La noche del --- regresaba yo de una larga reunión nadarresuelve en mi trabajo cuando, casi a mitad de camino, sentí unos terribles mareos y síntomas de asfixia que me obligaron a detenerme y sentarme en el borde de la acera.

El simple acto de caerme al no encontrar el bordillo no me sorprendió tanto como recobrarme poco a poco del malestar y hallarme en este lugar, en pleno día, aunque parece que aquí no anochece, en lo que más se acerca a una plaza, rodeado por estos seres y completamente desnudo.

¡Oh, Sapiente Humanidad! Se me ha honrado a mí, el peor de tus átomos, con la tarea de transcribir para la Gloriosa Posteridad estos asombrosos hechos que marcarán un hito en la Feliz Historia de este Humilde Pueblo, tal como ocurrieron.

Este mediodía, mientras un risible mago de feria anunciaba su próximo espectáculo en el mercado, tras uno de sus pueriles sortilegios, de la nada apareció este curioso extranjero causando tremenda conmoción e irritación entre los presentes.

Una Falaz Agresión como esta merece un castigo de su mismo peso, de forma que las autoridades que allí acudieron presentaron a este forastero que desconoce la vestimenta la Esfera de la Mínima Expresión y lo instaron a que penetrara en ella. El extranjero, por primera vez, nos muestra su poder, negándose a penetrarla y haciéndole muecas a las autoridades mostrándole la rabia que sentía.

Vista la imposibilidad de reducirlo a la nada y puesto en conocimiento el país completo de estos sucesos (es asombroso cómo siempre se demuestra que la diseminación del chisme es muchísimo más veloz que la de cualquier otra información), nuestros Bienamados Gobernantes interésanse por el extranjero y requieren a las autoridades que sea trasladado a la sede.

Los curiosos seres, muy parecidos entre sí con esos batilongos que se ponen, visiblemente alegres por mi presencia, me rodean a poca distancia sin proferir un sonido y, al poco rato, dos de ellos me regalan una bella burbuja de infinitos colores que refulgía a la luz de (primera vez que lo notaba) los dos soles que alumbraban el lugar. Bellísima burbuja, pero ¿qué iba a hacer con ella en la casa?, lo más seguro es que la policía se enterara y se formara el rollo ahí mismo. Así que con mucha pena, sonriéndoles les dije que no con la cabeza (si ellos no hablaban, yo tampoco, no fuera a ser que estuviera prohibido, donde fueres, haz lo que vieres), declinando cortésmente el asombroso regalo.

Si aún creía que estaba en la Tierra, participando en la filmación de la segunda parte de Shiralad, lo que a continuación vi acabó de despertarme: frente a mí, a escasos 100 metros, se materializó en fracciones de segundos un ciclópeo edificio. Nada parecido a los que acostumbramos a ver, cero esquinas abruptas, mucho cristal y materiales refulgentes, un desafío al MICONS.

Dos de ellos, tal vez los anteriores, se me acercaron extendiéndome un batilongo rosado iridiscente (un color algo fu), se me había olvidado que estaba desnudo, aunque inconscientemente me había acercado de espaldas a una pared (nadie sabe qué costumbres tengan estas gentes) y mantenía las manos tapándome el ya ustedes saben. Como pude, me vestí y acto seguido apareció un vehículo con tres asientos en el que entraron ambos y luego yo. No había terminado yo de pestañear y estábamos ya, fuera del vehículo, en lo que supongo el interior del edificio.

Allí estábamos en una inmensa sala con un ceremil de gentes de pie, en el fondo había como un estrado y unos cuatro o cinco sentados, me pasó por la mente la imagen de una corte palaciega.

Nos acercamos al estrado (más exacto fuera decir que éste y su contenido fueron los que se acercaron), cuyos asientos estaban ocupados por los que parecen ser los principales, en número de cuatro, los de en medio con los asientos un poco más altos. El del extremo izquierdo extendió su mano, llamándome y hacia allá caminé.

