Los seres que han navegado en mi interior siempre han hablado de sus sentimientos sin llegar a entenderlos. Tampoco se les puede culpar de ello, nadie ha vivido tanto como yo y si no se dispone de tiempo tan sólo se puede aprender una pequeñísima fracción de este gran universo que nos rodea.

Extiendo mis alas al vacío extasiándome con la sensación de las corrientes solares que atraviesan mis membranas y me impulsan a seguir hacia adelante. Dejo mi mente vagar a través de las eras esforzándome por volver a sentir la alegría de la vida, sé que es el sueño de una leviatán anciana y lo acepto como una parte de mí.

Las cosas han cambiado mucho desde mi juventud, ya nadie me recuerda tan sólo soy un mito, una leyenda que alguien contará en una de esas formaciones de tierra en las que viven y a las que llaman planetas.

Todas esas personas no pueden saber lo afortunados que son por tener algo al que poder llamar hogar. Creo que es por eso por lo que desaprovechan su existencia navegando en este océano maldito al que llaman espacio ¿Qué ven en este oscuro páramo plagado de peligros, de cosas inexplicables y miedos? No lo puedo entender, me es imposible aceptar que alguien renuncie a algo tan hermoso como un lugar donde poder descansar. Mi especie no posee ese don y es por eso por lo que cualquier leviatán que se precie siempre se rebela abiertamente cuando se le requiere para destruir uno de esos planetas. No deseamos hacerlo. Estas criaturas sintientes están tan habituadas a ver las maravillas de esos lugares que no les importa hacerlo. A veces, por muchos años que se haya estado con ellos, se hace imposible entenderlos. Son seres incongruentes, pueden amar con la misma pasión que odiar, pueden dar vida y arrebatársela a otro con la misma facilidad, pueden perdonar y traicionar sin sentir remordimientos, son capaces de entender lo más complejo y ser incapaces de aceptar lo más sencillo ¿Cómo han llegado estas criaturas tan lejos? Creo que sólo una persona me ha sabido dar la respuesta. Se llamaba Gyreth si no recuerdo mal y estuvimos mucho tiempo juntos, el suficiente como para aprender a comunicarnos y a entender que los dos éramos criaturas inteligentes a nuestro modo. Vagamos durante muchos años a la deriva, perdidos en un lugar desconocido alejado de todos los mapas y rutas conocidas. Gracias a eso los dos tuvimos muchas oportunidades de hacernos preguntas y conocernos mutuamente. Tras muchas dudas, un día me decidí a preguntarle cómo era que su especie había decidido conquistar el vacío en vez de quedarse en sus hermosos hogares. Aún sigo pensando en su respuesta. Porque lo desconocido nos atrae me dijo toda mi gente anhela llegar más lejos que ningún otro, queremos entenderlo todo y este gran universo es el mayor misterio que tenemos a nuestro alcance. ¿Qué nos encontraremos en nuestro viaje? ¿Alguna aventura? ¿Un misterio sin resolver? La ciencia, nuestros conocimientos, han llegado a explicar de forma lógica prácticamente todo lo que nos rodea. Pero esto... esto se escapa de nuestra comprensión. ¿Cómo una leviatán puede vivir en el espacio sin aparentemente nada con qué alimentarse? ¿Porqué cada planeta es diferente y a la vez tan idéntico a nuestro lugar de procedencia? Nosotros necesitamos el misterio y la incertidumbre para vivir. Nadie entre los míos desea pensar que todo lo que les rodea está perfectamente estudiado y explicado.

He tardado mucho tiempo en entenderlo y en aceptarlo y sólo ahora que llega el cansancio he podido entender la esencia de las palabras de Gyreth. Son una raza curiosa, inconformista, anhelante de misterio y aventuras ¿es esa la fuerza que les permite ir siempre hacía delante? Tal vez, tal vez.

Mis membranas solares se repliegan y me impulso gracias a la inercia. Sólo es un breve tiempo de respeto por Gyreth. El murió pero sé que abandonó esta existencia con la felicidad en su interior, yo me encargué de ello. Siguiendo mi instinto lo llevé dentro de un mar de nubes, así es como llamamos a esas imposibles formaciones de gases multicolores que sólo nosotras sabemos encontrar y admirar, sus últimas palabras aún me impregnan y me hacen feliz. He visto un misterio que está fuera del alcance de los demás hombres. Gracias leviatán, ha valido la pena viajar tan lejos sólo para ver este espectáculo. Gracias.

La sensación de la soledad invade mi interior ahora vacío. Las salas que antaño creé para que fueran habitaciones, salas de encuentro, zonas de almacenaje o increíbles observatorios, están vacías. Ya nadie cree en mi existencia, la última persona que habitó conmigo creía que era un mito, una leyenda inexistente. Jamás pude convencerla de lo contrario, eso me desconcierta ¿puede esta increíble raza negar lo evidente pese a que tengan las pruebas ante ellos? Si hubiera sido más receptivo, habría hablado con él y le habría dado parte de mi sabiduría. No quiero que todo lo que he aprendido se pierda para siempre pero así será. Es inevitable que se acabe así.

Poco a poco me detengo y me quedo flotando a la deriva. Estoy tan cansada que temo no llegar a mi destino, pero soy la última no debo desfallecer. Mi viaje terminará pronto.

A mi alrededor una nube de polvo espacial me cubre como si fuera niebla. Los que han habitado en mi siempre lo consideraban un estorbo para la navegación, en cambio yo lo considero otra de las maravillas del mar negro. Si se sabe mirar no sólo se ve revolotear la arena, sino que se la descubre danzar en un baile tan complejo que sólo ella entiende, no sólo es una masa gris amorfa, aquí y allá brilla gracias a los fuegos que arden en la oscuridad. Es un espectáculo tranquilizador, de alguna manera me dice que todo sigue funcionando, que nada cambiará en mi hábitat natural.

