Las luces artificiales ya no son necesarias en las calles, languidecen y se apagan. Los colectivos trazan monótonamente sus recorridos dentro de una fina y ligera cinta de automóviles que se desliza a través del microcentro, allí donde Luís prácticamente se escupe desde la puerta de su casa mientras se acomoda a medias la corbata con una mano y con la otra trata de equilibrar el maletín al ritmo del cuerpo.
Mira su reloj y lo compara con la esfera central. Blasfema. Se larga sobre la pista de peatones. Llega tarde a la entrevista más importante de su vida.
Medio millón es su deuda inmediata. Si lo extiende a través de los años con las respectivas tasas de intereses puede llegar al millón. Si no llega a tiempo para la entrevista perderá su empleo y sin él no tendrá como pagar la deuda y si la deuda no es saldada su familia perderá la casa. Se siente un estúpido por arriesgar su bien mas precioso por culpa de una inofensiva noche de juerga con los amigos, «solo unos minutos, son los muchachos» le dijo Juan, y el aceptó pues hacia más de dos meses que no los veía ya que el trabajo le absorbía gran parte del día, y la aventura con Natali también necesitaba de atenciones diarias, así que los muchachos quedaban un poco de lado, por ello considero justo tributarles aquellos instantes antes de ir a descansar para despertarse fresco para la entrevista con los representantes de Luna Prima.
—Seis de marzo. Maldición —Roberto escucha la fecha, la hora y la temperatura en el receptor, se percata de su negligencia, así que no piensa ni un segundo en girar vertiginosamente en medio de la salvaje cinta de automóviles que se desliza fuera del microcentro.
Siete años de casados al borde del abismo, y recién ahora se da cuenta de la razón. La tensión ya era excesiva durante los últimos siete meses, pero en esta semana ha llegado al límite. Roberto se prometió solucionar la situación en la primera oportunidad que tuviese. Ahora que la tiene la esta dejando pasar por mera distracción.
Si le lleva uno de aquellos canastos de flores que Matilde tanto adora quizás consiga una de sus sonrisas angelicales, si además lo acompaña de un pequeño banquete al mejor estilo del restaurante terráqueo Grodua allí quizás consiga el sosiego y la tranquilidad necesaria para detenerse a solucionar todos los malentendidos que se presentaron a lo largo del tiempo.
Antes de que todo comenzase Matilde era un autentico ángel. Delicada, llena de atenciones y con una sonrisa única. Pero sin razón alguna alteró toda su personalidad. Roberto cree que se debe a que él olvidaba sistemáticamente todas las fechas importantes, pero no por indiferente, sino más bien por distraído, así como ahora paso de largo al Grodua,
—Esto lo soluciono dando la vuelta.
—Yo se que hoy me toca quedar cuidando a papá, pero me están llamando desde el trabajo. bip, bip, bip.
—¿Por qué no pediste permiso? Sabes que esta muy grave, yo no puedo seguir aquí bip, bip, bip.
—Con este tema de la nave de Positrón mucha gente anda desquiciada, necesitan efectivos en la calle, nos necesitan a todos. bip, bip, bip.
—¡El que esta en este momento allí adentro agonizando en soledad es nuestro padre, es lo único que nos resta en común, una vez que él muera se termino todo. Él dice que se está muriendo, él quiere que en el instante de su muerte uno de sus hijos este de su lado! bip, bip, bip.
—Él nos enseñó el sentido del deber, de la responsabilidad, hubo un grave accidente en el microcentro cerca del Grodua. Yo soy el encargado de las unidades de ese lugar no puedo perder tiempo discutiendo con vos, te imploro este ultimo favor. bip, bip, bip.
—¡¡Esto es grave!! ¡En este momento mi empresa, la que paga el hospital, esta en completo caos por que hace cuarenta y ocho horas que han quedado bajo administración de un inconsecuente, yo también tengo una responsabilidad y voz la estas perjudicando con tu falta de carácter! bip, bip, bip.
—¡¡¡El punto es que papá ahora esta solo y nosotros dos estamos acá afuera, y yo no voy a entrar a cuidarlo hasta que me desocupe, así que o te quedas y le haces compañía o el viejo muere solitario como vivió en estos últimos días!!! ¡¡¡DECID...!!! BiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiIIIIIIIIIIIIIIIII...
Julio debería estar estudiando, pero prefirió salir a caminar mientras el sol comienza a tomar el control de la ciudad, en aquel instante en que las grandes columnas de transmisión energética de la ciudad ceden el escenario al astro rey. Este es el momento en que vale la pena poner un reproductor sonoro al oído y escuchar lo ultimo de la estación Terran Wide, ese punto disponible en todos los receptores y transmisores, que pocos utilizan, allí donde uno escucha todas las ondas cortas y ondas largas del mundo, (todos los idiomas de la lejana tierra) y Julio se siente vivo al lado de ese puñado de personas que dialogan solo para él como si fuesen parte del planeta perdido.
