LO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ
LO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ Ward Moore
Título original: Bring The Jubilee
Año de publicación: 1955
Editorial: Martínez Roca
Colección: Super Ficción Segunda Época, nº 113
Traducción: Cristina Macía
Edición: 1989
ISBN:
Precio: Descatalogado

El aficionado a la ciencia-ficción se siente tan identificado con la ucronía que nunca ha dudado en adoptar las especulaciones sobre Historia (con mayúscula) alternativa como una de las muchas manifestaciones del género. Hay quien considera que no debería ser así, que la componente seria que estas especulaciones implican no supone necesariamente que deban ser alineadas junto a obras que hablan de viajes espaciales, encuentros con extraterrestres o futuros lejanos. Se olvida, sin embargo, que estos intentos de escribir la Historia a partir de que se hubieran dado circunstancias muy distintas a las conocidas cae en el mismo ámbito utópico que suponer una sociedad futura.

Siempre desde un punto de vista puramente racional tanto uno como otro son ejercicios igualmente válidos que se encuentran al mismo nivel. En ambos casos se van a plantear escenarios imaginarios, en ambos casos será el autor quien, gracias a su formación o a sus inclinaciones sesgará el desarrollo y culminación del relato. En ambos casos se intenta (insisto que siempre que se intente racionalizar el relato) aventurar como pudo ser/será una sociedad, que problemas se encontrarán sus actores y que camino seguirá ésta.

En el caso de LO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ, Ward Moore plantea lo que hubiera sido del mundo de haber ganado la Confederación la Guerra Civil en Estados Unidos. Hablo del mundo entero, no sólo de Estados Unidos, y en ese sentido hay que agradecer a Moore el esfuerzo para que, más allá del estado lamentable en el que pinta a la Unión, hiciera un recorrido por la historia de su país y, descartando sucesos clave en los que tomó parte, reinvente la historia de finales del siglo XIX y principios del XX.

Así, por ejemplo, no hubo intervención americana en las últimas guerras coloniales del Imperio Español, de modo que el resultado de éstas fue muy distinto (tampoco especifica exactamente cual, ni siquiera si llegaron a producirse esas guerras, pero no importa) y de nación derrotada, humillada y arruinada, España pasa a mantener un considerable prestigio en el ámbito internacional.

Hay otros muchos detalles similares, pero por supuesto la situación de una Unión convertida en un estado de cuarta fila marca la novela. El protagonista es Hodge Backmaker, un joven campesino que hace todo lo posible para cumplir su sueño de convertirse en historiador. Hijo de unos granjeros que mantienen precariamente el estátus de hombres libres, y en vista de la paupérrima situación familiar, recoge una muda limpia y unas pocas monedas y huye a Nueva York. Allí tiene la suerte de trabajar para un librero revolucionario que pertenece a una organización que pretende expulsar a los agentes confederados, que hacen y deshacen a su antojo por todo el territorio de la Unión, y sacar al país de la miseria. Hodge considera a su patrón como un idealista muy particular, y en cuanto puede le deja para caer en manos de otros idealistas igual de particulares, los miembros de Haggershaven, una especie de universidad libertaria en la que cada cual desarrolla sus trabajos de investigación, siempre que lo autorice el consejo y en el tiempo libre que le dejan actividades como la cosecha, la limpieza y el trabajo en la granja.

Hodge consigue finalmente su objetivo y se convierte en un respetado miembro de la comunidad académica a nivel internacional. Su fama como historiador transciende al bucólico escenario de Haggershaven e incluso es elogiado y admirado por sus colegas sureños. Sin embargo, Hodge cae en una crisis creativa y no es capaz de continuar con su trabajo, ya no cree en él, no se siente con fuerzas para seguir. Sin embargo, una de sus compañeras en Haggershaven, la física Barbara Haggerwells (descendiente directa del fundador de Haggershaven y también muy, pero que muy particular) inventa una máquina del tiempo y Hodge, encantado ante la perspectiva de ver en vivo y en directo los hechos que hasta ese momento sólo reconstruía, se embarca en un viaje al pasado.

¡Con lo peligrosos que ya sabemos que son los viajes al pasado!

LO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ es una novela amena, llena de eso que se da en llamar el sentido de la maravilla, Moore describe con precisión un país depauperado y despreciado, y unos habitantes del mismo llenos de rencor y, en general, un sentimiento de inferioridad que nada tiene que ver con los arrogantes yankis que conocemos. Pequeños detalles tecnológicos dan más credibilidad aún a esta historia alternativa, aunque algunas cuestiones, como la invención de la propia máquina del tiempo, por muy genial que sea la señorita Haggerwells, no encajan en un país en el que la esclavitud por contrato es el pan nuestro de cada día. Este detalle con otro autor hubiera arruinado la obra, pero Moore consigue hacerlo digerible convirtiendo todo lo que rodea a la máquina del tiempo en steampunk más alternativo que nunca.

En definitiva, una novela a tener siempre en cuenta.

© Francisco José Súñer Iglesias, (819 palabras) Créditos