En 1977 se estrenó LA ESPÍA QUE ME AMÓ, décima película (obviando la paródica CASINO ROYALE) del ciclo o saga de James Bond, más conocido como 007. Al término de los títulos de crédito finales, y como era habitual en esta saga fílmica, aparecía un rotulito informando al espectador del inminente regreso de su espía favorito en una nueva aventura. En este caso la película de 007 que debería haberse rodado inmediatamente después de la citada al principio era SÓLO PARA SUS OJOS. Sin embargo, en 1979 se anunció a bombo y platillo el inminente estreno de MOONRAKER. ¿Qué había ocurrido? Muy sencillo. Unos meses después del estreno de LA ESPÍA QUE ME AMÓ llegó a las pantallas del mundo entero STAR WARS (LA GUERRA DE LAS GALAXIAS en España) una space opera que arrasó en taquilla he hizo dar al cine de la época un giro de 180 grados. Inmediatamente se pusieron de moda las películas espaciales y las carteleras cinematográficas se llenaron de historias galácticas la mayoría de las cuales, justo es decirlo, eran infames.
El fabuloso éxito del film de George Lucas convenció a Albert Cubby Broccolli, dueño y señor de los derechos de 007 para el cine, de la necesidad de crear una historia espacial para James Bond. Así que se retrasó la producción de SÓLO PARA SUS OJOS y todo el equipo de la saga Bond se embarcó en un nuevo proyecto, destinado a aprovechar el tirón espacial generado por STAR WARS. El resultado fue MOONRAKER, una de las aventuras más divertidas y autoparódicas del personaje.

Veamos el argumento. Una nave espacial americana, que era transportada por un Boeing 747, desaparece sin dejar rastro y el Servicio Secreto británico sospecha que ha sido robada. La nave había sido prestada al gobierno inglés por una poderosa compañía norteamericana especializada en tecnología aeroespacial. M, jefe de la Unidad 00, encarga a Bond, encarnado por Roger Moore, que investigue la desaparición del vehículo espacial y 007 parte hacia California para iniciar sus indagaciones en el cuartel general de Industrias Drax, la todopoderosa empresa americana constructora de la Moonraker, nombre dado a ese tipo de naves. Allí conoce a Hugo Drax (interpretado por Michael Lonsdale) inquietante multimillonario que está tan obsesionado con la conquista del espacio que hasta dispone de un centro espacial propio que poco o nada tiene que envidiar a Cabo Kennedy. Una hermosa mujer que, como es natural, cae rendida en los brazos de Bond, ayuda a éste a descubrir algunos de los secretos que Drax guarda en su caja fuerte. Su colaboración con el agente británico es descubierta por el siniestro magnate, que la hace asesinar. 007 también sufre dos atentados contra su vida, de los que, por supuesto, sale ileso. En la sede de Industrias Drax, Bond ha conocido también a una bella científica (personaje al que da vida la actriz tejana Lois Chiles) que resultará ser miembro de la NASA y agente encubierta de la CIA. La aventura adquiere a partir de aquí un ritmo trepidante, que apenas da un respiro al espectador. Bond se dirige a Venecia, porque en la caja fuerte de Drax encontró unos extraños planos que representan unos recipientes cristalinos de formas poliédricas y la dirección de una empresa cristalera veneciana. Una vez en la hermosa ciudad del Adriático se convertirá en el objetivo de un grupo de asesinos a sueldo, dirigidos por Tiburón, al que conocimos en LA ESPÍA QUE ME AMÓ, uno de los mejores villanos de toda la saga, magníficamente interpretado por el gigantesco actor Richard Kiel. Al llegar a la empresa cristalera, 007 descubrirá que ésta es sólo la tapadera de un laboratorio en el que científicos a sueldo de Drax experimentan con un misterioso gas, mortal para los seres humanos pero inofensivo para los animales y plantas.

