LA IRA DE KHAN
LA IRA DE KHAN EE.UU., 1982
Título original: Star Trek II, The Wrath Of Khan
Dirección: Nicholas Meyer
Guión: Jack B. Sowards
Producción: Paramount Pictures
Música:James Horner, Alexander Courage
Fotografía: Gayne Rescher
IMDb:
Reparto: William Shatner (James T. Kirk); Leonard Nimoy (Spock); DeForest Kelley (Dr. Leonard McCoy); James Doohan (Montgomery Scott); Walter Koenig (Pavel Chekov); George Takei (Hikaru Sulu); Nichelle Nichols (Uhura); Bibi Besch (Dr. Carol Marcus); Merritt Butrick (Dr. David Marcus); Paul Winfield (Clark Terrell); Kirstie Alley (Saavik); Ricardo Montalban (Khan Noonien Singh); Ike Eisenmann (Midshipman Peter Preston)

Este es, a mi juicio, el mejor largometraje de todos los protagonizados por la tripulación clásica de la Enterprise. Tras una primera incursión cinematográfica que no resultó tan afortunada como se esperaba, LA IRA DE KHAN significó un regreso a las historias clásicas trek, marcadas por la emoción y la aventura.

STAR TREK: LA PELÍCULA, fue un éxito relativo. Recaudó 175 millones de dólares y pareció gustar bastante a los trekkies. Pero no acabó de cuajar del todo. Era Star Trek, pero en muchos aspectos no parecía Star Trek. En vista de ello, a la hora de realizar LA IRA DE KHAN la Paramount decidió poner al frente del proyecto a Harve Bennett, un productor televisivo de éxito que comprendió a la perfección lo que esperaban los fans. Bennett tenía claro que había que recuperar el genuino espíritu de la serie televisiva. Así que lo primero que hizo fue ver todos los episodios clásicos. Le gustó muchísimo uno de la primera temporada, SEMILLA ESPACIAL, y decidió basarse en el mismo para crear el nuevo largometraje. El siguiente paso fue la contratación de Nicholas Meyer, un estupendo director que ya había rodado todo un clásico de la ciencia-ficción, LOS PASAJEROS DEL TIEMPO.

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El mayor problema que tuvo Bennett fue la negativa de Leonard Nimoy, que no quería volver a interpretar a Spock. Bennett, que tenía algo de psicólogo, logró convencerle preguntándole qué le parecería rodar la muerte de Spock. Nimoy, bastante harto de que se le identificara constantemente con el vulcano en detrimento de sus otras interpretaciones, aceptó encantado. Un grave problema añadido fue que, de alguna forma, los trekkies se enteraron de que Spock moriría en esta aventura, y bombardearon a la Paramount con decenas de miles de cartas protestando enérgicamente. Nicholas Meyer resolvió la situación magníficamente durante los pases previos del filme, al principio del cual se presenciaba la muerte de Spock durante una simulación de combate en la Academia de la Flota Estelar. Tras la simulación, el vulcano resucitaba y el espectador trekkie podía respirar aliviado y disfrutar plenamente del resto de la aventura, sin sospechar que al final Spock moriría realmente…, aunque no de forma definitiva, pues Bennett, muy acertadamente por cierto, decidió rodar la escena del ataúd de Spock en la superficie del Génesis, no prevista en el guión original, para sugerir la posibilidad de una continuación.

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Se crearon dos personajes nuevos, el doctor David Marcus, un joven científico hijo natural de Kirk, y la teniente Saavik, una hermosa oficial mestiza, mitad vulcana, mitad romulana. El personaje de David Marcus nunca llegó a ser aceptado plenamente por los fans, entre otras razones porque nunca fue suficientemente desarrollado y porque los trekkies no acababan de entender cómo su ídolo, el honesto James Tiberius Kirk, podía haber desatendido a su hijo durante tanto tiempo. Saavik sí que fue aceptada por los aficionados, convirtiéndose en uno de los personajes más queridos por los trekkies, a lo que contribuyó sin duda la magnífica interpretación, llena de matices, de Kirstie Alley.

