Para Mayito, su cuento

La última sesión del parlamento intergaláctico había decidido preparar una exposición con todas las armas que existieron en la historia de la confederación, así las actuales y futuras generaciones podrían apreciar aquello que estuvo a punto de destruir sus vidas o en otros casos, frenar el progreso de las sociedades.

Se recibieron modelos antiquísimos, entregados en su gran mayoría por arqueólogos e historiadores, y desde los museos de cada uno de los sistemas confederados. La muestra se completaría con un arma biológica que, recientemente, había sido encontrada por exploradores en un pequeño planeta de una muy lejana galaxia, a la que llegaron con la misión original de contactar posibles civilizaciones exteriores a la alianza.

El arma, de acuerdo a los reportes recibidos, era la más poderosa que jamás se hubiera conocido. Poseía la capacidad de reproducirse y un gran poder de autodeterminación, pues a la vez que lograban operar de forma individual, también actuaban unidas, aumentando así su letalidad; ello sin contar con que, al parecer, estaba dotada de algún programa que les desarrolló un nivel, aunque escaso, de inteligencia, que las hacía apta para crear diversos dispositivos y otros tipos de armamentos, biológicos o mecánicos, que generalmente utilizaban para destruirse entre ellas, pero que a su vez podían constituir, por si solos, una seria amenaza.

Los exploradores permanecieron en el planeta durante mucho tiempo, tratando de encontrar a quienes hubieran fabricado el arma; pero todo indicaba que en alguna época lejana los constructores habían perdido el control ante su creación y fueron exterminados por ellas, como ocurriera en muchas otras civilizaciones, ya colapsadas, donde las máquinas asumieron el mando después eliminar a sus inventores y luego no fueron capaces de sostener una sociedad en solitario.

La nave se acercaba con su peligrosa carga y en la medida que se aproximaba crecía la expectación entre todos los reunidos en el aeródromo, pues se conocía, además, que las dimensiones de aquella eran considerables, aumentando así los riesgos de su traslado.

La comunicación telepática con los miembros de la tripulación se mantuvo en todo momento, el consejo de ancianos siguió detenidamente cada detalle de la travesía y ahora, llegado el momento, se aprestaban, vestidos con sus mejores galas, a recibir la nave.

La cápsula descendió pesadamente hasta posarse sobre el colchón magnético de la base sideral del comando elite de exploración.

Los miembros del destacamento fueron apareciendo por la escotilla de entrada, cuya puerta había caído en forma de rampa, precedidos por el comandante de la misión y los restantes oficiales; finalmente la jaula, con un poderoso enrejado antigravitacional, sostenida por artificios mecánicos de última generación, surgió desde la mortecina luz violeta del interior de la nave. En su interior, un hombre intentaba, en vano, librarse de las invisibles ataduras que lo fijaban por sus extremidades a la misma.

Todos en el auditorio movían nerviosamente sus grises colas dentadas y un gruñido de aprobación se generalizó de inmediato.

© Edgar Jerez González, 2004

Creado: 21 de diciembre de 2004
Última actualización: 30 de septiembre de 2007 a las 09:08  Bienvenida  Mapa del Sitio