—¡Idiota! ¡Es usted idiota! ¿Cómo se atreve a presentar estos resultados?
El doctor José Artajo, director adjunto de investigación del centro de biología avanzada, apartó el auricular para evitar daños en su odio interno y a prudente distancia, esperó el final de la perorata de su jefe directo.
—Lo hemos revisado varias veces —consiguió decir en un hueco de silencio— y los datos son concluyentes.
—¡Eso es absurdo! —insistió el director jefe— Coja ese informe de mierda y preséntese en mi despacho inmediatamente.
El director adjunto, miró a sus ayudantes, suspiró, se encogió de hombros, desconectó la pastilla de memoria del terminal y se resignó a subir de nuevo los ocho tramos de escalera.
—¿Se da cuenta de lo que esta diciendo? —espetó el director jefe señalándoles con dedo acusador en cuanto hubo cruzado la puerta— ¡Diez años de trabajo en el más absoluto secreto! ¡el mayor presupuesto jamás concedido a un proyecto de investigación en nuestro país! No se preocupe jefe, me dijo, es una hipótesis revolucionaria, haremos saltar por los aires todas las teorías anteriores. ¡El Nóbel! y yo me fié de usted, le avalé, me jugué mi prestigio y me viene con esto. ¡Que leches de CO2 y contaminación! El calentamiento global en realidad es... es...
El director jefe fue incapaz de continuar y su adjunto aprovechó para iniciar su defensa.
Conectó la memoria y proyectó un holograma repleto de gráficas coloreadas.
—Tranquilícese y observe por favor, los datos son concluyentes, la coincidencia de las gráficas es ciertamente reveladora. Mire, la línea roja refleja la subida de temperaturas del último medio siglo; la verde, el crecimiento de población en los ecosistemas estudiados; la fucsia, el nivel de feromonas de origen animal en el aire y esta amarilla el número de estimados de actos..., bueno, la azul se refiere a las páginas de Internet de contenido... En fin, mi equipo y yo hemos calculado que con un uso intensivo de bromuro potásico, en poco tiempo podríamos conseguir una reducción del orden de...
El subdirector adjunto se detuvo en seco, el color rojo subido en el rostro de su jefe no parecía nada saludable y el brazo que extendía en dirección a...
Agachó la cabeza para evitar el pesado y antiguo sujetapapeles de bronce y se escabulló, como alma que lleva el diablo en dirección al pasillo.
—¡Joder! la vida se abre camino, yo no tengo la culpa —murmuró.