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Handelman se quedó mirando el robot que le acababan de traer. Era de la serie XZ, es decir, de última generación aunque aún sin probar del todo. Bueno, como si fuera un programa Beta, se dijo. Con cuidado, destornilló la chapa frontal que ocultaba el hueco donde iría alojada la pila atómica. Luego, con más cuidado aún, se volvió para agarrar el cilindro de plomo que la contenía y que había recibido por separado, y se dispuso a colocársela al robot a fin de activarlo. Era ésta una precaución que se tomaba para el transporte de los RBT desde la fábrica que tenían en la Luna, hasta el centro de verificación y entrenamiento que estaba en la Tierra, donde él trabajaba. Después, los que superaban las pruebas, ya quedaban activados indefinidamente, salvo situaciones de extrema gravedad.

Se oyó un zumbido de tono bajo, cuando Handelman terminó su primer cometido. Se había retirado dos pasos atrás y esperaba la primera reacción del robot. Sabía que los distintos circuitos habían sido probados antes de ensamblarlos, así como todos los mecanismos que implicaran algún movimiento. No solamente pies, manos, cintura y cuello, sino el girar de los globos oculares y el funcionamiento de las cuerdas vocales. Y no digamos los nanochips que controlaban todo esto e incluso las funciones lógicas y memorísticas. Pero… no era lo mismo uno a uno, que hacer funcionar un conjunto, armónicamente. A veces ocurría algo y para eso, Handelman era el encargado de verificarlo, antes de que el hombre mecánico saliera al mercado.

—Prrrrtttt….

Con lentitud, los párpados artificiales se levantaron y Handelman vio los ojos del robot que le miraban, inexpresivos. Esperó unos instantes antes de que lo que en realidad eran unas diminutas cámaras, ajustaran la profundidad de foco y la luminosidad.

—H… Ho… Hoolaaa… —El sonido salió trabajosamente por la abertura que hacía de boca, mientras que la mandíbula inferior bajaba y subía al compás de la vocalización, ligeramente metálica. Bueno, no se trataba de un androide, se dijo Handelman, mientras lo observaba con detenimiento. Era sin duda un simple robot autónomo y polivalente, de los que estaban de moda.

—So… Soy RBT-XZ-001. Buenos días, señor —pronunció ya, sin el tartamudeo del principio. Y se quedó quieto, en espera de la primera orden, como estaba previsto en su programa de inicio.

Handelman sabía que la primera orden era darle un nombre. Era costumbre de la casa el que éste fuera una combinación fonética de las letras de serie. Podría llamarle Xtree Zero… o algo así. Pero era un robot en pruebas y quiso probar algo nuevo. Como había ocurrido con el mítico Daneel Olivaw… así que le llamaría….

—Te vas a llamar… Xavier Zapata —y rió de su ocurrencia.

—Xavier Zapata —repitió automáticamente la máquina andante, mientras sus circuitos grababan este nuevo nombre.

—¡Choca esos cinco! —exclamó Haldelman, jocosamente, y extendió la mano derecha, pues quería que el robot aprendiera los modos usuales de saludo.

RTB-XZ-001, o mejor dicho, Xavier Zapata extendió su… mano izquierda, correspondiendo así al ademán de su preceptor.

—¡Vaya! —exclamó sin poderse contener Haldelman, dejando en suspenso la acción— ¡Un robot zurdo!

Nunca le había ocurrido nada igual. Seguramente que algún técnico de montaje habría invertido dos circuitos. Pero… ¿Cuáles?

—¡Ráscate la oreja derecha! —le ordenó. Y el robot se rascó, efectivamente, la oreja derecha… con la mano izquierda.

Sí, era zurdo, sin duda. Completamente zurdo. Distinguía perfectamente entre derecha e izquierda, pero empleaba la mano contraria. No iba a ser fácil localizar la alteración que lo causaba. ¿Invalidaría al robot por esa anomalía? Handelman se quedó un rato pensativo, sopesando qué hacer. El mercado no aceptaría un robot zurdo, aunque los humanos ya habían superado eso para ellos mismos. ¿Devolverlo a fábrica? El costo de producción de un robot era demasiado elevado para descartarlo, así como así. Decidió continuar las pruebas, antes de tomar una decisión.

Que era zurdo ya lo había constatado. Lo que necesitaba era —sin desguazarlo siquiera parcialmente— averiguar si era factible encontrarle alguna aplicación. Necesitaría horas, días o semanas… pero no importaba. Él no tenía limitación de tiempo para ello. Aunque una idea feliz le vendría muy bien….

—A ver, escribe en este papel… —y le alargo una hoja y un bolígrafo, que el robot agarró, como era de esperar, con la mano izquierda.

—¡Escribe! En un lugar de la mancha… —dijo, de pronto, acordándose de esta frase, leída no sabía donde….

El robot escribió, con seguridad, dicho texto, aunque se notaba que la posición del bolígrafo era algo forzada, como les ocurre a los zurdos. Handelman se quedó absorto, mirando aquellas letras… ¿Y si fueran de derecha a izquierda? De pronto, le vino la idea feliz.

—¿Sabes árabe?

—Sí, por supuesto. Sé todos los idiomas –afirmó, con seguridad, el robot.

—Vale. Escribe en árabe… Deshebilla las maletas de Sevilla –ordenó Handelman, recordando otra frase de cuando estudiaba ortografía.

El robot, con una preciosa letra aljamiada, escrita de derecha a izquierda, ideal para la mano zurda, trazó en el papel el nuevo texto.

—¡Vaya! Esto ha quedado muy bien… —exclamó Handelman, al observar la preciosa caligrafía árabe con que la había escrito el robot.

¿Podría ser? ¿Podría vendérselo a un jeque árabe, ya que los robots eran caros, como amanuense personal? ¿Un secretario discreto y, además, eunuco?

Haldelman sonrió encantado, no sólo había encontrado un valor añadido para Xavier, sino que además acababa de abrir una magnífica línea de negocio para la empresa. Su sonrisa se ensanchó más todavía cuando calculó el valor de las stock options de las que disponía.

© Anselmo Vega Junquera, 1 de octubre de 2007 Créditos

Creado: 22 de octubre de 2007
Última actualización: 25 de noviembre de 2007 a las 09:05  Bienvenida  Mapa del Sitio