemos. En el penúltimo episodio de la serie original, Tomar la Celestra, una de las naves de la flota, la Celestra (de ahí el título del episodio) tiene un problema (sabotaje, más bien) con los motores de la nave. El comandante informa a la Galáctica de ello y Adama le ofrece detener la flota para esperarles mientras reparan el motor, a lo que el comandante de la Celestra se niega, alegando que una flota parada corre el riesgo de dispersarse.

Bueno, en un único diálogo aparecen dos errores importantes. El primero es muy recurrente en la serie, y ya lo comenté hace tiempo: el pensar que es necesario algún tipo de propulsión para mantener la velocidad en el espacio. Recordemos una vez más la Primera Ley de Newton, algo que se enseña en el colegio: En ausencia de fuerzas externas, un cuerpo en reposo se mantiene en reposo, y un cuerpo en movimiento se mantiene en movimiento rectilíneo y uniforme (velocidad constante) indefinidamente. En el vacío del espacio no hay rozamiento, y si estamos suficientemente lejos de cualquier cuerpo astronómico, podemos decir que su gravedad no nos afecta. Por tanto, una vez alcanzada la velocidad y rumbo deseados, podemos apagar tranquilamente los motores, que nuestro vehículo seguirá moviéndose en esa dirección, hasta encontrar un obstáculo.

Siempre queda la posibilidad de que, en realidad, las naves no se desplacen a velocidad constante, sino con aceleración constante (como sucede, por ejemplo, en LA PAJA EN EL OJO DE DIOS, de Larry Niven) En ese caso, una nave que apagara sus propulsores, sería dejada atrás por la flota (y daría sentido a todas las tomas en las que vemos las partes traseras de las naves, con un gran brillo) Sin embargo, en los diálogos se habla de detener la flota, y se especifica que la Celestra se queda parada.

El segundo error está relacionado con el primero: una flota no tiene por qué dispersarse en el espacio. Si las trayectorias de los vehículos son paralelas, e igualan sus velocidades, todos ellos mantendrán su posición relativa de forma indefinida, una vez apagen sus propulsores. Pensad por ejemplo en el acoplamiento entre un transbordador espacial y la ISS (o la desaparecida Mir) Parece que ambos aparatos están casi quietos, moviéndose muy lentamente uno con respecto al otro, pero en realidad ambos se mueven a decenas de miles de km/h, en trayectorias casi paralelas. Pues bien, con una flota en el espacio sucedería lo mismo.

De hecho, más que dispersarse, la flota tendería a compactarse por la propia gravedad de cada nave, que las atraería entre sí. Dependiendo de las masas de las mismas, habría que realizar pequeñas correcciones de forma más o menos periódica, para evitar que se acercen demasiado. Es de suponer que el error viene por utilizar en exceso una analogía con el mundo de la navegación. En el mar, en barco está sometido a las fuerzas de las corrientes marinas y del viento, que pueden desplazar poco a poco un barco sin propulsión y sin anclar. Pero en el espacio, ninguna de esas fuerzas existe.

Al inicio del artículo, he mencionado la nueva serie de Galáctica, y es que el mismo error sucede en más de una ocasión, aunque con formaciones de cazas en vez de con la flota. Así, en la miniserie piloto, un escuadrón de Vipers (de los modernos) que viaja en formación, es infectado por el virus informático Cylon, y las naves se quedan sin energía. Inmediatamente, los cazas comienzan a vagar y a girar a la deriva, rompiendo la formación. En el episodio El vuelo del Fénix (segunda temporada) Boomer utiliza el mismo virus para infectar un escuadrón Cylon que se dispone a atacar la flota, con idénticos resultados: se rompe la formación, las naves rotan lentamente, y parecen detenerse.

En realidad, mantener una formación en el espacio debería ser algo muy simple. Una vez ajustadas las velocidades y trayectorias, no hay que hacer nada. La Primera Ley de Newton se encarga del resto.

© Alfonso de Terán Riva, 11 de diciembre de 2006
Publicado originalmente en MalaCiencia el 11 de diciembre de 2006
CC 2.0

Además, esta semana en MalaCiencia...

Galáctica: y terminamos, 12 de diciembre de 2006
Stargate SG-1: un poco de buena ciencia, 15 de diciembre de 2006

Creado: 11 de diciembre de 2006
Última actualización: 04 de abril de 2009 a las 11:36  Bienvenida  Mapa del Sitio  Enlace permanente