Shaffer miró, distraídamente, hacia su reloj de pulsera. ¡Ya eran casi las cuatro! Bien, tendría que darse prisa, pues pronto comenzaría la conexión de televisión con Camp David, donde tendría lugar la ceremonia. Y él no se la quería perder por todo el oro del mundo.

¡Menudo acontecimiento! La llegada de la primera nave interestelar a la Tierra. El ansiado suceso se llevaba ya anunciando desde hacia más de un año, cuando por primera vez los radiotelescopios habían recogido las primeras señales evidentes de vida alienígena. Los primeros sonidos que nos llegaban.

—Brrrnnn... Brrrnnn... XWTYZ... JKLPY MSRWQ.

Evidentemente, aunque eran incomprensibles, aquellos sonidos no eran fruto de la casualidad. Los técnicos detectaron rápidamente una secuencia reconocible, un patrón de comunicación. Ahora sólo era cuestión de tener paciencia para recoger y grabar combinaciones que, llevadas a las computadoras, fueran comparadas, analizadas y clasificadas en frecuencia, tipo, modo, clase... hasta descubrir sus pautas y poder así entenderlas.

¿Qué dirían aquellas primeras palabras? ¿Serían un saludo hacia nosotros? ¿Sabrían ya de nuestra existencia? ¿O, simplemente, después de traducidas, significarían... Probrando... probando... Maria tenía un corderito?

De cualquier forma, los técnicos ya sabían que se debían a seres inteligentes y no a estallidos de quasares o pulsares. Eran palabras, sin duda. Dijeran lo que dijeran, habían sido producidas por extraterrestres. ¡Ya no estábamos solos en el Universo!

El locutor del noticiero ya estaba con los prolegómenos cuando Shaffer encendió el televisor. Las cámaras escrutaban el cielo azul en busca de los primeros indicios, mientras su voz, en off, aprovechaba para hacer un resumen de cómo se había ido gestando el esperado encuentro entre dos razas y, sin duda, dos culturas.

—¿Sol... ¡Estrella...! ¡Luz, calor, hidrógeno...!

—¿Tierra...? ¡Planeta...! ¡Girar, gravedad, inercia...!

—¿Agua...? ¡H2O...! ¿Metano? ¡Nooooo!

Poco a poco, se fueron clarificando las comunicaciones. Ellos eran del planeta Tron, que giraba alrededor del sol Uume, situado en... xxjjdgf... jrktvzz... No hubo manera de ubicarlo, pues su forma de medir y contar era completamente extraña, ya que tenían siete dedos en cada extremidad y sus números no casaban con los nuestros.

—¿Siete dedos? ¿Serían como pulpos?

La imaginación popular se desató al conocer estos datos. Los expertos imaginaron nuevas figuras, alejadas de las antropomórficas, para representar a los alienígenas. Las primeras reacciones de aversión fueron, poco a poco, sustituyéndose por otras de comprensión, de amistad... ¡Había que agradarles! El Comité de Recepción comenzó a darle vueltas a esta idea. ¿Y si les repugnaba nuestro aspecto? Se decidió que, para el primer contacto, nuestro embajador se disfrazara como ellos. Luego, se les explicaría que no éramos así, que teníamos sólo dos piernas, dos brazos, dos ojos.

—¡Ya llegan!

Efectivamente, en el cielo azul se recortó un puntito, que a ojos vista se fue agrandando, hasta llegar a parecer una nave extraterrestre. Bueno, nunca habíamos visto una nave así, pero no era como nuestros aviones. Ni siquiera como nuestros imaginados platillos volantes. Era... más redonda.

—¡Ya aterrizan!

Efectivamente, el vehículo espacial se estaba posando en el suelo, pero... ¡No, no descansaba en la tierra! Se mantenía en el aire, por medio de un campo antigravitatorio. ¡Que maravilla de tecnología!

En una carpa próxima, nuestro embajador se enfundaba en el disfraz que le habían confeccionado los técnicos, interpretando cómo sería la forma de nuestros visitantes. Un cuerpo amorfo de goma-espuma... siete extremidades con siete dedos cada una terminados en ventosas succionadoras... y unos ojos saltones, dos en cada lado, al final de unos apéndices.

Un tubo traslúcido salió del vehículo y se prolongó hacia abajo, hasta casi tocar el suelo. Por él se vio descender, gravitando, una figura borrosa... Nuestro embajador, mirando por entre la abertura de la carpa, esperó a que aquella llegara al suelo. Luego, salió decididamente, con un tentáculo extendido, en señal de amistad, mientras desde el tubo, que se había abierto, salía la figura de... un humanoide, enfundado en un traje espacial, con dos piernas, dos brazos... ¿dos ojos?

—¡Aggg!

El grito de asco que exclamó el extraterrestre se oyó por todo Camp David y por los altavoces del televisor de Shaffer.

—¡Aggg! —repitió de nuevo aquella criatura, quien dando media vuelta, entró en el tubo precipitadamente y ascendió a toda velocidad, para inmediatamente poner en marcha el vehículo y perderse en el espacio.

Tiempo después, el Comité de Recepción reconoció su error. Pero ya era tarde. Pasarían años, milenios tal vez, antes de que otra nave interestelar intentara aterrizar en la tierra.

Si es que venía.

© Anselmo Vega Junquera, 15 de octubre de 2006

Creado: 6 de noviembre de 2006
Última actualización: 23 de septiembre de 2007 a las 09:02  Bienvenida  Mapa del Sitio