Los invasores
LOS INVASORES EE.UU., 1967
Título original: The Invaders
Dirección: Paul Wendkos (varios más)
Guión: Larry Cohen (varios más)
Producción: Alan A. Armer
Música: Dominic Frontiere, Duane Tatro
Fotografía: Andrew J. McIntyre
IMDb:
Reparto: Roy Thinnes (David Vincent); Hank Simms (Narrador); William Woodson (Narrado); Kent Smith (Edgar Scoville); Robert Dulaine (Alienígena); William Windom (Michael Tressider); Lin McCarthy (Archie Harmon); Alfred Ryder (Líder alienígena)

Oiga: ¿le pasa algo en el dedo? lo tiene rígido

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    Los invasores: seres extraños de un planeta que se muere.
    Destino: la Tierra.
    Propósito: apoderarse de ella.

David Vincent los ha visto. Para él todo empezó una noche en un camino solitario cuando buscaba un atajo que nunca encontró (...) Ahora, David Vincent, sabe que los invasores han llegado, que se han adaptado al aspecto humano. En alguna forma, debe convencer a un mundo incrédulo de que la pesadilla ha comenzado.

La introducción de los episodios de esta serie dejaba bien claro que es lo que se nos iba a mostrar en sus argumentos: una invasión extraterrestre en toda regla para apoderarse de nuestro sufrido mundo. Con la de planetas que hay en el universo y a los ets siempre les da por invadir la Tierra. Claro que pensándolo bien: ¿que demonios nos importa que invadan un planeta del quinto pino? ¿Dónde dejaríamos pues la acción de los valerosos héroes que nos defiendan? Naaaa... Las invasiones deben de ser en la Tierra como está mandado.

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Con el aterrizaje de un auténtico y genuino platillo volante, con toda su parafernalia de sonidos, luces y brillos variados, comenzaría la historia de la andanzas de este personaje, con cara de estreñido y perpetuamente sudorso, que era arquitecto y que tuvo la buena idea de salir de la autopista, no sabemos con que fines ocultos - probablemente buscaba un bar de alterne de carretera- y se dio de bruces con la invasión.

El cliché, tantas veces repetido, de la invasión extraterrestre es reflejado en la serie a la manera clásica. No teníamos una guerra abierta, tipo OVNI1 , o la TIERRA CONTRA LOS PLATILLOS VOLANTES2 , mas bien era una artera y solapada invasión parecida a la INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS3 . Los malvados extraterrestres querían la Tierra para ellos solos, egoístas que eran, pero evitaban un enfrentamiento directo con los terrestres (además de egoístas... cobardes), y procuraban camuflarse entre nosotros para que fuéramos tomando confianza y en el momento adecuado...zas patadón y tentetieso.

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Pero David Vincent lo sabía. El problema era ¿quién se iba a creer eso? Si lo declaraba a los cuatro vientos sus posibilidades de ser internado en el manicomio más cercano, por carajote, eran cercanas al 100%. Por tanto, nos encontrábamos ante una serie road-movie en la cual el bueno del arquitecto se veía perseguido por los ets y por todos sus paisanos que pensaban, lógicamente, que estaba loco de atar. El esquema era muy similar a El Fugitivo4, solo que con extraterrestres perseguidores en lugar del pesadísimo teniente Gerard.

Estas sistuaciones siempre me han resultado contradictorias. Se supone que has de estar a favor del pobre perseguido, pero muchas veces he sentido cierta empatía hacia el perseguidor, mientras que empezaba a odiar a la victima. ¿Nunca han deseado que Gerard trincase al fugitivo de una vez? ¿O que el millonario sexagenario atrapara al inmortal, le chupara la sangre y lo dejara sequito? Y ya puestos, uno de mis mayores anhelos siempre fue que el coyote se merendara al asqueroso pájaro mic-mic en pepitoria. ¿Y que me dicen de los idiotas de la Galáctica? ¿Por qué los Cylones eran tan torpes y nunca pudieron acabar con los sosos humanos de las colonias? Y menos mal que no estaba Michael Landon, aunque si su padre5, que podría haber sido mucho más terrible. Galáctica podría ser tema para una conferencia en una Hispacón: Galáctica; el punto de vista Cylon, con permiso de Javier Cuevas, claro.

