Mitología, ciencia, política y ficción bien proporcionadas

Dejando a un lado al elemento esencial de la historia, el Stargate, la siguiente particularidad en la que se basa el éxito de la franquicia es en la mezcla y buena proporción de los tres elementos mencionados en el título de este apartado: mitología, ciencia y ficción.

Ya desde el principio, desde la película original STARGATE, el cocktail de estos elementos supuso una bocanada de aire fresco a la ciencia-ficción audiovisual del momento. Entonces, la historia estaba basada en la amplia y bien documentada mitología egipcia: sus dioses, su historia, su cultura y hasta su lenguaje. Las referencias mitológicas al antiguo Egipto no cesarían de aparecer a lo largo del desarrollo de Stargate SG-1 y, aunque con el paso de los episodios se entremezclaron referencias a otras culturas y mitologías, se considera que la mitología egipcia se mantuvo como base esencial del argumento, puesto que el primer arco argumental, que como veremos más adelante comprende la película original, las ocho primeras temporadas de SG1, lo que se produjo de SGI y STARGATE: EL CONTINUO, tiene como principales actores —además de a los protagonistas humanos— a los Goa´uld y los Tok´ra, cuya historia tiene como base la citada mitología egipcia. La otra mitología importante en SG1 es la mitología escandinava, que cimienta las subtramas relacionadas con los Asgard. También existe mucha ambientación y empleo de mitologías del medievo europeo, especialmente en lo relacionado con el Ciclo Artúrico —Avalon, el Santo Grial, Excalibur, etc.—, relacionado todo ello con el segundo arco argumental en SG1. El uso de otras mitologías, como la de las culturas indígenas centroamericanas, las culturas asiáticas o las africanas, es muy minoritario. Si bien en SGA y muy probablemente SGU, el empleo de la mitología queda relegado a las relaciones colaterales que los Antiguos tienen con los diferentes aspectos mitológicos y culturas terrestres, pero se hace más hincapié en las propias historias y mitos creados en torno a la citada civilización.

El componente científico viene de la mano de las explicaciones y teorías, así como sus correspondientes aplicaciones prácticas, que se van sucediendo debido a la adquisición de nueva tecnología, a la mejora de la ya existente y al encuentro de diferentes fenómenos a lo largo y ancho del espacio conocido. Este aspecto tecnológico y científico le dan mucha plausibilidad a los argumentos y creo que los ejemplos de buena ciencia superan a los de mala ciencia con mucha frecuencia. Además, como se puede ver en algunos ejemplos en el blog de Alfonso de Terán Riva, algunos de los ejemplos de mala ciencia son más por simplificación de la explicación que por no tener una base científica sólida.

La política juega un papel esencial en Stargate. El gobierno estadounidense, así como el ruso y, en menor medida, el británico, el chino y algún otro, tiene un peso específico importante en la trama, aunque no son los únicos. Las agencias gubernamentales estadounidenses, los servicios secretos y grupos terroristas —inventados— son una parte básica del conjunto ya que se parte de la base de que el Proyecto Stargate está controlado por el ejército estadounidense de manera secreta y que tan sólo las altas esferas del país son conscientes de lo que ocurre allá arriba. Con el paso del tiempo, los juegos de poder, las luchas internas e intereses ocultos aportan todavía más variables a la ya de por sí rica ecuación que supone la historia de Stargate. Se trabaja el debate ético y la moralidad de lo que se está haciendo en secreto. Con el paso del tiempo se expone el Proyecto a otros gobiernos, pero el paso definitivo, el de darlo a conocer al público, sigue sin solucionarse: ¿debe mostrarse a la humanidad qué sucede en realidad y a lo que se expone la gente de la Tierra, tanto lo bueno como lo malo? Se teme el caos y el pánico colectivos, se temen las revueltas y se temen las reacciones de otros gobiernos. Hay tiras y aflojas entre las principales potencias, especialmente con los rusos, porque el desarrollo tecnológico derivado de los viajes a través del Stargate, que no puede ser monopolio de los norteamericanos, claro.

En último lugar, pero no por ello menos importante, nos encontramos con la ficción, que se entremezcla con los componentes anteriores para dar forma a un universo rico en historia y trasfondo, con muchos matices y argumentos y con infinitas posibilidades de ser explorado. La ficción enlaza los elementos mitológicos, los condimenta con una buena cantidad de ciencia y los amplía imaginativamente para introducirnos en un nuevo y fantástico universo. Se asientan las bases para, a medida que se nos hace comprender poco a poco que la historia de la humanidad es una consecuencia de la obra de una civilización antiquísima y que las diferentes mitologías terrestres son resquicios de esa obra, situarnos con mayor o menor exactitud en la galaxia (o galaxias, posteriormente) y qué papel jugaremos nosotros, como seres humanos, en el gran esquema de la historia. Pero eso es lo bonito en Stargate, que la humanidad tal y como la conocemos pueda estar influida por otras civilizaciones y que, a partir de un determinado momento, despierta y se le abren las puertas de un universo que no habían imaginado que pudiera existir. Lo que empezó como una especulación creada a partir de la mitología egipcia va tomando cada vez más cuerpo, con el paso de los capítulos, hasta que las verdades, buenas y malas, se nos presentan en todo su esplendor: el origen de la humanidad, la verdad sobre los antiguos dioses, qué se esconde detrás de algunos de los misterios más famosos de las diferentes culturas.

Como siempre, los norteamericanos se liberan con facilidad de las ataduras religiosas. La mayoría de misterios tienen una explicación científica o histórica, abundan los falsos dioses, seres poderosos que se postulan ante la plebe como lo que no son y que, con el paso de los milenios incluso se lo acaban creyendo ellos mismos, teorías evolutivas hasta sus últimas consecuencias e, incluso, críticas a la investigación científica y a la arrogancia de las civilizaciones (o países...) poderosas que, a pesar de sus avances y conocimientos, no pueden dejar de pecar en cuestiones básicas como la libertad, el libre albedrío, la ética científica, etc., de la misma forma que lo hace la humanidad del presente.


Notas

De hecho, en un episodio de SG1, THE ROAD NOT TAKEN —ver entrada del capítulo para traducción—, se especula esta posibilidad (gracias a una realidad alternativa a la original de la serie en la que el Proyecto Stargate se hizo público) y sus consecuencias.

David López Vila, 6 de junio de 2009

Creado: 22 de junio de 2009
Última actualización: 26 de julio de 2009 a las 09:13  Bienvenida  Mapa del Sitio  Enlace permanente