Y cuando despertó el dinosaurio seguía ahí, sonriente, en el espejo, en el lugar donde debería estar su rostro.
Me he arrancado los ojos para no tener el peligro de tropezar conmigo en los espejos, ni para que un buen día de estos me vea al final de la calle del brazo de una esposa gorda y satisfecha con cinco niños a mi alrededor.
El espejo empezó a reírse como un cristal al oír el nombre de Blancanieves. ¿esa?, no le llegaba ni de lejos a la Reina, mujer de mítica belleza que hasta un ser de vidrio podía admirar. La Reina apagó el espejo cuya imagen se condensó en un punto luminoso antes de desaparecer. Silenciosa fue leyendo la caja de alegres colores en la cual llegó el espejo. ¡ TENGA USTED TAMBIEN UNO! mientras en su interior aleteaba la duda. Tomó un catálogo de SEARS SU TIENDA AMIGA tal vez para dejar de dar vueltas a la idea de un posible engaño. ¿Qué encargar para deshacer su inquietud? ¿Cremas limpiadores del ego? ¿alabanzas por kilo? ¿Un metro de admiración? ¿Qué, en realidad?
Se puso de pie y encendió el espejo.
—Dime, espejito, ¿quien es la más bella?
—Tú, Reina mía.
Tuvo que esperar por espacio de unos anuncios para volver a preguntar (dime espejito ¿Quién es la más bella?) y escuchar la respuesta que deseaba (tú, Reina mía) y a la cual no creía, y sin embargo esperaba los malditos anuncios para hacer la pregunta (¿quién?) y escuchar lo mismo (tú) hasta el infinito.
La salamandra vive en el fuego no para demostrarnos que puede hacerlo, ni para que sea usada como el símbolo de la supervivencia; un espejo de virtudes humanas. Lo hace porque su alimento es, primordialmente, la ceniza fresca del ave Fénix.
Te envío con esta carta el espejo que no te llevaste, lo único que dejaste en mi casa; a mí no me sirve de nada pues no he logrado sacar de él tu imagen.
Mil páginas cuidadosamente redactadas negando a los fantasmas. Mil páginas escritas apuntaladas en cientos de teologos, científicos, estudiosos del tema. Mil páginas certificandolo sin lugar a dudas: no existen.
El punto final fue un alivio para mi alma.
Miré el espejo frente a mí, y el libro sobre el escritorio cerrándose sin que nadie lo tocara.