
El Enterprise emprende rumbo hacia el Imperio Romulano, el que iba faltando en la macromegasaga cósmica Star Trek (ya habían aparecido los borg, y por favor, ¡ya no más klingons!) Se supone que debería venir la paz o algo así, algo bastante improbable porque si todos los enemigos de la Federación se hacen amigos, ya no se pueden hacer más películas Star Trek (o eso, o se inventan villanos nuevos) Nada más llegar hasta donde los romulanos, se encuentran con que éstos son manipulados por un indeseable llamado Shinzon, que tiene sendos planes para hacer caldo con los humanitos. Y ahí no acaba la cosa: Shinzon no es un romulano, sino que es humano. Peor aún: Shinzon es (¡¡¡CHACHÁN!!!) un clon del Capitán Picard. Ahora la tripulación del Enterprise lucha no sólo para salvar a la Federación, sino tambiuén para preservar el patrimonio genético de su bienamado capitán, y que, oiga usted, tiene que valer un dineral, toda vez que él es el único que sabe actuar en toda la Nueva Generación.

Esta película tenía que ser icónica, por varias razones. En primera, los filmes de la Nueva Generación no habían funcionado tan bien en taquilla ni en crítica (y con razón) como los clásicos con Kirk y compañía. En segunda, aunque habían tenido un momento álgido con PRIMER CONTACTO, lo cierto es que después del despeñadero que había sido INSURRECCIÓN era difícil pensar en continuar la saga, así es que se acababa la gallina de los huevos de oro, máxime considerando que por ese tiempo se había cancelado la serie Star Trek: Voyager, y Enterprise había comenzado de manera harto vacilante. En tercera, la Nueva Generación ya estaba pasando a la jubilación, y la pechugona Marina Sirtis ya estaba envejeciéndose en su rol de alienígena empática, así como antaño a Nichelle Nichols habían comenzado a pesarle los años desde que se calzara la minifalda de Uhura. En cuarta, era la décima película, y en nuestro sistema de notación numérica índicoarábigo de base 10 y con cero, era mejor tener un Viaje a las estrellas 10 que quedarse en un Viaje a las estrellas 9, particularmente si ese 9 había sido un producto tan infame como INSURRECCIÓN. Así es que se dejaron de tratar de emular cosas filosóficas, y se fueron a la carne, a lo esencial, o sea, a una historia puramente mitológica, con un villano también mitológico en Star Trek, cuales eran los incomprendidos romulanos. El resultado, pues bien... Fue mejor que INSURRECCIÓN, pero no es mucho decir, porque en realidad cualquier película, trekkie o no, es mejor que ésta, con algunas deshonrosas excepciones.

—¿Se habían imaginado ustedes alguna vez ver una película de Star Trek gótica...? Esta lo es. Estando por todo lo alto la moda gótica, Star Trek se sumó. La trama de viaja al Imperio Romulano para sacar de ahí al villano es la versión trekkie del viejo cuento del castillo del vampiro. Los decorados son oscuros, los trajes amplios, la apariencia de los villanos es vampírica. De lejos, lo mejor y más recomendable de esta película es el apartado visual, distante años luz de la característica estética iluminada de las películas anteriores y las series de televisión. Incluso el propio villano, Shinzon, entabla una especie de relación vampírica con el Capitán Picard, ya que pretende capturarle para sustraerle el ADN que le permitirá escapar de una enfermedad degenerativa incurable (un villano víctima de una maldición gótica: la muerte inminente) Ya por el puro planteamiento, inusual en Star Trek, esta película merece un visionado, aunque la trama no sea arreglada de la mejor manera (al final todo acaba en la clásica batallita entre naves espaciales, por cierto bastante cutre y predecible) y no se ahonde mayormente en la relación entre el héroe y el villano, que prometía dar mucho jugo de sí, y al final quedó en pulpa molida. Pero en fin.
Ideal para: Ver una de Star Trek con sucedáneos de vampiros y castillos góticos. Y que además parece ser la última de la Nueva Generación, y así como va el asunto, también la última de Star Trek, al menos en muchos años.