LAS MÁSCARAS DEL TIEMPO
LAS MÁSCARAS DEL TIEMPO
Robert Silverberg
Título original: The Mask Of Time
Año de publicación: 1968
Editorial: Ultramar
Colección: Ciencia-Ficción nº 92
Traducción: Alberto Solé
Edición: 1989
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Francisco José Súñer Iglesias

Este es un libro desconcertante. Resulta curiosísimo como el argumento central de la historia, esto es, la venida de un visitante del futuro, resulta notablemente más creíble que una buena cantidad de pasajes en apariencia de un realismo incontestable, pero que finalmente aparecen rodeados de un halo de irrealidad bastante considerable. El problema es que esa irrealidad no viene dada por algún elemento extraordinario o distorsionador, sino por la propia endeblez de los argumentos que la sostienen.

Veamos: Jack Bryant un joven y brillante científico establece las bases teóricas que proporcionarán a la humanidad un suministro barato, limpio y casi ilimitado de energía. Jack por si mismo, ni siquiera su universidad, están posibilitados para hacer efectiva esa teoría, el aparato industrial que se necesita para desarrollarla hasta conseguir un resultado viable es enorme, pero ese no es el problema, la idea se puede patentar o darla al dominio público, tanto da, el caso es que, una vez dentro de la cadena industrial, lograría que la civilización dejara de depender de los hidrocarburos y otras fuentes de energía de menor rendimiento o de manipulación peligrosa, y conseguir al fin un desarrollo estable y sostenible.

La reacción de Jack Bryant es tan absurda que sigue sin caberme en la cabeza. Según Silverberg (por boca de Jack) un descubrimiento de ese calado supondría un descalabro de dimensiones inimaginables para la economía mundial. Resumiendo: la sociedad tal y como la conocemos colapsaría y se iría al carajo. Obviamente se producirían unas conmociones más que notables, sobre todo porque los actuales productores de petróleo se quedarían sin su principal (y a veces única) fuente de ingresos, pero también es obvio que a los principales consumidores de esa energía les daría igual conducir un coche impulsado por vaya usted a saber que extraño principio que uno de explosión, y la indiferencia acerca del origen de la electricidad que les llega a sus casas sería exactamente la misma que ahora: infinita.

Tan abstrusas dudas morales, que además suponen una buena parte de la novela entre charlas, confesiones y simples disgresiones, consiguen convertir el supuesto argumento principal en una historia casi costumbrista, esto es, que un supuesto viajero del futuro llegue a la Piazza de Spagna en las navidades de 1999 y se convierta durante un año en el auténtico rey del mambo mundial. Vornan, que así se llama el turista, consigue epatar a media Europa tras su aparición triunfal junto a la casa de Keats en Roma. Allá por donde pasa es agasajado y se le permite casi cualquier cosa, circunstancia de la que se aprovecha con una desenvoltura y descaro incontestables. Cuando llega a Estados Unidos un grupo bastante variopinto de científicos es reclutado para hacerle de guía, entre ellos Leo Garfield (curioso nombre), amigo de Jack y narrador atormentado del libro.

Vornan consigue desesperar a todo el mundo sin por ello atraer su ira gracias un extraordinario encanto personal, mezcla de candidez y malicia, tanto es así, que finalmente acaba por crearse un culto religioso a su alrededor. Además está lo ambiguo de su origen. En todo momento se cuestiona que verdaderamente sea un viajero del futuro, sus indicaciones acerca del tiempo del que viene son ambiguas y evasivas le convierten en un taimado estafador, pero por otro lado lo peculiar de su comportamiento y toda una serie de particularidades fisiológicas dejan en suspenso cualquier clase de sospecha de fraude.

No creo que a nadie le queden dudas de que Silverberg es algo más que un competente narrador. Sin embargo, el cansino relato de Leo, y sobre todo los planteamientos morales de Jack, hacen de este libro una chocante mezcla de sucesos extraordinarios, pero perfectamente plausibles, y de dudas éticas de difícil asunción.

Se dice muy a menudo que la realidad supera a la ficción, pero en este caso la ficción es la que resulta lógica, la realidad no.

© Francisco José Súñer Iglesias, 18 de septiembre de 2007 Créditos

Creado: 18 de septiembre de 2007
Última actualización: 23 de septiembre de 2007 a las 09:02  Bienvenida  Mapa del Sitio