El sistema se derrumbó en unos meses.
Al principio hablaron de sabotajes y actos terroristas, algo evidentemente absurdo. Sin duda aquellos días colmaron los sueños mas fantásticos de los radicales anti-occidente y también jugaron su papel, pero sólo fue un factor más, un pequeño factor a sumar al afán autodestructivo de los que disfrutábamos de la mejor parte el pastel.
Nadie lo esperaba, nadie había previsto que todos los vaticinios de posibles catástrofes se cumplieran en unos pocos días.
Tanto tiempo después los recuerdos son leyendas y la verdad retazos enredados en los relatos de los nómadas. Sólo yo mantengo la memoria fidedigna de los hechos. Yo soy el último guardián del Sistema el último fedatario de la verdad.
Hace frío y nieva, los inviernos se alargan y los pasos de estas montañas permanecen cerrados mes tras mes, hace mucho tiempo que los nómadas no acuden a intercambiar sus mercancías, comienzo a preguntarme si soportar esta carga tiene algún sentido, si quedará alguien sobre la tierra a quien pueda servirle la verdad.
La energía se agota. Un nuevo error de de previsión, un fallo irreversible en un sistema diseñado para durar miles de años. Supongo que nadie tiene la culpa, bastante hicieron sus creadores con ponerlo en marcha en un tiempo de caos, donde conseguir componentes fiables era una quimera. No dispongo de repuestos para arreglarlo. He decidido desconectar los sistemas no esenciales, creo que así lograré prolongar su funcionamiento durante algunos meses.
Mientras investigaba la avería he hecho un curioso descubrimiento en una de las cuevas que no llegaron a usarse: botellas y botellas de whisky reposando en ordenados estantes del suelo al techo. Lo más probable es que estas grutas formaran parte de una destilería antes de instalar aquí nuestro refugio. He abierto unas cuantas, algunas estaban estropeadas pero otras se conservan magníficamente.
¡Los que diseñaron esto debía estar borrachos! ¡Todo es una mierda!. Lo soportes de datos se borran con los cortes de energía, ayer desapareció toda música y parte de la literatura. Cuando la alimentación falle definitivamente todo se perderá. ¡Que asco de tecnología! No me extraña que nuestro mundo se viniera abajo ante un par de epidemias y algunas bombas nucleares. Bueno supongo que también hay que añadir las mutaciones en las plantas transgénicas que arrasaron los campos de cultivos, las catástrofes climáticas y el pequeño meteorito que arrasó Centroeuropa. Se veía venir, ¡pero no! ningún estúpido se dio cuenta de que los avisos iban en serio. ¡Malditos egoístas incapaces de ver más allá de sus narices! Se lo tenían merecido, ¡Brindo por vosotros!
Ayer me pasé con la bebida y hoy me duele terriblemente la cabeza. Tengo que sobreponerme a la desesperación. Debo cumplir la misión que me fue encomendada, es el único camino para mantener la cordura, para encontrar un sentido a esta existencia solitaria aunque no quede nadie para recoger mi legado. Voy a imprimir todo lo que pueda, se perderán el video y el sonido, pero puede que el papel aguante en una de las cámaras acorazadas.
He comenzado por las matemáticas y la física, unos preciosos manuales llenos de gráficos, diseñados para alguien que probablemente desconozca nuestro idioma. Después continuare con el resto de nuestra ciencia y mas tarde con el arte. Dejaré la historia para el final, en el fondo no lamentaría que se perdiera, sería como si tantos crímenes y aberraciones nunca hubiesen ocurrido.
¡Joder! No se si reír, llorar o abrir otra botella. Debí haberlo supuesto. Las impresoras también han fallado.
Tengo delante una magnífica reproducción de las pirámides de Gizeh, parece que esas viejas piedras se resisten a caer en el olvido, no dejan de ser un buen símbolo de la grandeza y la estupidez humana.
Hice las tres cosas. Me decidí por la botella, reí carcajadas de locura y lloré lágrimas de desesperación. Ahora me martillean las sienes y vuelve a dolerme terriblemente la cabeza. Tengo que mantener la calma, hay papel y tinta en abundancia, sí no puedo confiar en las impresoras, continuaré a mano.
Llevo días garabateando signos que no comprendo sobre páginas arrugadas. Las luces han comenzado a fallar, parpadean, se apagan y vuelven a encenderse. He desconectado la calefacción y me caliento con hogueras y whisky. ¡Maldita bebida! Ayer, sin darme cuenta, arroje al fuego fajos y fajos de valiosas páginas, la última representación del arte de los hombres, incluidas las pirámides.
Estoy encerrado, la nieve ha bloqueado las puertas y hace días que no puedo salir a recoger madera para el fuego. No hay mucho material inflamable aquí dentro, en eso los estúpidos que diseñaron esto si fueron precisos. Gracias a dios aún dispongo de los estantes de la destilería, con un poco de suerte alcanzarán hasta el deshielo.
No hay deshielo sólo un eterno y largo invierno. Estoy terminando con las últimas estanterías y con las botellas. He dejado de copiar la información del sistema, ¿para qué? Utilizaré el papel que queda para calentarme cuando se acabe la madera.
Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, Edwar Gibbon. El título me resulta extrañamente sugerente, lo aparto a un lado. Ayer la energía falló definitivamente, las luces parpadearon, se apagaron y no volvieron a encenderse. Dispongo de suficientes linternas para alumbrarme mientras continuo reduciendo a cenizas los restos de lo que fuimos. Ya he terminado con la historia, he pensado que lo mejor será liquidar primero toda la literatura y el arte y dejar la ciencia para el final. ¿Por qué? No lo sé, de alguna manera creo que es lo único real, sus leyes permanecerán inmutables más allá del recuerdo de una especie que no se ganó su supervivencia.
Me tiemblan las manos, miró con ansiedad una de las últimas botella y abro una caja catalogada como ciencia ficción. La fundación, Dune, Crónicas Marcianas, El juego de Ender, Hyperion… Son títulos que me suenan de nada, mi padre, obsesionado con que aprendiera los secretos del sistema, no puso demasiado empeño en que leyera.
¡Mantener el sistema! Que irónico, que absurdo me parece todo eso ahora. ¿Acaso lo merecéis? No, no creo que merezcáis que nadie os recuerde, Yo soy el último, soy vuestro juez, os he juzgado y os he condenado. Sólo me quedan tres botellas y lamento más su final que el vuestro.