El discurso oficial de la campaña correntina para el asalto al Imperio lunar nos habla de recursos emblemáticos. Personalmente prefiero decir que se trató de una magnifica ironía. De la misma intensidad que la ironía criminal que nos aprontamos a realizar en connivencia con toda la humanidad.
Las literaturas regionales están plagadas de referencias a mundos fantásticos. Desde las madrigueras del gran yacaré blanco hasta la Tierra sin Mal de los guaraníes, estamos hablando de mundos distópicos y utópicos ancestrales. Pero las remisiones a la ciencia-ficción, durante todos estos siglos, han sido notablemente escasas. Una situación especial se da en la música, donde los correntinos han disfrutado por siglos de un tema jocoso en el cual el programa espacial criollo envía por medio de una gomera gigante a tres gauchos a la luna dentro de una pelota de cuero.
¿Qué otra mejor descripción de la nave nodriza correntina? Viéndola en medio a esas gigantescas naves alienígenas, disputándose lentamente cada palmo de la orbita lunar algunos periodistas hablaron de una gran Estrella de la Muerte —haciendo referencia al arma de la película Star Wars — otros de un satélite letal en el horizonte de los agresores. Pero los correntinos siempre tuvieron en mente esa pelota de cuero descripta en el chamamé.
El lanzamiento también fue otra ironía aportada por los miembros de la resistencia criolla. Durante décadas se han hecho odiosas comparaciones entre el sistema real de lanzamiento de las naves espaciales y el sistema descrito por el francés Julio Verne en su novela De la Tierra a la Luna. El foco de la crítica fue sobre todo el gigantesco cañón construido por el Gun Club en la novela, dentro del cual se insertó la nave con forma de bala.
Pues la historia humana no se podría extinguir sin presenciar semejante maravilla sobre la faz de la tierra. Si bien en este caso el cañón permaneció sumergido durante más diez años en el iberá mientras se preparaban el resto de las naves, los correntinos han hablado hasta el hartazgo del fusilamiento de los invasores y nunca pensamos que este fusilamiento se acercaría tanto a la literalidad, hasta que desde la laguna se irguió la lanzadera.
Ochenta bravos defensores protagonizaron lo que parecía el último combate épico de la Fuerza Aérea Argentina. Que gran error fue subestimar al espíritu del Plata.
Los invasores no pudieron evitar el lanzamiento del gigantesco misil Fray Luis Beltrán gracias a esa defensa férrea. Fueron un promedio de doce naves alienígenas por cada abejorro de la fuerza aérea. Ya en el espacio quince saetas de la flamante Fuerza Aeroespacial Integrada lograron lo impensable: La destrucción de la fortaleza orbital. A lo largo de todos estos destrozos la Fray Luis Beltrán ascendió soberbia, reluciente entre el fuego enemigo, implacable en su marcha.
La campaña no era una mera agresión. Luego de décadas de dominio marcial, la resistencia se había equipado con una descomunal fuerza invasora. La intención no era expulsar a los alienígenas de la tierra guaraní, sino del universo. La Policarpo I fue pensada para la aniquilación del invasor en sus propios dominios.
La táctica era el avance lineal y el golpe directo, seco y frió sobre las instalaciones del Imperio Lunar. ¿Quién lo hubiese pensado? la guerra duró mas de quince días y las fuerzas extraterrestres no asimilaron ni durante una hora que estaban en desventaja, aún cuando sus fuerzas fuesen inmensamente superiores en tecnología y número a las terrestres.
Esto ya había sucedido en otra etapa histórica entre los propios humanos, cuando en 1833 un gaucho entrerriano, Antonio Rivero, se levantó contra los piratas que ocupaban las islas Malvinas y junto a un pequeño contingente de dos criollos y cinco indios asumieron el control del archipiélago, izando la misma bandera albiceleste que trescientos años después los alienígenas aprenderían a temer.
Esta vez el planeta entero se vería defendido por la misma raza mesopotámica.
Cuando la Fray Luis Beltran parecía un misil dispuesto a precipitarse sobre la luna y ocasionar una telúrica venganza nuclear, el proyectil reveló su verdadera naturaleza. El cascaron se partió en cinco y dejo salir sendos Cazadores Correntinos mas la Policarpo I.
Desde el vientre de la Policarpo vendrían mas tarde las fuerzas que desarrollarían el combate aéreo mas memorable de nuestra historia, esta vez en el cielo lunar.
Las sangres indómitas de la tierra gaucha, cuyos hombres, que armados solamente con facones siempre fueron capaces de diezmar a media centena de sus pares, se les dotó de una gigantesca nave nodriza. Los correntinos, dotados siempre de un puño pesado, arremetían temerariamente contra el dominio invasor.