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En la serie de la que hablamos uno de los problemas principales para nuestro sufridor era reconocer a los pérfidos extraterrestres. Éstos, tenían el aspecto de un humano normal, o sea que podías encontrarte que el amable policía, la maciza camarera o el cura del pueblo eran en realidad pérfidos invasores. Si se les observaba con rayos X veíamos que no tenían corazón, en el sentido literal y no en el metafórico, aunque esto último también. Pero claro, en los sesenta no ibas a llevar un aparato de rayos X portátil por la calle, ahora creo que tampoco, y el tricorder no se había inventado.

Otra manera de identificarlos era por su ausencia de pulso, perogrullada fácilmente deducible ya que carecían de víscera cardiaca, pero tampoco podías ir por la calle agarrando las muñecas de la gente para ver si había latidos. Si pillabas a una dama, lo menos que te podía pasar era que te ganaras un bofetón. Por consiguiente, el descubrirlos era muy complicado para nuestro protagonista. Hacerles una autopsia tampoco era un procedimiento recomendado, por dos motivos fundamentales: está feo hacerle la autopsia a alguien vivo, y si era un mardito extraterrestre de verdad se desintegraba con grandes alharacas de brillos pirotécnicos, dejando una silueta de polvillo donde anteriormente estaba el cuerpo. En el caso de que no fuera un extraterrestre, los alaridos cuando le habrías el pecho, para ver si tenía corazón, probaban sin lugar a dudas que no era malo, pero con el ligero problema de que el sujeto se moría un poco. Ahora lo llamamos daños colaterales, pero en los 60 no estaba bien vista esta manera de actuar, al menos con compatriotas. Si hubieran sido comunistas o rojos-vietnamitas hubiera tenido un pase.

El procedimiento mas conveniente para el reconocimiento de los invasores era que su dedo meñique se mantenía siempre en posición erecta. ¿Se puede escribir erecta? ¿Es políticamente correcto o lo cambio por tiesa.? No; mejor dejamos lo de erecta. Al parecer debido a un defecto de los moldes de apariencia humana, o lo que sea que usaran para parecer humanos, los dedos meñiques no podían doblarse. Esto no es que les causara demasiados disgustos, pero si que quedaba un tanto cutre. Esos cafetitos tomados con el dedo meñique extendido, o ese pedir fuego y el que te lo daba tenía el dedo así como señalando hacia arriba. En fin, que hortera si que quedaba. Al menos les servía para tirar la ceniza del cigarrillo, porque los marcianos fumaban y no como ahora, que ni siquiera puedes elegir el cáncer con el que quieres cascar. También les permitía rascarse el interior de la nariz con habilidad y extraer de sus pabellones auriculares, en plan Shrek, cera para las velas. Era un problema cuando se quería señalar a alguien con el índice. El gesto señalador podía interpretarse de manera equivocada y se arriesgaban a mas de un porrazo. Ese rasgo fue uno de los más característicos de la serie y por la que se la recuerda en España. Todo el mundo sabía que estos estraterrestres eran unos maleducados y sobre todo unos chabacanos galácticos.

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Por otra parte, los invasores, necesitaban también regenerarse y para ello se metían en unos tubos de cristal que disponía de unas bonitas lucecillas de colorines. Esta regeneración no se supo bien en que consistía, pero sí que si no lo hacían se morían rápidamente. Así que una de las cosas que buscaba Vincent eran los lugares de regeneración. Almacenes, graneros y sitios así de amplios, daban cobijo a estos regeneradores.

Una vez especificado que los invasores nos venían a invadir, y que pretendían apoderarse del mundo sustituyendo a los dirigentes, científicos, y personal mas o menos destacado, por aliens que asumían la forma de estos, hay que concluir que el esquema es una vez mas repito: igualico, igualico que en los LADRONES DE CUERPOS. Por consecuencia todos los capítulos tenían la misma premisa de partida: David, en sus múltiples viajes por el continente norteamericano, descubría que en un pequeño pueblo o en una oficina gubernamental, colegio, empresa o taller de fontanería las cosas no eran lo que parecían y que los Invasores se encontraban ya en posiciones preeminentes dentro de la sociedad, sin ir mas lejos el electricista era un astuto invasor. Su auto impuesta misión era desenmascararlos e intentar que sus paisanos se creyeran que realmente eran extraterrestres. Por supuesto, en el último momento, y cuando ya iba a encontrar pruebas definitivas de su existencia, era cuando el marciano de turno desaparecía, las pruebas quedaban destruidas o mataban al testigo que podía probar su existencia. En el epílogo, Vincent, se quitaba de en medio y se acababa el capítulo. Siendo mal pensados, y ya que se trata de una serie de los sesenta y estadounidense, habría que preguntarse si lo que se estaba contando no era el miedo al ataque comunista solapado tan en boga en la época. Pero eso sería pensando mal, lo que no es el caso.

