Franklin ya ha empezado a recopilar información fisiológica de las razas de la Alianza, que se prestan a ello de mayor o menor grado dependiendo de sus costumbres, o creencias religiosas. Por ejemplo los pak´ma´ra, debido a sus hábitos carroñeros, son extraordinariamente resistentes a las infecciones, pero por cuestiones religiosas no comen nada que viva del agua, o al menos peces.
Los telépatas proscritos siguen llegando a la estación ante la irritación de Zack, que no ve con buenos ojos tanto elemento descontrolado. Le expone a Lyta la situación y su preocupación porque ella cada vez está más cercana a Byron, pero ella le recuerda que, pese a todo lo que ha hecho por la Estación y por la Alianza nunca, nadie, ha tenido la mínima deferencia por ella viéndose obligada a reingresar, muy a su pesar, en el Cuerpo Psíquico. Byron y los suyos son una esperanza para ella.
Además de al Jefe de Seguridad, los proscritos tampoco le son simpáticos a los habitantes de los bajos fondos de la estación. El grupo de recién llegados, con Byron a la cabeza, tienen un incidente con un grupo de delincuentes que se resuelve con una demostración por parte de Byron, que obliga a uno de ellos a darle un puñetazo tras otro hasta que el propio absurdo de la situación le paraliza.
Tras estudiar a los pak´ma´ra Franklin se entrevista con los representantes de los hyach, que recelan ampliamente de cualquier otra raza y exigen todas las garantías posibles para que sus datos no sean conocidos por nadie más que el equipo de Franklin. Cuando este recibe los informes médicos de los hyach descubre que, pese a ser una civilización con más de 7000 años de historia, sus registros médicos apenas tienen 800 años. Tal discrepancia le lleva a investigar el porqué de tan curiosa circunstancia.
Lyta y Byron siguen intimando, pero ella aún no se siente integrada entre la comunidad de los proscritos. Ella siempre ha sido una especie de proscrita, ni entre los mundanos, como llama Byron a los no telépatas, ni en el Cuerpo Psíquico, ni por supuesto entre los vorlon, ha encontrado jamás un lugar en el que pueda sentirse cómoda. Byron y los demás le hacen comprender que no es así, y que entre ellos ha encontrado al fin el hogar.
Pero no todo es paz y amor, uno de los recién llegados se pierde en la Estación y se topa de nuevo con la pandilla de delincuentes, que aprovechan para darle una soberana paliza. Los demás proscritos se lanzan a la venganza, ante la consternación de Byron que sabe los problemas futuros que eso puede ocasionar, consigue contener a los suyos, pero Zack lo encierra en los calabozos al encontrarle en una situación ciertamente confusa tras un altercado. Su encierro se demuestra un error, puesto que el resto de los proscritos, ya sin freno, asesinan al jefe de los delincuentes, lo que en cierto modo no parece importar a Zack, pero deja ver negros nubarrones en el horizonte.
Las pesquisas de Franklin dan finalmente un resultado sorprendente. Hasta dos mil años antes, los hyach tenían una línea genética paralela, los hyach-doh. Algo así como sus propios neandertales. La hibridación era posible, y de hecho se daba, pero toda una serie de condicionantes sociales y religiosos la prohibieron hasta el punto de que se llegó al exterminio de los hyach-doh. Al cabo de los milenios descubren que la hibridación era necesaria para que la raza mantuviera una buena salud genética. Al no ser así su índice de natalidad es cada vez menor, y su destino parece ser la extinción. Franklin, con su característico sentido ético, les recrimina su historia criminal y aunque asegura que intentará poner remedio al problema, no cree que lo merezcan.
Finalmente Lyta y Byron acaban en la cama. Entre telépatas es un momento muy especial puesto que un contacto tan íntimo hace caer todas las barreras y las dos mentes se hacen una. Lyta le advierte de que las manipulación a la que fue sometida por los vorlon puede ser letal, pero en realidad lo que descubre Byron, y la propia Lyta escondido en lo más profundo de su memoria, es que fueron los propios vorlon los que crearon los telépatas para luchar contra las Sombras, cuestión esta que pone de un humor muy particular a Byron, que augura Épocas Interesantes si la Alianza no reconoce su esfuerzo y sacrificio en la guerra contra las Sombras.