Quemando... cine
por J. P. Bango

Ray Bradbury, FAHRENHEIT. 451

La posesión y tenencia de libros está prohibida. Una brigada de bomberos se encarga de hacer buscarlos, encontrarlos y calcinarnos con un propósito, eminentemente, socializador. Ese es el trabajo de Montag hasta que un día, un encuentro casual con su vivaz vecina, Clarisse, le hace cuestionarse su realidad, la de su esposa, la de la comunidad aséptica en donde habitan.

Siempre he preferido el reflejo de la vida a la vida misma. Si he elegido los libros y el cine desde la edad de once o doce años, está claro que es porque prefiero ver la vida a través de los libros y del Cine.

François Truffaut.

La de FAHRENHEIT 451 es una sociedad perfectamente reconocible: la televisión (interactiva, por cierto) forma parte de las familias hasta el punto en que interacciona con ella, haciendo partícipe de su propuesta comunicativa a los propios televidentes: juntos forman un enjambre sometido a los dictámenes de los poderosos.

La seguridad del colectivo deviene en un control sutil, no tanto en cuanto a su libertad de movimiento sino al control de las emociones; y qué mejor modo de evitarlo que prohibiendo la identificación literaria: el conocimiento de vivencias y existencias ajenas definidas por el amor, la aventura, la superación, la intriga política.

Toda obra de ficción se identifica por un deseo y por los pasos que se siguen para satisfacerlo: proscribiendo la literatura se niega la posibilidad de obtener (e incluso conocer) un deseo ajeno a las normas preestablecidas.

Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado, o cuánto maíz produjo lowa el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos «hechos» que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía.

Ray Bradbury, FAHRENHEIT. 451

La película de Truffaut sobrevive al paso del tiempo por la contundencia y efectividad de algunas de sus mejores secuencias:

a) Una maestra de escuela humillada y reprendida socialmente por sus alumnos.
b) Una mujer (robotizada, como llega a insinuar su esposo) que delata a su marido por no acepta su heterodoxia.
c) Una anciana que prefiere inmolarse junto a sus libros que ver quemado su contenido.
d) La comunidad de hombres-libro que, finalmente, da sentido y explica el significado de la historia.

No es difícil pensar que el propio Truffaut elevara el mensaje de FAHRENHEIT 451 a la defensa del medio de expresión cinematográfico y que como aquel personaje de su película acabara incinerándose junto a tan fascinantes obras artísticas.

Puedo añadir que el cine ha sido en mi adolescencia una clase de refugio; por ello le tengo un amor casi religioso. No puedo tener por un hombre político el mismo interés que por los cineastas que admiro, y creo firmemente que, en la historia de Inglaterra del siglo XX, Charles Chaplin es más importante que Winston Churchil.
© J. P. Bango
18 de junio de 2006
Publicado originalmente en El crónicón cinéfilo el 18 de junio de 2006

Creado: 1 de julio de 2006
Última actualización: 23 de julio de 2006 a las 09:31  Bienvenida  Mapa del Sitio