LA GUERRA DE LOS MUNDOS
LA GUERRA DE LOS MUNDOS EE.UU., 1953
Título original: War Of The Worlds
Dirección: Byron Haskin
Guión: Barré Lyndon
Producción: George Pal
Música: Leith Stevens
Fotografía: George Barnes
IMDb:
Reparto: Gene Barry (Clayton Forrester); Ann Robinson (Sylvia Van Buren); Les Tremayne (General Mann); Lewis Martin (Pastor Matthew Collins); Robert Cornthwaite (Pryor)

LA GUERRA DE LOS MUNDOS es una de las obras más relevantes de la historia de la literatura de ciencia-ficción por la influencia que tuvo en el desarrollo del género. Esta fue la primera vez que se relataba una hipotética invasión de la Tierra por seres de otro mundo, marcianos en este caso. La novela se convirtió en un referente para todos los aficionados a la ciencia-ficción, y aún hoy puede leerse con agrado, si pasamos por alto todos los descubrimientos científicos, más o menos recientes, que han acabado con el mito de la vida inteligente en el planeta rojo.

En 1938, un jovencísimo Orson Welles aterrorizó a los norteamericanos con su logradísima versión radiofónica de esta obra. Mucha gente creyó realmente que los marcianos estaban invadiendo la Tierra, y en algunas ciudades americanas se vivieron escenas de pánico e histeria. Nunca antes un programa de radio había provocado un efecto semejante, lo que venía a certificar que la novela de H. G. Wells seguía conservando toda su fuerza más de cuarenta años después de haber sido publicada.

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Byron Haskin

En 1953, el director Byron Haskin fue contratado por el productor George Pal, para el que realizaría cuatro películas: LA GUERRA DE LOS MUNDOS (WAR OF THE WORLDS, 1953); CUANDO RUGE LA MARABUNTA (THE NAKED JUNGLE, 1954); LA CONQUISTA DEL ESPACIO (CONQUEST OF SPACE, 1955) y EL PODER (THE POWER, 1967) De estos cuatro títulos, LA GUERRA DE LOS MUNDOS fue el más taquillero y también el más perfecto, tanto a nivel artístico como técnico. Ésta y CUANDO RUGE LA MARABUNTA, son las películas por las que es más recordado este gran artesano del cine de Serie B que fue Haskin.

Las producciones de Pal se caracterizaban, al igual que las de la mayoría de sus colegas, por sus ajustadísimos presupuestos y por el empleo de FXs más bien rudimentarios. LA GUERRA DE LOS MUNDOS no fue una excepción en este sentido, pero a pesar de las limitaciones técnicas de la época y de la magra inversión económica, Haskin logró filmar uno de los títulos más memorables del cine de ciencia-ficción de todos los tiempos.

El programa de radio de Orson Welles era una adaptación libre de la obra de Wells. La película vino a ser como una compilación de ambas obras, la literaria original y la adaptación radiofónica, y tomó elementos de las dos versiones, aunque el desarrollo argumental tuvo que acomodarse a los cánones del cine fantástico de su tiempo.

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American Way Of Life

La acción de la historia, que en la novela transcurre en la Gran Bretaña decimonónica, se trasladó a los EE UU del presente (los años 50) La cuestión religiosa, que en la obra de H. G. Wells adquiere inequívocos tintes de crítica social, catalizada a través del personaje negativo del vicario, es abordada en la película de forma radicalmente distinta. En el film, la religión, la necesidad de creer en un Dios que está por encima de todas las cosas, alcanza una importancia capital en el desarrollo de la trama. Sobre todo cuando se confirma que nada, ni siquiera el arma definitiva de la época, la bomba de Hidrógeno, puede detener a los invasores extraterrestres. La religión está muy presente en la película desde el principio, representada en el personaje del sacerdote que sacrifica su vida intentando comunicarse con los seres de otro mundo. Otro ejemplo: cuando la aviación, o lo que queda de ella, se dispone a lanzar la bomba H sobre los invasores, un científico asegura que, si falla, los marcianos se adueñarán de la Tierra en seis días, y Silvia (Ann Robinson) que interpreta a la sobrina del sacerdote, responde que ese es el mismo tiempo que tardó Dios en crearlo. Silvia le cuenta a Forrester (Gene Barry) que de niña se perdió en la ciudad y acabó refugiándose en una iglesia. Más adelante, casi en el clímax de la película, cuando parece que se aproxima el fin de la humanidad, Forrester, que busca desesperadamente a la muchacha entre la destrucción causada por los marcianos, les comenta a unos policías militares que la joven se ha perdido, pero que sabe dónde encontrarla. Y en efecto, el científico recorre las iglesias de la ciudad hasta que en una halla a la muchacha. Esta constante referencia religiosa quizás nos resulte algo cargante hoy, pero en su época fue muy valorada por el público y la crítica.

