La comida es asquerosa, mi última semana allí y aun no me he acostumbrado a aquella mierda sintética. No me extraña que haya pocos voluntarios, limpiar letrinas en la Tierra es más agradable.

Salgo del comedor hacia mi habitación, tengo la semana libre pero perdido en medio de ninguna parte no hay demasiado que hacer. Si hubiera estado en cualquier colonia decente habría tenido millones de formas de pasar el tiempo, pero en una base secreta no había ni putas. Tan protegido está el secreto de la existencia de este sitio que desde hace tiempo no estoy seguro ni de que yo aun sea alguien oficialmente.

Intento dejar de pensar en ello, es casi más frustrante que el hecho en sí mismo. Me tumbo en la cama y me dispongo a ver alguna película, al menos de eso si tenemos, aunque casi todo mierda moderna. Ya no se hace cine como en los siglos XX y XXI, puede que los efectos especiales hayan mejorado, pero las producciones actuales no le llegan a la suela de los zapatos a clásicos como Armageddon o Terminador. La lista me desespera, estoy a punto de dejarlo cuando encuentro La humanidad en peligro, esta servirá.

Tras una aburrida semana llega el momento de partir. De nuevo localización secreta, lo que significa que viajaré sedado hasta llegar a mi destino. Creo que estoy empezando a hartarme de esto, en cuanto me acerque a la Tierra solicitaré una nueva identidad y un cambio de destino.

* * *

—¿Está seguro de que conseguirá hacerlo viable?

—Solo necesito un par de individuos más, el problema de la estabilidad está casi resuelto. Solo necesito un par de pruebas para ajustar la dosis necesaria.

—Está bien, tendrá lo que pide, pero confio en tener resultados inmediatos.

—No se preocupe, no le defraudaré.

* * *

Frente a mí un pequeño terminal virtual, proyectado sobre una lamina de cristal, marca mis constantes vitales, no entiendo mucho de ello pero parecen estables. Tras el puedo ver un pasillo, estoy a un lado. En frente una cápsula como la mía con otro individuo. Giro un poco la cabeza, nadie nuevo, las mismas caras de siempre en las mismas posiciones.

Una patrulla pasa delante de mí, sin mirar ni a un lado ni a otro. Marcan el paso como si de maquinas se tratara en una formación perfecta. Probablemente en caso de problemas no durarían ni diez segundos pero al menos darían tiempo a que se sellara el pasillo. Gente prescindible que no sospecha el peligro de su tarea.

Llevo varios días aquí metido, es un autentico asco. Confió en salir pronto otra vez, estar en una cápsula hermética en suspensión conectado a un montón de tubos no es algo agradable.

Nada que hacer durante horas, al fin el cansancio me vence y caigo dormido. Sueño con épicas batallas, sangrientas masacres, insectos gigantes, asteroides amenazando la Tierra... No tengo claro que parte he vivido y cual es fantasía, no me importa. Durante unas horas es real.

* * *

—La operación ha sido un éxito, responde como si se tratara de un órgano propio. No parece haber síntomas de rechazo.

* * *

Mis ojos se abren de pronto, todo lo que puedo ver a mi alrededor son destellos blancos. Miles de ensordecedores sonidos aturden mis sentidos, parecen provenir de todas partes. Giro sobre mí mismo mientras intento taparme los oídos. De pronto una caída, un fuerte golpe en las costillas, el sonido de cristales rotos, pinchazos en un brazo izquierdo, sangre en el suelo. Como puedo me pongo de rodillas, observo mi brazo intentando soportar el dolor que me produce la luz, no puedo mantenerlos abiertos mucho tiempo. Como puedo me pongo de rodillas, avanzo a ciegas hasta dar con una pared y me acurruco allí.

Por más que me tapo los oídos no cesan, no se callan. No sé de donde vienen ni que son, parecen rodearme. Conforme pasan los segundos mi cerebro parece que va a explotar, de pronto los sonidos comienzan a hacerse más nítidos. Son gritos humanos, no hay duda, gritos de dolor. Tras unos segundos de golpe el silencio. Una extraña calma me invade.

Intento volver a abrir los ojos, las luces tienen una intensidad cegadora y no dejan de parpadear. Tardo varios minutos en acostumbrarme a ellas y entonces observo a mi alrededor. Me encuentro en lo que parece un quirófano, con una camilla en el centro, donde me había despertado en un principio y una mesa con instrumental médico. En el techo varios fluorescentes parecen estar a punto de pasar a mejor vida y desde donde me encuentro a la camilla hay un pequeño reguero de sangre. No tengo ni idea de cómo he llegado allí pero no tiene buena pinta. Oigo un pitido a mi espalda, miro hacia atrás, una pared. Me encuentro bastante desorientado.