Todo lo que me rodea me hace sentir viva de una forma que no puedo describir, es la misma sensación que sienten los hombres cuando hablan de su lejano hogar. Es una mezcla de expectación, añoranza, deseo de regresar. Ahora he llegado a entenderlo completamente. Las descripciones que me han dado muchos de ellos me han permitido ver a esos planetas no sólo como grandes rocas que giran y giran sin parar. Gracias a ellos he compartido sus experiencias, me han hecho ver los pájaros, los bosques profundos en los que habitan todo tipo de criaturas, el increíble cielo azul que se torna oscuro como el vacío. Sí es hermoso y forma parte del complejo tapiz que es el universo.

Vuelvo a iniciar mi viaje esta vez con anhelo. Perezosamente mis alas vuelven a desplegarse para recibir la energía necesaria y empiezo a moverme pesadamente, siento que estoy cerca de mi destino y así debe ser, el cansancio me está embotando me muevo más por pura inercia que por propia voluntad. Está llegando la hora.

En estos últimos momentos no puedo evitar pensar en todos los seres que han muerto en mi interior. Nunca me ha preocupado demasiado, son seres que tienen cortas y a la vez intensas vidas, los que han sido valientes han aprovechado al máximo ese breve tiempo que se les ha concedido y los que han preferido no arriesgarse se dan cuenta de su fracaso cuando están a las puertas de dejar de existir. Como leviatán siempre he pensado en otros términos ¿qué son unos pocos años comparados con mi extensa vida? Un suspiro tan breve que apenas lo veo, esa es la vida de los hombres comparada con la mía. ¿Pero acaso somos tan diferentes?

A lo largo del tiempo he aprendido mucho y todo ha sido gracias a estos seres sintientes a los que acogí en mi interior y les proporcioné lo necesario para poder vivir y viajar conmigo. ¿Soy el resultado de sus vidas? ¿Cómo habría sido mi existencia sin ellos? ¿Cómo serán las leviatán salvajes, las que jamás quisieron ser naves como nosotras? Mi interior se estremece con lo que los humanos describirían como una risa. Ahora me doy cuenta de la cantidad de cosas que no he hecho ni he preguntado ni me he planteado pero a la vez estoy en paz conmigo misma porque sé que he hecho muchas cosas que se podrían considerar correctas y he vivido lo suficiente para poder haber visto maravillas que pocos habrán podido ver. ¿Acaso la explosión de un sol no es el espectáculo más fantástico que se pueda ver? Sí claro que sí. Eso no puedo negarlo.

Una pregunta que me carcome por dentro es si al llegar al final de sus existencias los hombres también se hacen tantas preguntas como yo, o intentan rememorar todas las vivencias por las que han pasado ¿seré más humana que leviatán? ¿O es que acaso todas las criaturas pensantes se hacen las mismas preguntas al final de todo? ¿Tal vez no es una manera de tratar de evitar lo inevitable? No tengo respuestas a tantas dudas y mi único gesto es esconder mis alas y prepararme para mi último viaje.

Siento que ya estoy llegando a mi destino, poco a poco mi objetivo se va agrandando hasta convertirse en un planeta. Al principio siento desconcierto ¿Porqué mi instinto me ha llevado hasta allí? ¿Qué debo hacer ahora?

Usando los últimos restos de energía que me quedan, me detengo completamente y me estabilizo para no ir a la deriva. Mi lógica se impone a la irracionalidad de lo que he estado a punto de hacer. Nosotras somos leviatán, las tierras habitadas están prohibida para nosotras, aunque lográsemos superar la fricción al atravesar la atmósfera, una vez que aterrizáramos no podríamos volver a elevarnos. Así es como han acabado muchos de los nuestros, agonizando en un lugar que no es el suyo.

De repente me doy cuenta del poco sentido que tienen mis razonamientos. ¿Acaso no he venido aquí para morir? ¿Por qué si no llevo años viajando en soledad buscando algo que no encontraba?

Anhelando llegar hasta el final, me lanzo hacía el planeta si importarme nada de lo que me pueda suceder. Por una vez no pienso, sólo me dejo llevar esperando que esté haciendo lo correcto.

Pesadamente caigo en un montículo de tierra del que sé que no podré salir nunca más. Entonces unos sentidos que no creía poseer explotan en mi cerebro descubriéndome un nuevo mundo de sensaciones. El aire es puro y me acaricia el lomo como un viejo amigo del que me hubiera olvidado, los sonidos me asaltan permitiéndome entender aquellas descripciones que tantos me habían explicado, mis sentidos se exaltan ante toda la vida que hay a mi alrededor y mi instinto... algo asustada uso todos mis sentidos para ver a mi alrededor y no puedo creérmelo. Allí está Kadma mi vieja amiga y más allá está Jfe mi viejo compañero de aventuras y en esa zona más pantanosa veo a... ¡todos estamos aquí! ¡Todos hemos tenido la oportunidad de sentir la verdadera vida antes de morir! Ahora lo entiendo todo, tal vez sea la última y nunca más se volverá a ver uno de los nuestros surcando el espacio, pero todo eso ya no importa porque cuando nos llega el cansancio por la vida entonces se nos permite volver a nuestro hogar. Estoy feliz de acabar mi existencia aquí, no podía haber pedido mejor regalo que este.

© Gemma Edo, 23 de mayo de 2008 Créditos

Creado: 29 de mayo de 2008
Última actualización: 31 de mayo de 2008 a las 11:32  Bienvenida  Mapa del Sitio  Enlace permanente