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Implacables e imparables

La mayoría de los filmes fantásticos suelen acabar con una escena espectacular en la que los humanos derrotan a sus enemigos, sean éstos seres alienígenas o monstruos creados por la radiación atómica o por experimentos científicos. El desenlace de LA GUERRA DE LOS MUNDOS no tiene nada de espectacular. Las poderosas máquinas de guerra marcianas van estrellándose una tras otra, al morir sus tripulantes víctimas de la acción de los gérmenes y bacterias de nuestra atmósfera, contra los que nosotros estamos inmunizados, al tiempo que la solemne voz en off del narrador (sir Cedric Hardwicke en el original en inglés) nos informa de que la humanidad se ha salvado gracias a los seres más pequeños que Dios ha puesto sobre la Tierra.

Vista hoy, medio siglo después de su realización, esta película tiene todo el encanto y la magia de la mejor Serie B. Haskin era un director muy competente y llevó a cabo un trabajo espléndido. Los FXs, aunque modestos, son magníficos. Las máquinas de guerra marcianas ostentan un diseño muy original, que se convertiría casi en un icono de la ciencia-ficción. Estos artefactos muestran un aspecto muy amenazador, con ese curioso cañón telescópico que vomita rayos desintegradores y se mueve de un lado a otro con la inquietante lentitud de una serpiente cobra. Los artilugios marcianos también están equipados con otros dos proyectores de rayos, uno a cada lado del fuselaje, que disparan cortas cintas luminosas de color verde, que, al igual que el rayo de su proyector principal, vaporizan todo lo que tocan. El sonido producido por estas pavorosas máquinas al desplazarse también resulta muy inquietante. En cuanto a los marcianos propiamente dichos, nos los presentan como unas criaturas antropomorfas, pequeñajas, cabezonas y con un solo ojo enorme, dividido en tres secciones de color rojo, azul y verde. Aunque sólo vemos con detalle a uno de ellos, hay que reconocer que está muy logrado.

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Bicho feo en tricomía

A pesar de las limitaciones presupuestarias, se rodaron algunas escenas impactantes. Durante el primer enfrentamiento con los invasores, al emplear éstos su rayo de la muerte, vemos a uno de los soldados correr envuelto en llamas. Este efecto, que en el cine actual ya no llama la atención, era una novedad en los años 50, y el especialista que lo llevó a cabo en LA GUERRA DE LOS MUNDOS se jugó la vida.

Otro tanto a favor de esta maravillosa película es la excelente interpretación del elenco de actores que en ella trabajan. No hay aquí grandes estrellas de Hollywood. En los títulos de crédito aparecen los nombres de los actores en un mismo plano, con Gene Barry y Ann Robinson a la cabeza, pero con el mismo tamaño de letra, sin que destaque ninguno de ellos. Si nos fijamos un poco, veremos que todos y cada uno de los actores de esta película eran rostros habituales en otras producciones de Serie B, como por ejemplo Robert Comthwaite, al que vimos en EL ENIGMA DE OTRO MUNDO. Todos eran grandes profesionales, que sabían meterse en sus papeles con naturalidad, haciendo su trabajo con una muy agradecida mezcla de dignidad y eficacia. Gene Barry alcanzaría cierta fama por sus trabajos en TV, sobre todo interpretando al famoso pistolero Bat Masterson en la serie homónima de mediados de los 50.

El productor del film, George Pal, tuvo una irregular carrera como director, de la que sólo puede destacarse EL TIEMPO EN SUS MANOS (THE TIME MACHINE, 1960) una correcta adaptación de la novela de Wells LA MÁQUINA DEL TIEMPO, protagonizada por Rod Taylor.

LA GUERRA DE LOS MUNDOS. Una estupenda muestra del cine de ciencia-ficción que se hacía en el Hollywood de los años 50 del siglo pasado. Si tenéis oportunidad de verla, no la dejéis pasar. No os arrepentiréis.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.357 palabras) Créditos