Y fué el día en que nació Sindra. Ella pasó en un solo instante infinitesimal del no-ser al ser, de la nada al todo. No podemos decir que como todos nosotros nació debil y desvalida. No, Sindra nació plena de energía, ligera, veloz, vivaz, girando alocadamente, llena de esa vida que sus Padres nunca habian imaginado posible. Tampoco podemos decir que fué gestada como sus tantas otras hermanas, que fueron pensadas, deseadas e imaginadas en las mentes de sus Padres, que les dieron primero la forma, el nombre y el sentido, y luego las acunaron amorosamente desde el momento de nacer. No, Sindra simplemente nació como de la nada. Nadie la vio en un principio, y por unos instantes pasó desapercibida, pero apenas viva tocó el corazón de los Hombres y comenzó a darle sentido a todas las cosas. Sus hermanas también se alegraron porque vieron en ella el reflejo de su propia identidad, de su razon de ser, y se vieron reflejadas en Sindra como en un mágico e infinito espejo que las hacia ver como eran en realidad, y no como sus Padres o ellas mismas creian que eran. Sindra giraba velozmente como una bailarina enloquecida pasando entre ellas, tocándolas una a una y haciéndolas brillar como estrellas, cambiándoles el aspecto y haciéndolas más bellas a medida que las tocaba. Algunas de ellas comenzaron a unirse y a formar otra nueva vida distinta de la anterior. Otras solo cambiaban su forma de moverse o de girar, otras solo cambiaron el nombre, y otras ni siquiera se sintieron afectadas por Sindra, y restaron como eran en un principio.
Sindra era la más pequeña de todas, no sólo porque era la más jóven, sino porque era así, porque no había otra posibilidad de ser diferente. Pero también Sindra era la más bella, la más luminosa de todas, la única capaz de deslumbrar con esa energía vivaz que la caracterizó desde el primer instante.
Sus Padres habían unido todo su esfuerzo para tratar tratar de gestar al Varón, el único capaz de hacerlos trascender. Esperaron por años, juntando toda la energía que fueron capaces de encontrary la encerraron en una Caja mágica, esperando que naciera El, el Varón que pusiera en orden todas las cosas. Estaban ya hastiados de gestar solo niñas rebeldes con personalidades extrañas e incomprensibles, y por eso fué grande el desconcierto cuando vieron que nada había sucedido, que el tan ansiado Varón, el macho de la especie, había faltado a la cita.
En principio se sintieron defraudados y tristes, y como habían trabajado tanto poniendo todas sus ilusiones conjugadas en ese esperado momento, se miraron unos a otros con los ojos apagados por la desilusión.
Pero sucedió en ese momento que uno de ellos miró más profundamente dentro de la Caja, cuando la tremenda luz que siempre precedía al nacimiento fué menguando, vió que algo se movía tan velozmente que casi le pasa desapercibido. Fué entonces que vieron a Sindra, e inmediatamente se sintieron inmensamente felices, a pesar que Sindra fuese solamente otra niña.
Apenas supieron de su existencia la acunaron con ese inmeso amor que solo los padres suelen dar a sus hijos. La dieron vuelta, la hicieron bailar, la giraron para admirarla desde todos los ángulos, y la habrian cubierto de amorosos besos si hubiesen podido hacerlo.
Y fué alli que sus vidas comenzaron a tener sentido, cuando mirando a su alrededor vieron a Sindra brillar en todas las cosas. Y en ese momento comprendieron también los caprichos, a veces insólitos de sus otras hijas, cuando las observaron iluminadas bajo la brillante luz de Sindra. También fué en ese momento que supieron que ya no debían buscar más, que tenían ya todos los hijos que deseaban, y que el tan ansiado Varón ya no era necesario.
No sé realmente quién le puso el nombre, tal vez fué porque todas sus hermanas fueron llamadas casi siempre con el nombre del Padre que la imaginó con más fuerza, y Sindra nació de todos ellos a la vez. Quizas porque ese día coincidia con algún evento mitológico, tal vez... no se, pero tampoco importa mucho el nombre. Sindra está ahora con nosotros.
Y esta es la historia del nacimiento de Sindra, también llamada La Ultima, aunque a veces también la llaman solamente ELLA. Todo esto que les cuento sucedió en un país llamado Suiza, cuando los Padres, los que la gestaron con tanto amor, tomados todos de la mano, con los ojos entrecerrados y el ansia reflejada en sus rostros, en los laboratorios del CERN, uno de ellos apretó el botón que puso en marcha ese maravilloso Utero que le dió la vida.