El preludio de esa lucha contaba con la Flota Espacial Terrestre que ya estaba en órbita con naves de más de veintisiete naciones respaldando a las saetas creadas por los sudamericanos. La órbita terrestre era un autentico cementerio intergaláctico y las bajas se contaban por millones.
En el planeta las victorias eran centenares: La recuperación de Leipzig, El enclave de El Cairo, La noche de las milicias de Los Ángeles, la artillería de Maracaibo, la batalla sobre Medellín, La gesta de la Ensenada, la campaña de los libres de Antartida, la venganza de Tokio, el sitio de Albión, la segunda batalla de las Navas de Tolosa (nuevamente el choque mas sangriento de una reconquista), las incursiones en Bahía. Desde el espacio, la tierra fue durante una semana una suerte de paisaje de intermitencias, destellos y nubarrones oscuros. Las hazañas humanas fueron memorables y la fiereza del invasor también arrojó sus capítulos históricos.
El planeta estaba en guerra, la humanidad había soltado su rugido.
En la luna la situación no terminaba de decidirse. Las zarpas eran terrestres.
La Flota Espacial había asegurado al planeta, pero los precursores de la agresión se ensañaban en pequeños combates que no definían la superioridad de ningún bando. Las naves de los Cazadores Correntinos hacían honor a su nombre y la Policarpo I, con sus propias, fuerzas se quitaba de encima una treintena de módulos de asalto pero sin lograr la altitud mínima para desalojar su carga mortal.
Por insignificante que haya parecido en aquel momento, la llegada accidental de la saeta Paraná fue crucial para que la Policarpo pudiese dar su estocada.
La Paraná había quedado solamente con uno de sus tripulantes. Gravemente averiada y ya lejos de su zona de combate, la nave bonaerense contaba únicamente con la asistencia de la III Cazador.
Lino Velásquez, el piloto de la Paraná, no se veía listo para regresar a la Tierra y soportar el reingreso con una nave seriamente averiada, así que optó por dirigirse a buscar el auxilio y refugio de la Policarpo que en su interior poseía instalaciones suficientes para reparar y reabastecer a la saeta.
Grande fue su sorpresa al encontrar a la Policarpo completamente rodeada de interceptores alienígenas. Las comunicaciones y la información de las distintas posiciones de combate no eran muy buenas durante esa parte del conflicto, por lo cual tanto Velásquez como los tripulantes de la III Cazador no tenían forma de saber la situación que aquejaba realmente a la Policarpo. Desde la distancia se podía percibir como si estuviese en una posición privilegiada, pero una vez dentro de la zona de combate era evidente que la nave nodriza estaba recibiendo la mayor parte del fuego enemigo.
La saeta sacrificó sus últimos recursos en liberar a la nodriza del fuego que recibía desde las pequeñas bases del suelo lunar. Su heroica actitud inspiró a todos lo tripulantes de la Policarpo I para arremeter contra la posición de la fortaleza lunar y liberar los interceptores y bombarderos un kilómetro antes de lo recomendado.
Una decena de aeronaves se perdieron por esta decisión, pero la gran mayoría logró volar sobre la Luna e iniciar el ansiado ataque a la fortaleza del Imperio.
Las sombras bélicas habían llegado sobre las compuertas alienígenas. Las naves insignia de las fuerzas argentinas habían descargado sus tropas de asedio sobre la mismísima fortaleza, una osadía que superaba los planes originales. Los Cazadores Correntinos se enseñorearon del perímetro sufriendo una sola baja y aterrorizando a cuadrillas enteras que pretendían reforzar las defensas lunares desde el cinturón de asteroides.
La sombra de la Policarpo I se proyectaba sobre las ruinas de la fortaleza lunar cuando los comandantes extraterrestres presentaron su rendición.
Las Flotas Terrestres crearon una rutina de patrullaje orbital. Las ciudades buscaban reconstruirse homenajeando a sus héroes. Sobre la luna se erguía el primer monumento humano del siglo: Una saeta con la inscripción Paraná. A su alrededor se instalaban los cimientos para la colonia lunar terráquea con los materiales proveídos por las entrañas de la Policarpo I.
Una de las filmaciones más extrañas de la posguerra fue hecha en los escombros de la fortaleza alienígena. Es esa toma donde los tripulantes de las Cazadores Correntinos están jugando al fútbol y en el horizonte se ve a la tierra y a la Policarpo I casi como si tuviesen el mismo tamaño.