Me pongo en pie, estoy descalzo, camino como puedo hacia la puerta. Antes de abrirla observo a través del cristal, un repentino flash aparece en mi mente. Demasiado rápido, no llego a ver que es.

Tengo que contenerme para no vomitar ante el dantesco espectáculo que me espera al otro lado. Quien lo haya hecho es un buen psicópata. Hay un pasillo largo y ancho, bien iluminado. Sus paredes están llenas de sangre y por todo el suelo hay desperdigados cadáveres. A varios les falta algún trozo, aunque no son difíciles de encontrar a pocos metros de sus dueños. Cuento doce. Rápidamente me aparto del cristal, no tengo ni idea de qué está pasando aquí, pero no me gusta nada. Me dirijo hacia el instrumental médico, no entiendo para que sirven la mayoría de las cosas que hay ahí, pero sé que como defensa algunos son útiles. Cojo el cuchillo más grande. Me asomo al corredor y cierro la puerta con cuidado. Me agacho y coloco la oreja en el suelo, no se oye a nadie. Me incorporo y comienzo a recorrer el pasillo.

Al llegar al final hay una compuerta metálica, parece la compuerta de un submarino. Compruebo que no está sellada y sin demasiado esfuerzo la abro y paso al otro lado. Tras la puerta otro pasillo, esta vez sin nadie… o restos de alguien, y muy corto. A unos seis metros se encuentra una nueva puerta. A cada lado puedo contar seis taquillas, en las que tras una inspección encuentro algo de ropa y unas botas. Avanzo hasta la nueva puerta, igual que la anterior.

Tras la nueva puerta siento un fogonazo de luz, mis sentidos se colapsan. Caigo al suelo de rodillas mientras miles de imágenes inundan mi mente. De pronto los gritos vuelven, no puedo oír nada más. Gritos de odio, gritos de dolor acompañados del sonido de la carne al ser desgarrada. Veo sangre, ríos de sangre cubriendo el suelo. Cierro los ojos pero las imágenes persisten, siento como si mi cabeza fuera a estallar. Comienzo a gritar a pleno pulmón y me llevo las manos a los oídos sin que ello suponga el más mínimo cambio. En ese momento siento un corte en la oreja, no recordaba el cuchillo. Tan repentinamente como aparecieron los ruidos cesan, mi fuerza parece desvanecerse por momentos y todo se vuelve oscuridad.

* * *

—Los progresos son asombrosos, ahora le pondremos una prueba más difícil. Dejen los restos en el pasillo, necesitamos comprobar si recuerda algo.

* * *

Un sonido en mi cabeza me despierta, rápidamente me incorporo. Me encuentro en un quirófano sobre una camilla. La luz es muy intensa. A mi lado instrumental médico, busco el cuchillo más grande que haya. Me pongo en pie, miro hacia la salida. Al otro lado del cristal un gran pasillo de paredes y una docena de soldados haciendo guardia en dos filas de seis hombres. Observo sus uniformes y condecoraciones, parecen expertos. Recuento de armas, solo pistolas simples.

Abro la puerta y salgo, parecen sorprendidos. Camino hacia el más cercano, desenfundan sus armas.

Los disparos suenan a la vez que el cuchillo sale despedido de mi mano. Ruedo por el suelo mientras las balas golpean las paredes. Parecen cada vez mas sorprendidos.

A mi lado cae un cuerpo, a la vez que arranco el cuchillo de su cuello le quito el arma y me impulso con los pies en la pared hasta el otro lado del pasillo. Suenan más disparos, uno me da en el brazo izquierdo, me he acercado demasiado. Hundo el cuchillo en su pierna mientras me incorporo. Le agarro por el cuello y se lo parto mientras lo uso de escudo humano.

Lanzo a mi escudo contra otro de los soldados, que no consigue mantener el equilibrio mientras disparo al que tiene al lado, un disparo limpio entre los ojos, otro al que está en el suelo.

Continúan los disparos a mi alrededor, de salto me planto al lado de uno con la fuerza suficiente para hacerle una patada a ras de suelo. Cae sobre mí, sobre el cuchillo, que atraviesa su estomago como si fuera de mantequilla.

