Zektivs: las nuevas estrellas mediáticas cuyas proezas en la carretera se siguen sin aliento en todos los rincones del mundo. Son los modernos gladiadores de las multinacionales, hombres y mujeres dispuestos a jugarse la vida para defender un contrato en duelos sobre el asfalto.
Richard Morgan extrapola a partir de los vientos neoliberales que azotan la sociedad contemporánea y recrea un futuro próximo donde la globalización ha llegado a sus ultimas consecuencias. Hipnótica e inapelable. Leyes de mercado se proclama en ambición y resultados la primera gran novela de ciencia-ficción del nuevo milenio.
Novela cuidada en sus formas, ágil y que mantiene siempre un ritmo de lectura constante y sin altibajos, prueba de la habilidad de este capaz escritor. LEYES DE MERCADO es una novela que cuida los personajes, complejos, bien definidos, muy humanos, detallados y llenos de matices. La historia es la habitual del héroe que progresa en una sociedad enferma, lleno de contradicciones y arrastrando sus propios fantasmas. La novela explica la evolución del personaje, de como a medida que progresa modifica su conducta y sus bases éticas para sobrevivir.
Sin embargo, un defecto curioso es, que teniendo personajes bien trabajados, todos son muy parecidos entre sí, con sus propias miserias y virtudes, pero con formas de razonamiento similares.
Aún así la novela funciona muy bien. Su inicio hace suponer algo banal y muy juvenil, pero desemboca en la crítica feroz de los efectos del mercado salvaje, del capitalismo sin ataduras, sólo en algún momento muy bien situado se explica cual es el origen de este mundo tan perverso, pero no por ello menos realista y plausible.
LEYES DE MERCADO es una novela que habla de personas y de la supervivencia por encima de cualquier otra ley. Morgan muestra salvajes carreras de coches, a modo de combates de neo-gladiadores, para expresar que no existe ninguna ética cuando el dinero impone su ley. Un mundo donde el aparato político es puro cartón-piedra y las empresas acaparan tanto poder que funcionan como estados, donde no existen los ciudadanos, sólo los consumidores.
Los derechos de la novela se han comprado para realizar una película, que mucho me temo, se quedará solo en los combates de coches, lo mas superficial y pueril de toda la novela.
Richard Morgan me ha dado pie a leer más novelas suyas, buena ciencia-ficción, aquella que nos habla del futuro a la vuelta de la esquina; la más compleja de escribir pero también la más creíble. La de un mundo en decadencia y en autodestrucción constante, donde las diferencias de clases son infinitas. Una auténtica selva no de cemento en este caso, sino de asfalto y curvas peraltadas.