Si existe un escritor especializado en las ucronías ese es el estadounidense Harry Turtledove. Con una extensa obra en inglés, desde hace unos años se está procediendo con la traducción de sus novelas al castellano. Tras AGENTE DE BIZANCIO, con el exitoso desembarco de la Armada Invencible en Inglaterra en 1588, y EN PRESENCIA DE MIS ENEMIGOS, donde en el 2010 la Alemania Nazi domina el Mundo, ha llegado el turno de AGENTE DE BIZANCIO.
El Punto Jumbar, o momento de divergencia con nuestra línea temporal, se encuentra a finales del siglo VI, cuando el mercader Mahoma, en uno de sus viajes de negocios a Damasco, descubre a Cristo, ingresa en la Iglesia Ortodoxa y se convierte en uno de los más importantes poetas religiosos de toda la historia, creador de lemas como No hay más Dios que el Señor y Jesucristo es su hijo. Tanto que así que después de muerto se convierte en San Mahoma.
Todo esto significa que el Islam no existe. Hay que recordar que fueron los musulmanes quienes después de conquistar el Imperio Parto, rival del Imperio Romano desde la creación del mismo, fueron desgastando la mitad oriental de éste a lo largo de los siglos, proceso que culminó con la conquista de la capital, Constantinopla, en 1453. Así que de un plumazo, ambos estados sobreviven y con ello la guerra fría entre ellos subsiste.
Esto es muy importante para el argumento, ya que la segunda mitad de la novela está dedicada en exclusiva a los enfrentamientos entre agentes secretos de ambos bandos, concretamente el esloveno Basylios Argyrios, que es el Agente de Bizancio al que se hace referencia en el título de la novela, y la persa Mirrane. Y todo en el mejor estilo de la obra de Ian Fleming, John Le Carré, y tantos otros.
Al empezar la novela, situada a mediados del siglo XIV, Argyrios es un joven capitán de caballería, quien tras una exitosa misión de infiltración en el limes del Danubio, ingresa en el cuerpo de magistrianoi, los agentes secretos imperiales. Esto significa una nueva vida para un montañés que jamás se habría imaginado que a lo largo de los años viajaría por todos los rincones del Imperio y aún más allá.
Eso es mucho movimiento, ya que al no tener que defenderse de los constantes ataques de los invasores musulmanes, el Imperio puede destinar esfuerzos a consolidar los territorios reconquistados durante el reinado de Justiniano. Así, además de la parte oriental original, han recuperado Italia, Africa (el continente desde el Mediterráneo hasta el Sáhara), Hispania y la actual Provenza, en el sur de Francia.
Cuando transcurre la acción, es una época de tranquilidad y estabilidad, que no durará mucho ya que están soplando vientos de cambio en forma de una serie de innovaciones sociales y científicas, que si son conocidos por los dirigentes del Imperio es en gran parte debido al trabajo del protagonista. Lo que es más, acostumbra a descubrir unas posibilidades en las que sus inventores no pensaron.
Tanto es así que su jefe, el armenio Georgios Lakhanodrakon, le comenta a menudo que tiene un sexto sentido para encontrar una utilidad a las innovaciones. Y éste es una de las pocas cosas que chirrían en la novela, el que Argyrios está siempre en el lugar justo en el momento justo. La otra es que todos los descubrimientos se producen con mucha rapidez. En fin, se aceptan por exigencias del guión.
Sobre la evolución de las relaciones entre ambos personajes, al principio de la novela Basylios es uno más de sus subordinados. Pero al tener éxito en las misiones que le encomienda, su opinión sobre él mejora. No sólo lo asciende sino que lo admite en su círculo interno, con lo que ello supone de ser invitado a fiestas donde entra en contacto con miembros de la aristocracia. Pero el protagonista no goza de estos privilegios por la simpatía de su jefa, sino que se los gana a pulso en misiones de tal importancia que, de haber fracasado, podrían haber tenido nefastas consecuencias para el Imperio.
La primera parte de la novela es la más extensa, y en ella se narra el hallazgo de los diferentes inventos. A continuación, y tras una aventura de transición donde se hace un descubrimiento y a la vez se utiliza otro anterior, vienen otras dos en las que los personajes se dedican a sacar el mejor partido posible a algunos de estos hallazgos, en un par de casos de forma muy espectacular.
Es en este momento en que hace su aparición la espía persa Mirrane. Se nos presenta como una beldad oriental, en la que se encarna el verdadero significado de la expresión armas de mujer. Efectivamente, no duda en seducir a quien sea necesario, el mismo Basylios se encuentra entre ellos, en pro del éxito de la misión que su emperador le haya conferido. Todo muy profesional.
Al compartir el mismo trabajo, ocurre que ella y el protagonista son muy parecidos. Ambos tienen una firme fe en sus dioses respectivos y se encuentran entre los mejores agentes de cada bando, con la única diferencia que algunos detalles indican que la persa es más cercana a su monarca que el romano. Así que es inevitable que nazca entre ellos un respeto mutuo, que podría convertirse en algo más profundo si no fueran enemigos.
Relacionado con todo esto, hay que hablar de una clara semejanza entre el protagonista y James Bond: el que ambos agentes actúan sólo cuando se descubre que el enemigo ha iniciado una misión. Como el ínclito Caballero de La Mancha, son desfacedores de entuertos, entuertos destinados a desestabilizar el Imperio y detrás de los cuales acostumbra a encontrarse Mirrane.
Pero también hay diferencias entre ambos espías, y cual mejor que el pesado trabajo de despacho en que el romano se ve envuelto frecuentemente y que es totalmente ausente en las películas del Agente 007, concentradas en el glamour del trabajo de campo. Naturalmente que existe, pero antes hay una minuciosa investigación, esto hace la novela más creíble, otro punto a favor.
Un aspecto que no podemos dejar de lado es el fino sentido del humor que empapa todo el libro y que aún hace más atractiva su lectura. Además de algunas conversaciones y detalles aquí y allá, como la reacción del protagonista ante un nuevo vino, los engaños de Argyrios o varios aspectos de la resolución de una huelga en Alejandría.
En resumen que estamos ante una novela muy recomendable, que crea una realidad alternativa totalmente creíble, que en ningún momento se hace pasada y que consigue que el lector desee que en los próximos meses y años se continúe con la traducción al castellano de las ucronías de Harry Turtledove. Sólo hay un pero y es que se acaba muy bruscamente, dejando al lector con ganas de leer más.