¡Uy! Horror Infinito estremeció todo nuestro mundo a la par que el extranjero es conducido a nuestra presencia. Aún vestido, su desemejante físico resulta chocante. Sólo estábamos inmunes nosotros cuatro, las Bienamadas Primeras Personas: los dos Bienamados Soles y sus hijos (un servidor, y mi hermana, la sin par Bella y Serena Damisela) las Bienamadas Primeras Lunas.

Por el bien de la Gloriosa Posteridad seré extremadamente exacto en mi descripción aún cuando en estos momentos yo, el Primer y Láureo Poeta, estoy transido de emoción por el instante que me ha tocado vivir. Ser testigo de un hecho excepcional en nuestro mundo que...

¡Oh!, perdón, Días Futuros, debo narrar...

Mi Enormemente Hermosa hermana fue la primera en reaccionar, característico en ella, tomó la iniciativa y, aunando todo nuestro desprecio, conjuró mortalmente al entrometido foráneo:

-¡Húndete al fondo del abismo sin fondo!

Y comenzó la catástrofe...

El extranjero la miró, efectuó unos extraños movimientos con sus piernas, cogió su mano y lanzó el hechizo.

Al instante, el aire vibró levemente con unas cristalinas ondas que percibimos los que más cerca de él estábamos. Duró poco, pero nos envolvió aquel hechizo dejándonos sin razón. El extranjero, consciente del efecto de su contraataque, repitiólo, esta vez con mayor potencia y duración. Movía su cabeza a todos lados a medida que atacaba.

Entremezcláronse sensaciones y pensamientos. Dolorosos gritos, casi aullidos, se fusionaban con sensuales gemidos de placer y el horror iba de la mano con la risa.

-¡Detenedlo! ¡Aléjenlo de aquí!- rugió nuestro Refulgente Padre. Elimínenlo de una vez.

-¡Que nadie ose tocarlo! ¡Háganle daño y conocerán mi ira!

Congeló a todos en sus sitios el grito de mi hermana. Una rápida búsqueda en sus razones me hace saber que extrañamente ama al extranjero. Su segundo comando me confirmó la veracidad de esta horrible sensación:

-¡Llevadlo a los aposentos para invitados de honor! ¡Nadie en este mundo se le asemeja, lo amo, lo deseo, me uniré a él e iniciaremos una nueva estirpe que hará renacer este asco de mundo!

La respuesta de nuestro padre no demoró un instante:

-¡Nadie contradice mis órdenes, ésa es la ley!

-¡Absurdas viejas leyes que trajeron la decadencia de todo nuestro sistema solar!- contesta mi hermana.

¡Sacrilegio! Lo que sucedió a continuación es indescriptible.

Tomé la mano que me ofrecía, era suave y caliente. Hice una genuflexión galante tal como he visto en filmes y libros:

-A sus pies, queri...- era difícil determinar el sexo y tartamudeé hasta que pude decir- Vuestro humilde servidor, Alteza.

Un ligero cambio en sus semblantes me indicó que les había causado grata impresión, por lo que decidí dirigirme también a todos los presentes. Dominando enteramente la situación, alcé la voz para demostrar que nada temía:

-Estimados participantes, en el marco de esta asamblea, me pronuncio por traerles nuestro más caluroso saludo y deseos de prosperidad. Además, les patentizo nuestra incondicional solidaridad en vuestra lucha proletaria contra el explotador régimen imperialista que mantiene un injusto bloqueo tratando de retardar y desvirtuar su inminente desaparición a manos de la clase destinada a ser su enterradora. ¡Vivan las MTT! ¡Todos a la Plaza a ratificar nuestra condición de vanguardias! Aleja a tus hijos del alcohol. ¡Yeyo, compadre! ¡Cuba sí, yanquis no!

Un profundo silencio de respeto acogió mi discurso. Nadie había hablado hasta el momento, pero ahora estaba yo seguro que mi presencia y mis palabras habían sido efectivas. Me lo demostraba el hecho de que, primero poco a poco y luego en masa, los participantes se marchaban a contar en sus casas lo que habían presenciado. Digo se marchaban, pero realmente desaparecían súbitamente por la acción de algún transportador espacio-temporal portátil que poseyeran.