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Bennett y Meyer querían que los trekkies se sintieran realmente a gusto con la película y no escatimaron esfuerzos. Puesto que en SEMILLA ESPACIAL Khan había sido interpretado por Ricardo Montalbán, se pusieron en contacto con este gran actor de origen hispano y le propusieron volver a interpretarlo en una nueva aventura trek. Montalbán, aunque apenas se acordaba ya de su papel en aquel episodio, aceptó sin dudarlo demasiado, y realizó una de las mejores interpretaciones de su carrera, logrando hacer de Khan Noonien Singh uno de los villanos más recordados y queridos no sólo de Star Trek, sino de la historia del cine.

Los efectos especiales de la primera entrega fílmica fueron maravillosos y abrumadores, pero en cierto modo habían anulado un tanto el desarrollo de la historia. La Paramount no quería que ocurriera lo mismo con LA IRA DE KHAN, por lo que asignaron a esta producción un presupuesto muy ajustado, podríamos decir que magro, en comparación con los de las películas posteriores de la franquicia, con excepción, quizás, de LA ÚLTIMA FRONTERA. Además, la producción del filme fue encargada al departamento televisivo de la Paramount, y se decidió que, de no alcanzar la suficiente calidad técnica y artística, se proyectaría en televisión y no en salas comerciales. De los efectos especiales se encargó la empresa de George Lucas ILM, que llevó a cabo un trabajo excelente a pesar del reducido presupuesto con el que contaron.

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Pese al ajustadísimo presupuesto, Star Trek II presentó interesantes novedades que hicieron las delicias de los trekkies. Como la Flota Estelar, a pesar de sus programas científicos y exploratorios, es básicamente una organización militar (aunque no militarista) se diseñaron nuevos uniformes para sus miembros, inspirados en los de los Húsares del siglo XIX, uniformes que se utilizarían, con algunas variantes, hasta La Próxima Generación. Los phasers también cambian su configuración, y aquí podemos ver un originalísimo diseño de pistola fásica que es mi favorito entre todos los aparecidos en la saga, pero que desgraciadamente no volvería a aparecer.

Pero la novedad tecnológica más importante que ofrece LA IRA DE KHAN es la USS Reliant. En TOS sólo conocimos las naves de la clase Constitution, aparte de las klingon y romulanas. En esta aventura podemos disfrutar, por fin, de un nuevo modelo de nave federal. La Reliant es una nave de clase Miranda, un diseño que, al igual que los de las clases Constitution, Oberth y Excelsior, éstos dos últimos estrenados en En Busca de Spock, serían ampliamente utilizados en posteriores series y largometrajes.

La batalla final entre la Enterprise y la Reliant es una de las mejores que se hallan filmado. Nicholas Meyer decidió rodarla como si de un enfrentamiento entre un destructor y un submarino de la II Guerra Mundial se tratara. Las descargas estáticas y el gas de la Nebulosa Mutara interfieren con los dispositivos tácticos de las naves, provocando el mal funcionamiento de las pantallas de visión y dejando inoperativos los deflectores de combate. Con ambas naves prácticamente ciegas, se consiguió potenciar la analogía con un combate naval entre buques aliados y submarinos germanos, de los que se dieron por centenares en la llamada Batalla del Atlántico. Personalmente, disfruté muchísimo con este enfrentamiento entre la Enterprise y la Reliant, y también con los de AQUEL PAÍS DESCONOCIDO, claramente inspirados en esta película, no en vano fue dirigida también por Nick Meyer.

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Vamos ahora con las pifias de la película, no muchas pero sí notables. Lo primero que llama la atención es el sorprendente cambio de look de Khan y sus boys. En el episodio televisivo fueron presentados con aspecto indoasiático, muy morenitos ellos y de tez aceitunada. Pero en esta película todos son rubitos y blancos, al más puro estilo WASP. No es que la cosa tenga mucha importancia, pero resulta ciertamente chocante.