Bond informa a M de lo que ha descubierto y ambos se presentan en el laboratorio secreto de Drax acompañados por agentes de inteligencia y policías italianos, pero el laboratorio ha sido desmantelado y sólo encuentran allí al imperturbable Drax, que se burla, a su manera fría e impersonal, del peculiar sentido del humor británico. Por suerte Bond había conseguido hacerse con una pequeña muestra del gas, que entrega a su superior para que sea analizado por Q. Durante uno de sus enfrentamientos con los hombres del magnate, que le persiguen incansablemente para eliminarle, 007 descubrió que la gente de Drax estaba trasladando material y equipo a Río de Janeiro y hacia esa ciudad brasileña se dirige de inmediato. Allí se encontrará de nuevo con la doctora, a la que también había visto en Venecia. Los dos agentes deciden unir sus esfuerzos para averiguar lo que trama el villano. Pronto descubren que la gente de Drax se traslada de nuevo con rumbo desconocido, aunque todo parece indicar que su base secreta se encuentra en algún lugar de la jungla amazónica. Tras una espectacular y divertidísima pelea entre Bond y Tiburón en un teleférico, la doctora es hecha prisionera por los hombres de Drax y 007 debe continuar solo. Q ha analizado el gas y descubierto que se obtiene a partir de una rarísima orquídea que sólo vive en determinada zona de la jungla. Equipado con una fabulosa motora proporcionada por el inestimable Q y dotada, como es natural, de sofisticados medios de defensa, nuestro héroe parte hacia la jungla. Aparece de nuevo el indestructible Tiburón al frente de tres lanchas que atacan a la de Bond, pero éste logra vencerlos de nuevo.
Por fin logra dar con la base secreta, y después de vérselas con una monstruosa serpiente pitón, se encuentra de nuevo con Drax y con su fiel Tiburón. El villano le muestra con cierto orgullo las magníficas instalaciones que ha levantado aprovechando las ruinas de una antigua civilización extinguida. El multimillonario ha convertido el lugar en un impresionante centro de lanzamiento de naves espaciales. Por fin conocemos el plan de Drax, que no es otro que exterminar a toda la Humanidad lanzando el gas mortífero desde el espacio. Drax admite también que fueron sus hombres los que robaron la nave prestada a los ingleses, porque en la cadena de montaje habían descubierto que tenía un defecto importante y querían subsanarlo sin que nadie se enterase. Después Bond es trasladado a una sala situada justo bajo las toberas de una de las Moonraker que van a despegar. Drax quiere incinerar de ese modo a 007 y a la doctora, con la que Bond se reúne en aquella estancia (nunca mejor empleado el adjetivo) infernal.
Pero 007 tiene recursos para todo y empleando uno de los artefactos ideados por Q, consiguen salir de allí apenas un minuto antes de que se enciendan los poderosos motores del transbordador espacial.

Tras escapar de la trampa mortal que les ha tendido el magnate, suplantan a los pilotos de una de las Moonraker que van a ser lanzadas al espacio. Drax ha construido en secreto una enorme estación espacial, dotada de sistemas que la hacen totalmente indetectable por los radares, y hacia ella convergen las seis naves lanzadas. Bond y su compañera descubren que el cargamento de su nave lo componen varias parejas de hombres y mujeres, todos ellos jóvenes, sanos y fuertes. Al llegar a la estación, Drax explica su plan a sus seguidores: toda la población humana del planeta será exterminada con proyectiles cargados de gas letal. Después, las parejas de jóvenes de ambos sexos desembarcarán en la Tierra y la repoblarán, creando una nueva Humanidad, una raza de seres físicamente perfectos que será gobernada por el propio Drax desde la cuna incorrupta de los cielos.
La pareja de agentes secretos son descubiertos, pero nuevamente logran eludir a la muerte y Bond consigue desactivar el sistema de camuflaje de la estación. Los radares terrestres la detectan y la NASA envía una nave repleta de marines del espacio. Tras la espectacular batalla final, la muerte de Drax y la destrucción de la base espacial, los agentes aliados logran destruir las cápsulas de gas mortal que Drax había disparado, evitando que entren en la atmósfera y expandan su veneno.