Con fuerza lo lanzo sobre el más cercano mientras desde el suelo descargo el cargador sobre los que quedan.

Me levanto, solo queda uno, le quito el arma de una patada. Está asustado, sabe lo que le espera. Me arrodillo ante él, le empujo la cabeza contra la pared y le corto el cuello. La sangre empieza a manar como si se tratara de una fuente. Miro a mi alrededor. Doce cadáveres y mucha sangre.

De pronto un pitido tapona mis oídos, caigo sin fuerzas al suelo. Aún veo y oigo, pero no puedo hacer nada.

Al fondo del pasillo se abre una compuerta, es como la escotilla de un submarino. Dos hombres y una mujer entran. Mientras los hombres me sujetan ella me clava una jeringuilla y me inyecta algo. Empiezan a pesarme los párpados, todo se vuelve confuso. Noto que me agarran y me arrastran. Me colocan sobre una camilla. Durante unos momentos pienso con claridad, pienso en lo que acabo de hacer. Me pregunto porque lo he hecho, no había ningún motivo.

* * *

—Nuestras pruebas presentan dudas sobre la estabilidad del sujeto, las drogas sintetizadas no parecen lo bastante potentes. Procedemos a un nuevo estudio de la actividad cerebral.

* * *

El brillante foco apunta directamente hacia mi cara. Estoy sobre una camilla, atado. Hay tres personas en la habitación, dos hombres y una mujer. Llevan indumentaria de doctores, todos con mascarillas y guantes. Hablan sobre mí, mis antecedentes. No debería estar aquí. Continúan hablando, no parece importarles que les oiga. No entiendo todo lo que dicen, usan un lenguaje demasiado técnico. De lo poco que llego a entender es que me van a introducir algo en la cabeza.

Los dos hombres salen del quirófano, ella se queda. Revisa unos informes y me mira con una extraña mezcla de temor y superioridad.

Tras unos momentos aparecen de nuevo con una caja entre las manos, la dejan en la mesa a mi lado, fuera de mi campo visual. Ella y uno de los hombres se acercan a mi cabeza. No veo lo que hacen, aunque siento un cosquilleo que me recorre todo el cráneo. Uno de ellos se acerca a la caja, supongo que allí esta lo que me van a implantar. Durante unos instantes pasa dentro de mi campo visual, parece algún tipo de chip, aunque muy fino y de superficie considerable.

Durante un buen rato les observo trabajar, no puedo moverme ni hablar, solo esperar. Cuando terminan me inyectan algo. Tardo algunos segundos en notarlo, pero algo cambia en mí. No sé qué es lo que ocurre, pero no parece nada bueno. Comienza a hacerse la oscuridad, creo que me están quitando las ataduras.

* * *

—Parece que finalmente ha cumplido. ¿Están realmente listos para el combate?

—Perfectamente, cada uno es una máquina de matar perfectamente controlada.

—Bien, ha hecho un gran trabajo. No quiero conocer más detalles, eso es cosa suya y de su conciencia.

* * *

La alarma suena, el líquido comienza a desaparecer, los tubos se sueltan de pronto. El interfaz virtual desaparece, la puerta se abre. Ante mí todas las demás cápsulas se abren, de ellas salen soldados equipados con armaduras. A todos les falta el antebrazo derecho, su lugar lo ocupa una imponente ametralladora rotativa. En el izquierdo una bayoneta sobresale sobre su antebrazo.

No noto nada en la cabeza, pero ante mis ojos aparece un interfaz. No está en el aire ni en un cristal, está en mi cabeza. Mi cerebro comienza a cargarse de información, objetivos, enemigos, armamento… Una puerta se abre al fondo del pasillo, el sonido de los disparos llega hasta mí. Todos nos giramos al unísono y salimos al exterior. A nuestra espalda el modulo de desembarco comienza a elevarse.

Avanzamos cubriéndonos realizando una maniobra de despliegue bastante complicada. No recuerdo haberla estudiado nunca, pero sale a la perfección.

Unos cuantos enemigos intentan sorprendernos con una emboscada. Ningún problema, son demasiado lentos.

No necesito pensar en nada de lo que hago, parece como si realmente no estuviera allí, como si contemplara una grabación. Aun dudo si es real o no, nunca estoy seguro.

© Alejandro Suárez Mascareño, 8 de cotubre de 2008 Créditos

Creado: 8 de octubre de 2008
Última actualización: 11 de octubre de 2008 a las 11:29  Bienvenida  Mapa del Sitio  Enlace permanente