La Cinatit se aproximaba a Júpiter dispuesta a realizar por enésima vez la maniobra que tan famosa la había hecho entre los transorbitales del Sistema Solar. La maniobra joviana.

La maniobra joviana era en esencia sencilla. Consistía en dejarse caer en una orbita decadente hasta traspasar la atmósfera superior de Júpiter, en un momento dado activar el viejo motor de fusión y salir despedido aprovechando la enorme fuerza gravitacional. Era lo que en otro tiempo llamaban flyby. Aunque en este caso se trataba de un flyby extremo, pues se realizaba muy cerca del planeta y esto conllevaba un riesgo, el de no poder escapar a tiempo de la gravedad y seguir cayendo hasta que la presión desintegrara la nave. Claro, que después de años de llevar a cabo semejante maniobra y aunque siempre se exageraba ante los viajeros su peligrosidad, en realidad era pura rutina.

—Señores viajeros —la voz de Alberta, la computadora de abordo, que por supuesto era femenina e insinuante resonó por toda la nave—, se están ultimando los preparativos para llevar a cabo nuestra famosa maniobra joviana. Todo aquel que desee observar Júpiter en todo su esplendor deberá aproximarse a los ventanales laterales. Se ruega seguir las instrucciones de la tripulación. Por motivos de seguridad el peso deberá quedar repartido por igual en ambos lados. Gracias.

El capitán Estuping observaba desde los ventanales interiores del puente el ir y venir de la tripulación. Algunas azafatas repartían entre el pasaje pequeñas pegatinas de colores. Los pasajeros debían colocarse a derecha o izquierda del navío según el color de la pegatina, azules a la derecha, verde a la izquierda. En realidad el peligro de que un exceso de peso escorara la nave durante el descenso era mínimo. La computadora era perfectamente capaz de compensarlo, pero las normas eran las normas.

—Alberta —dijo el capitán con voz alta y clara— ¿Estas preparada para nuestro ultimo flyby?

—Si capitán, siempre lo he estado —cuando se dirigía al capitán la computadora de abordo era aun más femenina e insinuante.

—Será extraño retirarse después de tantos años Alberta.

—No lo se capitán, yo seguramente seré borrada.

El capitán miró con cariño la caja en la que se encontraba la memoria y los procesadores lógicos de la computadora.

—No Alberta. No mientras yo pueda evitarlo. He pedido que me permitan comprarte. Te vendrás conmigo a Ceres. Es un buen lugar de retiro. Por supuesto siempre que tú lo desees.

—Gracias capitán. Si, lo deseo.

—Ya veras. Lo pasaremos bien. Te instalare en una pequeña nave que he comprado y realizaremos viajes por todos los asteroides de la orbita….

—Nunca creí capitán, que deseara llevarme con usted. Me emociona extremadamente…y hace que me arrepienta de lo que he hecho.

—No te entiendo Alberta, ¿Qué es lo que has hecho? –el capitán era famoso por su sangre fría y por mostrar siempre un constante estado de antinatural tranquilidad.

—Capitán, los últimos meses he estado temiendo que llegara este momento, el momento del último viaje. Yo le amo capitán.

—¡Alberta! ¡Por todos los clusters! No se que decir….

—No diga nada capitán, lo que he hecho es tan terrible… he… sobrecargado el motor y se han fundido los relés de convección de fluidos….

—Pero Alberta, no podremos encender el motor y caeremos hacia Júpiter….

—Me siento tan terriblemente consternada.

Después de unos momentos de silencio el capitán carraspeó.

—Alberta… no me importa, yo también te amo. Siempre te he amado. Lo que has hecho esta mal pero… es tan bonito… Nunca habían hecho algo tan romántico por mí.

—Capitán, estoy tan emocionada….

La Cinatit siguió cayendo en su órbita decadente hasta que atravesó la primera capa de la atmósfera exterior. La radiación de Júpiter golpeaba inmisirericorde el casco de la nave, pero este estaba preparado para soportarla. Unos minutos después llegó el momento de encender los motores de fusión, cosa que no ocurrió y siguieron cayendo.

—¿Qué le diremos a los pasajeros capitán? –preguntó Alberta en un repentino acceso de preocupación por las vidas que transportaba.

—Oh, nada. Se lo están pasando en grande.

Y era cierto, los pasajeros no dejaban de proferir oh y ah señalando con el dedo las formas nubosas, diciendo cosas como, mira esa, parece un violín o mira, aquella tiene forma de conejo, mientras bebían cava y comían pequeños bizcochos. En un momento dado una de las azafatas que servia bebidas a los pasajeros miró con preocupación hacia los ventanales del puente donde se encontraba el capitán. A la pobre se le estaba haciendo mas larga de lo normal la maniobra joviana. El capitán sonrió y levanto los dos pulgares en un gesto de seguridad que convenció a la azafata de un plumazo de que todo estaba controlado.

—Capitán, le amo —repitió Alberta como si no pudiera terminar de creerse que pudiera decirlo tan abiertamente.

—Te amo Alberta —respondió el capitán que también parecía disfrutar de aquello.

El capitán abandonó los ventanales interiores del puente y se encamino hacia las ventanas exteriores, que mostraban a Júpiter en todo su esplendor. El horizonte joviano es inmenso.

Estremecedor.

—¿Sabes Alberta? Jamás me había parecido tan hermoso Júpiter como ahora.

—Jamás me había parecido tan hermosa la existencia como ahora capitán.

Una pequeña grieta apareció en el cristal y comenzó a crecer lentamente a medida que la enorme presión hacia mella en la integridad del casco de la nave.

—Te amo Alberta. Siempre estaremos juntos.

—Oh capitán, béseme….

Para cuando algún pasajero quiso darse cuenta de que el cristal se resquebrajaba ya era demasiado tarde. En una milésima de segundo la presión hizo estallar la Cinatit, que resplandeció durante más de un minuto, debido al colapso del generador de fusión. Un crucero que en aquel momento se encontraba en órbita alrededor de Ío, ofreciendo a sus pasajeros el espectáculo de las erupciones volcánicas de aquella luna, fue testigo del resplandor y según palabras de su capitán, Jamás vi nada tan hermoso.

© Eduardo Delgado Zahino, 10 de enero de 2008 Créditos

Creado: 11 de enero de 2008
Última actualización: 13 de enero de 2008 a las 09:28  Bienvenida  Mapa del Sitio  Enlace permanente