Los cuatro de la tarima rebosaban de alegría y satisfacción, no dejaban de mirarme embobecidos, esperando que continuara mi discurso, pero no soy adicto a robarme el show en ningún lugar, así que agradecí con mi mejor sonrisa, farfullé algunas disculpas y me dediqué a mirar el público.

Aparecían y desaparecían las gentes, de momento se llenaba el salón y segundos después quedaban pocos. Al mirar por las ventanas, noté que lo mismo sucedía en los alrededores con las edificaciones. Para ver mejor subí dos o tres escalones de la tarima, parándome justo al lado de quien me había llamado.

Un vehículo apareció frente a mí, con cuatro asientos y dos conductores, invitándome claramente a dar una gira por la ciudad.

-Gracias -les dije- ¡Coñoooo, está bacán el perol ese! ¿Qué marca es, Hyundai? Debe ser de este año, o fabricado al pedido. ¿A cuánto está el dólar en la calle?

Ambos se fueron enseguida a averiguar lo que les pregunté. Viraron y no me contestaron. Lo siento por ellos, pero yo no voy a dejar que me lo den todo gratis:

-No se preocupen por mí, yo no estoy en eso. A mí el dinero me alcanza. ¿Venden pizzas por aquí cerca?

Otra vez desaparecieron para consultar con sus jefes, y regresaron sin decirme nada. Ahora estaba cabrón yo, pues, a tanta insistencia, les voy a chulear la gira y me voy a hartar y curdar de gratis.

-Ok, no hay problema. No vamos a discutir por eso, ya tendré ocasión de pagar.

Bueno, pues parece que acabé por molestarlos porque se marcharon y no volvieron. Al rato, por fin, el de al lado mío se montó adelante en el asiento del chofer (el carro no tenía timón visible, y mucho menos ruedas) y yo me senté a su lado.

¡La guerra! ¡El Odioso Espectro de la guerra otra vez entre nosotros! ¡Caiga la mayor de las desgracias sobre este abominable ser que ha deshecho en un instante la Paz y Felicidad de nuestro mundo! ¡Oh, cruel e incomprensible Universo!

Dos facciones dividen lo que antes era un Floreciente Jardín. Mi Bella Hermana encabeza un cada vez más numeroso y fuerte ejército de seguidores que se enfrenta a las tropas regulares de mis padres. Y yo, desdichado de mí, al margen, preso entre dos fuegos tan feroces como nuestros Gemelos Soles. Seis de nuestros mejores Soldados Avanzados fueron derrotados por el Malhadado Extranjero en tres intentos de arrestarlo.

(… se desvanece...)

Esta historia, o pedazo de historia, se repite, exactamente igual, una y otra vez cada vez que me acerco al oído el extraño caracol negro que me encontré entre los escombros de la construcción del Teatro Heredia.

No es que suene, ya lo comprobé introduciéndole un micrófono lo más adentro que cupo, sin poder amplificar ni grabar sonido anormal alguno, pero al acercarlo a la oreja puedo percibir claramente las dos voces por encima del sonido normal de los caracoles.

Ningún adulto se lo lleva al oído y me da pena pedirle a alguien que lo haga. Sólo mis sobrinas y otros niños juegan con el caracol, escuchándolo un rato cada uno, pero me mandan a callar cuando les pregunto qué oyen con tanta atención.


Notas

Ministerio de la Construcción, organismo rector y definitorio de las construcciones civiles en la República de Cuba. (N. del A.)

Milicias de Tropas Territoriales. Organización militar popular del pueblo cubano. (N. del A.)

© Sitrom Rogir - Daniel Tasé Guerra, 12 de junio de 2004

Creado: 28 de septiembre de 2004
Última actualización: 01 de agosto de 2010 a las 10:04  Bienvenida  Mapa del Sitio  Enlace permanente