por Alfonso de Terán Riva

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Hoy vamos a cambiar de tercio, y a dejar descansar a Galáctica, para hablar de un episodio de otra serie de televisión: Alias. En uno de los episodios, Sydney debía buscar a un hombre que se había cambiado la cara mediante múltiples cirugías. Para ello, utiliza una minicámara de vídeo y rayos X oculta en un colgante que lleva, y se pasea por el interior de una discoteca haciendo radiografías a todo el que parece sospechoso, que son recibidas en tiempo real por su compañero para que compruebe si el sujeto en cuestión ha sufrido alguna intervención quirúrgica.

Bueno, vamos a obviar la viabilidad de fabricar un aparato así o lo dañino que supone ir disparando rayos X a diestro y siniestro en mitad de un local atestado de gente, y centrémonos en la filosofía del invento. Es un único aparato que lanza un haz de rayos X, y obtiene una radiografía. Pues bien, algo así nunca puede llegar a funcionar. ¿Por qué? Vamos a recordar primero cómo vemos las cosas: La luz visible incide sobre un objeto. A menos que éste se encuentre muy pulido, y se comporte como un espejo, la luz será reflejada en varias direcciones. Esta luz reflejada llega a nuestros ojos, o a una cámara, y la imagen se procesa. Si está muy pulido, la luz sólo se reflejará en un determinado ángulo (concretamente, el mismo con el que incide la luz, pero en sentido contrario, según la perpendicular a la superficie), comportándose como un espejo. Para hacer fotos en un lugar con poca o ninguna luz, utilizamos un flash, que normalmente está montado sobre la cámara (a menos que seamos profesionales en un estudio fotográfico) La luz sale del flash, incide sobre los objetos que queremos fotografiar, y parte es reflejada casi en la misma dirección de la que venía, de forma que penetra en el objetivo de nuestra cámara.

¿Cómo funciona una radiografía? Puede parecer que el principio debería ser el mismo, ya que después de todo ambas son ondas electromagnéticas. Y así es en parte: Los rayos X iluminan un objeto, y un receptor (una placa fotográfica especialmente tratada, o algún otro aparato), recibe esta radiación. Pero (y es un gran pero) hay una diferencia muy importante. Los rayos X apenas son reflejados (al menos, por la materia orgánica). Las zonas blandas de nuestro cuerpo, como piel y músculos son atravesadas por los rayos X. Las zonas duras, como el hueso, absorben esta radiación. Pero ninguna de ellas refleja los rayos X. Para obtener una radiografía, el paciente debe estar entre la fuente de rayos X y el elemento receptor. Es decir, se necesitan dos aparatos separados físicamente, con el elemento a fotografiar justo en medio. Por hacer una analogía con la luz visible, sería como hacer fotos a contraluz.

La tecnología evoluciona, y actualmente hay muchas formas de utilizar los rayos X además de la clásica radiografía. Pero las leyes físicas no cambian. Si el objeto a fotografiar no refleja la radiación X, no hay más narices que situar el emisor de rayos X en un sitio, y la cámara en el lado opuesto. Y lógicamente, con un único aparato, es sencillamente imposible.

© Alfonso de Terán Riva, 19 de junio de 2006
Publicado originalmente en MalaCiencia el 19 de junio de 2006
CC 2.0

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Creado: 22 de junio de 2006
Última actualización: 28 de marzo de 2009 a las 11:47  Bienvenida  Mapa del Sitio  Enlace permanente