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Una cosa que me hubiera gustado saber es de qué vivía el protagonista. Sí, ya sabemos que era arquitecto, pero: ¿de donde sacaba el dinero para viajar continuamente por los USA? Nunca se supo. Al menos el Dr. Kimble encontraba trabajo en cada pueblo que visitaba, pero Vincent no podía pararse a construir una casa en cada lugar porque entonces ¿cómo iba a encontrar extraterrestres a los que matar? Menos mal que en la segunda temporada apareció un personaje, mas o menos fijo, que era mecenas de las andanzas de nuestro arquitecto caza-marcianos. Edgar Scoville era un personaje recurrente, millonario, que ayudaba económicamente a nuestro héroe. Los creyentes fueron, en ésta segunda temporada, un grupo de personas que creían en la invasión, lo que nunca supimos tampoco era por qué rayos creían en los ovnis pero estos creyentes proporcionaron a Vincent cobertura y ayuda cuando así lo requería.

Una vez que el público se fue cansando de ver siempre el mismo esquema y que más o menos siempre ocurrieran las mismas cosas, la serie decayó en audiencia y como ésta manda, la serie fue cancelada en la segunda temporada. El actor principal Roy Thinnes no tuvo una posterior carrera televisiva o cinematográfica muy espectacular. Fue secundario en otras series de televisión y según se cuenta se convirtió en un apasionado de la ufología ya que parece ser que vio un ovni una vez rodando un capítulo de la serie. Mas o menos lo que le pasó a Bela Lugosi con su Drácula: de tanto interpretar un papel acabas convencido de que es cierto.

Los actores invitados fueron innumerables: el famoso Roddy McDowal (Aurelio en la 1ª versión de EL PLANETA DE LOS SIMIOS), Gene Hackman (el detective Pop-eye de CONTRA EL IMPERIO DE LA DROGA) , Burgess Meredith (INVESTIGACIÓN, ROCKY), Michael Rennie (Klaatu , en ULTIMATUM A LA TIERRA), Anne Francis (Altaira Morbius en PLANETA PROHIBIDO), James Whitmore, John Larch, Peter Graves (Mision Imposible) y un largo etc. que daban una cobertura de buenos actores a las aventuras de nuestro paleta.

Existe una continuación, emitida en los 90, en forma de miniserie de dos capítulos titulada, como no podía ser de otra forma, Los Invasores. Su protagionista es Scott Bakula; actual capitán Archer de la nueva serie basada, es un decir, en Star Trek Enterprise , y anterior protagonista de la interesante A Través del Tiempo (Quantum Leap). Una breve aparición de Roy Thinnes, en su papel de David Vincent, sirve para relacionar ambas series y establecer una coherencia entre ellas.

Los invasores fue, pues, una serie de aventuras con un plantel de buenos secundarios y con unas historias que de puro reiterarlas se convirtieron en aburridas.

Y una curiosidad: ¿recuerdan al Dr. Jimenez del Oso? pues cuando éste hombre hablaba en los programas esotéricios de ovnis, siempre usaba la cabecera de presentación de Los Invasores. Su influencia como serie de cabecera en las noches de TVE fue notable y con una acogida del público español mas que conveniente.

Bibliografía

    :: Series de culto de ciencia ficción, terror y fantasía. Eusebio Arias. Nuer Ediciones, Madrid, 1997.
    :: Televisión de Culto. Antonio Blanco. Glenat Ediciones. 1996
    :: Los Invasores; la paranoia extraterrestre. Pablo Sapere en

Webs




Notas

[1] Ver artículo OVNI en el Sitio de Ciencia-Ficción.

[2] Earth vs. the fling saucers. Fred F. Sears. 1956.

[3] INVASIÓN OF THE BODY SNATCHERS. Don Siegel. 1956

[4] Entre otras cosas por que el productor de las dos series era el mismo y claro las influencias son las influencias.

[5] Lorne Green fue el patriarca de los Carwright en la serie Bonanza, en la que Michael-Casa de la llorera-Landon era el pequeño de la familia.

© Alfonso Merelo, (1.967 palabras)
Publicado originalmente en PulpMagazine nº 8