La nave nodriza más famosa de los humanos aún permanece en órbita. Hoy nos despertamos con la noticia de que se la esta preparando nuevamente para una guerra intergaláctica. Sus constructores dicen que es el mejor destino, pues nunca la diseñaron para traerla de regreso a la tierra ni para centro turístico.
Las Policarpo II y III ya están listas en la lanzadera correntina para ser enviadas junto con otro centenar de naves nodrizas de otras naciones. Las flotas de la humanidad braman por la expansión del Imperio terrestre a todo el sistema solar. La tecnología que se obtuvo de las fuerzas invasoras ha llevado el progreso humano junto con sus ambiciones a niveles jamás soñados. Me temo que esta vez la guerra intergaláctica sea sólo un eufemismo. La autopreservación también. No veo en que los nartigod puedan llegar a perjudicarnos. Hermanos, estamos enviando a la heroica Policarpo I a convertirse en aquello contra lo cual ha combatido. ¿Nuestros agresores no habrán surgido de la misma manera? Si repetimos el camino, llegaremos al mismo final. Desistamos de la creación del Imperio Tierra para evitar la suerte del Imperio Lunar.
Campaña correntina: Acciones organizadas desde la provincia de Corrientes, Argentina. Los planes correntinos se caracterizan por considerar a la Provincia como si fuese un país independiente del resto de la Argentina [La campaña correntina para el asalto al Imperio Lunar fue precedida por dos niveles de propagandísticos, el primero meramente encubierto y el segundo manifiestamente bélico.]
Yacaré: Nombre de origen guaraní que designa a varias especies del género Caimán endémicas de las regiones subtropicales y tropicales de Sudamérica. [A fines del siglo XIX surgió en corrientes una extensión al mito del Carpincho Blanco –capibara, roedor gigante- El cual por su parte tiene su antecedente más remoto en el siglo XVIII, época en la cual se presupone que un carpincho carnívoro se devoró a un gran guerrero guaraní y absorbió la fuerza acumulada por éste –aguyé- para cruzar a la tierra sin mal. La misma suerte tuvo varios siglos después el carpincho al enfrentarse a un yacaré en los esteros del iberá. El yacaré en este último caso se adueño de las madrigueras creadas por el carpincho y creó una suerte de mundo infernal bajo el suelo correntino para sus presas. Dentro de las madrigueras unos pocos hombres enfrentan diversos peligros que les obligan a desarrollar la fuerza de su espíritu hasta lograr un nivel que resulta apetitoso para gran lagarto. Es entonces cuando el yacaré blanco se devora a su prisionero y acumula más aguyé.]
Tierra sin mal: Eje mítico de la religión guaraní. Según los éstos, es un lugar físico al cual se puede acceder por medio de la acumulación de aguyé (fuerza espiritual lograda por meritos heroicos). Los desplazamientos migratorios de la tribu, que posee una cultura eminentemente sedentaria, se justifican por la búsqueda de tal tierra ideal. Sus dioses y costumbres tienen siempre una explicación ligada a la Tierra sin mal. El trato guaraní con los jesuitas se fundamentó en ésta búsqueda.
Gomera: También conocido como onda o tirachinas. Es un armamento menor primitivo para todo tipo de proyectiles, sobre todo guijarros. Se confecciona con un soporte principal, normalmente de madera, en forma de Y. Sobre sus extremidades superiores se sujetan dos extremos de alguna enredadera elástica o cualquier material de consistencia similar que permita un mínimo de tensión. Se tira de banda sujetando en su punto central al proyectil, del otro extremo se sujeta el soporte por el mango formado en la parte inferior de la Y y luego se libera el proyectil. En la actualidad devino en un dudoso juguete infantil que en muchos casos tiene mayor capacidad de daño que el instrumento primitivo.
Chamamé: Genero musical bailable del acervo folclórico argentino en especial de la provincia de Corrientes. Originariamente se bailaba debajo de las enramadas, de donde se supone que proviene su nombre
Iberá: Del guaraní ý berá, agua brillante. Región dominada por los esteros del Iberá que junto a un sistemas de lagunas naturales forman una amplia red de marismas y bañados que abarca entre 15.000 y 20.000 km² en la provincia de Corrientes, en el noroeste de la Republica Argentina. Es el segundo humedal más grande del continente. Los esteros crean barreras naturales tanto para el transito como para al orientación, lo que le permite conservar una fauna y flora muy singular. Entre los primero vale destacar el ciervo de los pantanos, el venado de las pampas, el carpincho, el yacaré y el aguará guazú. Entre la flora hay centenares de especies flotantes que por su parte suelen originar el fenómeno de embalsados, que en la región son conocidas como islas flotantes por sus dimensiones y desplazamiento.