Las condiciones en las que se desarrolló aquella expedición en las selvas de Artapane no pudieron ser más desalentadoras; la espesura era asfixiante, apenas unos rayos de luz verdosa se filtraban hasta el suelo, la humedad y el calor ablandaba las ropas y cerebros en igual medida, y atenazaba las gargantas haciendo casi imposible la respiración.
La exuberancia de la vegetación contrastaba con la monotonalidad verde que mostraba. Al no existir ningún tipo de vida animal en Artapane, no había sido necesario que las plantas desarrollaran flores de vistosos colores para asegurar su perpetuación. Al menos colores dentro del espectro visible, por lo que se dejaba adivinar en los curiosos tonos grisáceos de ciertas plantas.
Artapane, sin embargo, no era un planeta tropical. Solo cerca del ecuador se daban estas condiciones extremas, pero según se avanzaba hacia los polos el clima se endurecía, y con él, las características de las plantas, que dejaban de ser algo más que helechos gigantes, para convertirse en grandes arbustos coriaceos, o una especie de hierba de gran parecido a las hojas de las coníferas terrestres.
Vram, nuestro botánico, prefería pasar de vez en cuando algo de frío a soportar continuamente el tórrido clima ecuatorial, y así lo proclamaba en cada ocasión que le era propicia. Por fortuna, la expedición se trasladaría pronto hacia el norte, continuando con el estudio que nos había llevado hasta allí desde el mismísimo Polo Sur.
En ello estábamos, recogiendo especímenes y avanzando con dificultad a través de la enmarañada capa de plantas superficiales que cubrían el suelo cuando Vram se topó con una pared perfectamente vertical. Estaba cubierta por una variedad de vegetación colgante, que carecía del menor interés por ser una especie habitual de la espesura, y antes que perderse en la inútil búsqueda de un paso, Vram había decidido volver al campamento base para pedir un rastreo al satélite cuando algo llamó su atención.
A pocos metros de él, y pese a resultar difícil de diferenciar del resto de la vegetación, parecía como si la pared acabara en una arista también perfectamente vertical.
Consideró que bien pudiera tratarse de una formación natural, pero picado por la curiosidad siguió el perímetro de la pared. No había duda, se trataba de una construcción artificial. Antes de llamar a Sterneimayer liberó la pared del espeso tapiz vegetal que la cubría. Pese al musgo se adivinaba una sólida mezcla de piedra y argasama, como si estuviera destinada a resistir impasible el paso del tiempo. No esperó más, señaló a Stern su posición, indicando además la necesidad de que trajera algunas herramientas para desbrozar la vegetación.
Sterneimayer llegó una hora más tarde, con Frox y Cobo. Con sus palas y machetes comenzaron de inmediato a limpiar una de las paredes. Tras un par de horas de esfuerzo dejaron libre algo que bien podía ser una puerta, de un par de metros de ancho por uno de alto.
-No parece muy normal dar a una puerta de una sola hoja una configuración tan... curiosa -comentó Frox.
Vram examinó con cuidado la abertura.
-Los constructores podrían no haber pasado del medio metro de altura, ¿no? -raspó parte del musgo del dintel- Creo que ya se lo que ha pasado -dijo-, seguramente cuando se construyó esto el nivel del suelo era mucho más bajo. De hecho, según el satélite, el lecho de roca está a cinco metros debajo del nivel del suelo.
-¿Habrá que excavar tanto?
-No lo sé -dijo Stern-, en todo caso lo dejaremos para mañana, está empezando a anochecer y no tenemos equipo adecuado.
A la mañana siguiente volvieron a la construcción. Profundizaron un par de metros hasta llegar a un estrato sólido, a partir del que ensancharon el hueco dejando la puerta totalmente libre. Pese a lo que se esperaban no estaba trabada mediante ninguna cerradura o sello, simplemente limpiando la juntura y apalancando con una pala les dejó el paso franco.
En el interior de la edificación tan solo les esperaban una consola con varios pulsadores y una pantalla.
-Se diría que quien hubiera diseñado esto quería que cada función quedara perfectamente clara -comentó asombrado Sterneimayer.
-Al menos para alguien tecnológicamente avanzado -murmuró Vram.
-En caso contrario no estaríamos aquí.
Stern estudió con detenimiento la consola. Sobre cada pulsador se observaban símbolos, que supusieron indicaban el uso de cada uno. Stern apretó el más grande y llamativo y en un extremo de la consola se encendió una luz roja. Alentado por el éxito de su primera acción, pulsó otro en el que aparecían varias líneas horizontales contenidas en un pequeño rectángulo. Sobre una de las paredes apareció un largo texto.
-Increíble. -suspiró Stern- Esto debe ser una especie de testamento o última voluntad.
-¿Tu crees? -respondió escéptico Vram.
-¿A cuento de qué sino tanta molestia?
-Habrá que esperar al equipo de Salem para descifrarlo.
-¿Por qué? MADRE es capaz de hacerlo. Y si me permitís la sugerencia, creo que deberíamos dividir la expedición. Yo podría quedarme con Mariano y MADRE, trabajando sobre el texto, y el resto seguir con la investigación.
Durante la cena discutimos la propuesta de Vram. No hubo mucha oposición, exceptuando a Mariano, que prefirió seguir hacia el norte y Cobo, que se mostró fascinado por la construcción y la consola y prefirió quedarse..
Cuando un año GTM más tarde cuando entré en mi habitáculo, maldiciendo el frío polar y los helechos enanos, encontré un comunicado de Vram y Cobo marcado como urgente;
Por fin MADRE ha terminado de descifrar el texto. Tras una larga salutación viene el cuerpo principal de la información. Según parece estamos sobre el resultado de una guerra nuclear de dimensiones inimaginables, os transcribo una parte del texto que creo bastante significativa:
Ahora, viajero, debo dejarte. Todo sobre la superficie del planeta está muerto, solo quedamos con vida los que hemos tenido la suerte de poder entrar en un refugio, y, cansados y enfermos, no creo que duremos mucho más. Pero para este planeta aún queda esperanza, la tengo en la mano, son pequeñas semillas y algunos cultivos de bacterias. Son las variedades que creamos en los laboratorios pensando en colonizar nuevos mundos, mundos áridos e inospitos, pero que están irónicamente destinadas a devolver a esta roca quemada su antiguo esplendor, adiós viajero, y ten presente para siempre lo que has visto
Nada más. Cobo ha supuesto que los alrededores deben estar plagados de restos arqueológicos, y que incluso bajo la edificación debe haber todo un complejo antinuclear. Está empezando a excavar, y no le voy a contradecir, pero sin equipo pesado no va a conseguir nada interesante.
Dejé la nota, lo que menos me había esperado era el tono moralista del texto, pero al fin y al cabo, no se podía esperar otra cosa de un mundo absolutamente vegetal.
Hablé con Sterneimayer, y concluimos que la expedición había dado de si mucho más de lo previsto, y que ya era hora de volver a casa sin necesidad de esperar a Salem.
Recogimos a Vram y a Cobo y regresamos a la Tierra.