Bueno, esta es a grandes rasgos MOONRAKER. Una típica y tópica película de 007 que, sin embargo, puede gustar al aficionado a la ciencia-ficción por la historia que cuenta y por cómo esta hecha. Como todas las de la saga de 007, goza de muy buena factura. La ambientación, los decorados y los efectos especiales son de primera y en el momento de su estreno, allá por 1980, fue un éxito de taquilla. Vistos hoy, los FX de MOONRAKER pueden parecernos normalitos, pero en 1979 eran muy avanzados. Tanto las Moonraker como la lanzadera que emplean el coronel Scott y sus marines espaciales son unas hermosas maquetas que imitan a la perfección el diseño del transbordador espacial de la NASA, que bautizado como Columbia volaría al espacio por vez primera en la primavera de 1981. La estación espacial es similar a muchas otras vistas en películas y series televisivas, con sus seis esclusas para el atraque de las lanzaderas y su gravedad artificial generada por rotación. El centro espacial de Drax en California, el laboratorio secreto en Venecia, el centro de lanzamiento en medio de la selva del Amazonas y el diseño interior de la estación espacial están muy logrados y cumplen su función a las mil maravillas. Se nota que Broccolli tenía dinero y sabía utilizarlo. Los FX están al servicio de la historia que se cuenta, no al revés, como suele suceder con demasiada frecuencia en el cine actual.
MOONRAKER nos ofrece unas estupendas dosis de space opera, sobre todo hacia el final. Casi todas las aventuras de 007 acaban con una batalla campal entre las huestes del villano de turno y los refuerzos que le envían a Bond sus superiores. Aquí podemos disfrutar de un espectacular enfrentamiento espacial, librado entre astronautas equipados con trajes de vacío autopropulsados y pertrechados con sofisticadísimas armas. La mochila propulsora que llevan los hombres del coronel Scott existe en la realidad, aunque no los fabulosos proyectores láser gemelos con que va equipada en la película. El tiroteo entre los astronautas de la NASA que pretenden abordar la estación y los que salen a detenerles es impresionante, y adquiere tintes épicos gracias a lo bien filmado que está y a la magnífica música de fondo. A mi juicio esta batalla sólo ha sido superada, siempre refiriéndonos a la franquicia de 007, por la fascinante batalla de submarinistas de OPERACIÓN TRUENO.
Vamos ahora con las pifias de la película, que también las tiene, aunque mencionaré sólo las que más cantan.

Hoy estamos habituados a la presencia de mujeres en las misiones espaciales, y hemos visto que suelen llevar el cabello recogido con un casquete de cuero, porque si dejasen suelta su cabellera en condiciones de gravedad cero ésta flotaría molestamente alrededor de sus cabezas, confiriéndoles un aspecto bastante cómico por cierto. En MOONRAKER hay varias escenas que se desarrollan en un ambiente ingrávido, pero me referiré sólo a una de ellas. Cuando 007 desactiva la rotación de la plataforma y la ingravidez se hace patente, el cabello de Lois Chiles y de las demás actrices continúa en su posición normal a pesar de no estar sujeto por casquete alguno, aunque ellas se mueven como si estuviesen ingrávidas.
Hablemos ahora de la estación espacial. Se nos informa de que está equipada con una especie de sistema de ocultación que la hace invisible a la detección por radar. Sabemos que existen aviones de combate diseñados para ser invisibles al radar. La plataforma espacial de Drax mide más de doscientos metros de diámetro. ¿También dispone de un sistema para interferir los aparatos ópticos, o sea, los telescopios? ¿Es que ningún astrónomo aficionado enfiló su lente, aunque fuera por casualidad, hacia el lugar en el que estaba la estación? Francamente, considerando el número de aficionados a la astronomía existentes en el mundo, algo así es difícil de creer. Y todavía hay otra cosa. Construir un artefacto semejante en órbita habría requerido docenas de vuelos de las Moonraker. ¿Cómo es que ninguno de esos despegues, vuelos orbitales y posteriores aterrizajes fue detectado por alguna de las muchas estaciones de seguimiento que EE UU y otros países tienen repartidas por toda la superficie terrestre?
A pesar de estas pifias sigo pensando que MOONRAKER es una aceptable película. Sin que pueda definírsela estrictamente como de ciencia-ficción, posee suficientes atractivos para un aficionado al género. Y para los aficionados a las curiosidades hay que decir que incluye un peculiar homenaje a la leyenda de LA BELLA Y LA BESTIA. Si no la visteis en su día no os la perdáis. Obra menor pero con diversión asegurada. ¿Qué más se puede pedir?