Escucha como se transmiten recetas milenarias dos radio aficionadas actuales, el mensaje desesperado de un inversionista al borde de la falencia, la muerte de un peatón en un accidente en el microcentro, el desesperado alerta de un hacker lunático, la descripción del atardecer en el margen del continente, allí donde el sol se puede ver en el limite de la tierra, el mar y el cielo, allí donde un cronista de gran inspiración sentado sobre las arenas de la playa obsequia a Julio con un sin fin de imágenes y sensaciones que excitan su imaginación a un punto tal que, una vez finalizado el relato de aquel espectáculo sin igual, Julio saca de su bolsillo un pequeño transmisor de la Terran Wide, se sienta sobre sus piernas cruzadas en el cemento y devuelve el favor narrando su férreo y titánico paisaje matinal.
—Ese mismo sol que a vos se te escapa nos llega de visita.
El reloj central se sitúa sobre la ciudad dominando todo el panorama urbano. Es una esfera ilusoria uno de los hologramas más avanzados del planeta y todo un símbolo del país alienígena. Es visible igualmente desde todos los ángulos y además de su ingenio óptico posee un ingenio energético que le permite autoabastecerse con la luz del sol.
Andrea contempla su obra por un instante y se pregunta si con ello ya no se ha eternizado, el hecho de que las generaciones futuras miren aquella esfera y luego pregunten por sus creadores, le inunda de una felicidad incontenible, algo que realmente le satisface anímicamente pero que no es suficiente para llenarle el estomago. Necesita continuar su trabajo, necesita un nuevo empleo y ya nadie la aprecia por la realización de aquel gigantesco planeta-reloj que flota en la nada, mostrando a todos los ciudadanos la hora exacta en su propio punto del planeta.
El tiempo, a pesar de su valor, es menospreciado y Andrea es consiente de ello, razón por la cual se sumerge nuevamente en su nuevo diseño óptico, una escultura de dimensiones ciclópeas que exalte la antigua tecnología humana: Una estatua holográfica móvil que adoptará la forma de quien la contemple, todo un desafío que será bien recompensado cuando este sobre Luna Prima.
El viejo Viandric Hallman se sienta sobre el anacrónico sillón y mira lúgubre a la ciudad destartalada. Seca su papada con un pañuelo y larga una bocanada de humo sobre su mordisqueada pipa.
Es consciente de que se acerca el desenlace. Él es en parte responsable de todo ello. Pero es posible que el sufrimiento lo purgue de su pecado. Mira al campo por última vez y se imagina el destino de todos los que condenó. Se imagina lo que deben estar haciendo ahora. Se imagina cuantos tuvieron suerte de perecer antes de la tragedia final. Imagina cuantos la desconocen.
Recorre con la vista el paisaje que se divisa desde su casa de campo y se vuelve a preguntar sobre el destino de los observadores que condenó. Se pregunta si realmente existían seres humanos en aquella infernal nave de positrones o eran solamente maquinas que simulaban vida. ¿Existirán más de ellos? ¿Será que lo odian? El viejo se pregunta si realmente son omniscientes, si son capaces de adivinar hasta los pensamientos más íntimos de las personas o solamente vigilar sus actos. Se pregunta si le hubieran denunciado de haberlos dejado. Se pregunta por que no se salvan aquellos que tienen conocimiento de todo lo que sucede sobre la faz de la tierra. Mira a la ciudad a la cual condeno y apaga su ordenador, entonces se pregunta.
—¿Quien será que creo aquel estúpido reloj?
El tiempo que corre y el tiempo que resta son de valor incalculable. Por primera vez en décadas la nave de positrones nos otorga un tiempo solo nuestro. Nada más de relatar, analizar o estudiar todo cuanto existe en la faz de este planeta y sus lunas. Somos una veintena de seres que mientras caemos estamos volcando nuestra naturaleza en la nueva red de la tecnomente para las futuras generaciones.
Mi función era la de analizar las vidas humanas dentro de un rayo de catorce grados de nuestro sistema orbital. Había otros en cada sector, pero todos fuimos derrotados por una suerte de alianza de corsarios informáticos. Individuos que invadieron nuestros sistemas, nos identificaron, dieron a conocer al mundo nuestra existencia y luego nos eliminaron por orden de Viandric Hallman. No sabían que carecíamos de sostén propio. No estábamos en órbita como nuestros registros hacían creer. No éramos un cuerpo real como indica nuestro nombre. La nave de positrones no era una nave física y no tenía positrones en su composición, sino que había sido creada por ellos. Éramos gotas entrelazadas por haces de luces y sostenidas por una gama peculiar de sonidos. Una nube inteligente. Nuestros transmisores sonoros fueron dañados cuando estábamos sobre la ciudad, eje del continente. Por eso nos estamos precipitando a ella en forma de lluvia, una lluvia que barrerá todo cuanto toque pues las luces son nuestra esencia, y una vez que nuestra esencia se disipe las hondas sonoras y luminosas quedaran fuera de control eliminando toda la ciudad de los terráqueos. Todo, salvo este reloj, tan similar a su propio planeta, a su propio pasado. Con vos tan similar a vos.