Estaba cansado. En modo alguno físicamente, lo reducido del modulo lo impedía. Se trataba de su mente, no se sentía con ánimos para aguantar ni un minuto más en aquella situación.
Pulsó todos los botones de la consola y esperó a que el sistema, sobrecargado, estallara. Tras un momento de incertidumbre recordó que el seccionador principal estaba desconectado y el cortocircuito de la consola no haría reventar la nave. Se dirigió al cuadro de fuerza y accionó el seccionador comprobando que, además, los limitadores automáticos primarios se habían fundido. Entre los recambios no quedaba ninguno del tipo que necesitaba.
Ni de ningún otro.
Reflexionó unos instantes y los sustituyó con alambres y trozos de metal. Cuando terminó la reparación regresó a la sala de mando. La consola seguía apagada. Volvió al cuadro y vio como solo diez de los limitadores automáticos secundarios funcionaban aún.
Repitió la operación de sustituir los fundidos y regresó a la consola. Únicamente la mitad de ésta era operativa. Destornilló pacientemente la tapa y repasó las conexiones deterioradas. Cuando esperaba la explosión se escuchó un crujido y todos los pulsadores volvieron a su posición normal gracias al mecanismo automático de seguridad.
Hastiado soltó los sellos de su traje de vacío y se quitó el casco pero, para su desesperación, la nave se había presurizado por si sola.
Intentó abrir la esclusa de entrada, pero como otros tantos subsistemas, tampoco funcionaba.
Por fin, sacó su pistola y apoyándola delicadamente contra la sien, apretó el gatillo.
No tenía munición.
Desesperado, estrelló la pistola contra la consola. Luego se sentó frente a ella y esperó.
En alguna de sus manipulaciones debió reparar inadvertidamente la radio porque, después de un agudo chirrido, una voz familiar inundó la sala.
—JAS 321, aquí MAMA 13, cambio.
Se quedó paralizado, escuchando incrédulo.
—JAS 321, aquí MAMA 13, cambio.
Cogió el micrófono apresuradamente.
—¡Aquí JAS 321! ¡Aquí JAS 321! ¡Soy el alférez Aguirre!
—Aquí MAMA 13, felicidades, vamos a rescatarlo.
Radiante, se llevó las manos a la cabeza y estalló en una salvaje risotada.
Seis minutos después moría con el diafragma colapsado a causa de las carcajadas.