Otro error destacable de LA IRA DE KHAN se refiere al comandante Pavel Chekov. Éste y el capitán de la Reliant, Terrell, se transportan al planeta Ceti Alpha V, creyendo que es el Ceti Alpha VI. Cuando son capturados por los supervivientes del Botany Bay, Chekov reconoce a Khan y éste le reconoce a él. ¿Cómo es posible esto? Me explico . SEMILLA ESPACIAL, el episodio en el que se basa esta aventura, pertenece a la primera temporada de TOS, cuando Walter Koenig todavía no trabajaba en la serie. La primera aparición de Chekov en Star Trek fue en el primer episodio de la segunda temporada, titulado LOS CUATRO GATOS (CATSPAW) y para entonces, según la cronología oficial trek, hacia ya bastante tiempo que Khan y sus acólitos habían sido abandonados en Ceti Alpha V. Chekov, no obstante, podría estar enterado de lo ocurrido por el banco de datos del ordenador central de la Enterprise, lo cual explicaría que reconociera a Khan al tenerlo frente a si. Pero es imposible que Khan conociera a Chekov, por lo que, como buen trekkie, me quedé pasmado cuando éste le dijo al bueno de Pavel aquello de que le recordaba muy bien porque nunca se le olvidaba una cara, y añadió lo de señor Chekov. Éste es uno de esos fallos de continuidad que a los trekkies nos cuesta perdonar, aunque entendamos que pueda deberse a un lápsus de los guionistas.

Tampoco es creíble eso de que se transporten a Ceti Alpha V creyendo que era Ceti Alpha VI. Khan explica que este último planeta explotó seis meses después de que Kirk los abandonara allí, y que la conmoción cambió la órbita del mundo en el que se encontraban, arrasando por completo su superficie. Vale, pero eso no explica el tremendo error de la tripulación del Reliant. Estamos en el siglo XXIII, con una tecnología de diez pares de bemoles. La Enterprise estuvo por ahí el año 2267 y seguro que cartografió la zona. Cabe suponer que, para la época en que transcurre el film, esa información esté en los bancos de memoria de los ordenadores de todas las naves de la Flota. Los sofisticadísimos bancos de sensores de la Reliant deberían haber detectado las alteraciones gravitacionales provocadas por la destrucción del sexto planeta del sistema. Por otra parte, y como sabemos todos, es imposible que existan dos planetas exactamente iguales. ¿Es que a nadie a bordo de la Reliant se le ocurrió, ni por casualidad, comparar los datos del ordenador sobre Ceti Alpha VI con los que sin duda estaban recogiendo los sensores sobre el planeta que tenían bajo ellos?

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También hay ciertas inexactitudes científicas referidas a la batalla dentro de la Mutara Nébula, aunque en este caso fueron necesarias para intensificar el dramatismo del combate final entre ambas naves estelares. La nebulosa nos la muestran como un objeto gaseoso entre rojizo y verduzco, lo cual se ajusta bastante a la realidad, pues las nebulosas están compuestas por gas a muy baja densidad, helio e hidrógeno, generalmente, aunque también poseen elementos más pesados, tales como oxígeno, nitrógeno y carbono. Cuando las naves se aproximan a la nebulosa, vemos el gas en movimiento, cubriéndolo todo como un hermoso velo. Pero también vemos inmensos relámpagos que iluminan sectores de la nebulosa, representando descargas eléctricas que suponemos generadas en el gas, fenómeno que no existe en estos objetos estelares, pero que fue introducido en la película para darle más espectacularidad. La teniente Saavik informa a Kirk de que las descargas estáticas y el gas interfieren con los sistemas de la nave, impidiendo el correcto funcionamiento de las pantallas visoras y de los escudos defensivos. Esto, naturalmente, no es correcto, aunque venga de perlas para aumentar la emoción de la película. Lo cierto es que el gas de las nebulosas, aunque visible desde nuestro planeta, es muy tenue, con una densidad de unas pocas partículas por metro cúbico, por lo que no podrían afectar a los sistemas de ninguna nave.

A pesar de los errores antes mencionados, creo que LA IRA DE KHAN es una de las películas más logradas de la saga fílmica trek, sólo igualada por la magistral PRIMER CONTACTO. Un tanto más a favor de esta estupenda película es lo bien que ha envejecido, pues a pesar de haber sido rodada hace un cuarto de siglo, sus efectos especiales siguen encandilando al buen aficionado a la ciencia-ficción.

LA IRA DE KHAN. Cien por cien Star Trek. Todo un clásico del género que abrió el camino para las siguientes aventuras cinematográficas trek, que han llegado hasta nuestros días. Una obra que debería ocupar un lugar privilegiado en la videoteca de todo amante de la ciencia-ficción.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.917 palabras) Créditos