La gran historia de las novelas de a duro
18. Las colecciones fronterizas de ciencia-ficción
por José Carlos Canalda
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Una de las características principales de las colecciones de bolsilibros es que, a diferencia de las de libros de bolsillo, solían estar especializadas en un género o subgénero específico. Esta cualidad, que se estableció ya en los años de la posguerra y se mantuvo hasta la práctica desaparición de los bolsilibros en las postrimerías del siglo XX, permitía establecer unas distinciones muy nítidas entre unas colecciones y otras, lo ayudaba a los lectores a la hora de elegir los temas que resultaran más de su agrado.

Por lo general las categorías más importantes eran cuatro o cinco: oeste, sin duda las más populares de todas, hasta el punto de que es prácticamente el único subgénero que todavía sobrevive, aunque moribundo, hoy en día; bélicas, pujantes en los años 40-50 para decaer con posterioridad; románticas, dirigidas básicamente al público femenino y hoy sustituidas por productos equivalentes no necesariamente de mayor calidad, aunque sí con mayores ínfulas y mucho más caros; policíacas y de espionaje, juntas o por separado, según los criterios de cada editorial, y de ciencia-ficción, sobre las que no voy a extenderme por no resultar necesario.

También existieron otros subgéneros de menor importancia surgidos al socaire de determinadas circunstancias puntuales, normalmente efímeros y en ocasiones decididamente pintorescos. En este apartado entrarían las colecciones de tema deportivo, con sus herederas naturales -eran los tiempos de auge de Kung-Fu y Bruce Lee- dedicadas a las artes marciales; las de terror, muy vinculadas a la ciencia-ficción y bastante populares en los años 80; las de aventuras, ambientadas por lo general en escenarios exóticos; las de piratas -sí, también hubo alguna-, a las que quizá se les podría considerar una variante particular de las anteriores; las eróticas, surgidas al calor del famoso destape de finales de los años setenta y desvanecidas a la par que éste; y, por último, las dedicadas a temas monográficos como Conan, o las que aprovechaban de forma descarada la momentánea popularidad de series de películas o de televisión, como la curiosa Indiana James, donde supongo que el poco sutil cambio de apellido del protagonista sería para evitar el pago de posibles derechos de autor.

De todos modos, y pese a lo que he comentado al principio, en ocasiones algunas colecciones navegaban entre dos aguas, es decir, entre dos géneros en principio diferentes, por lo que se las podría considerar, tal como he hecho en el título, colecciones fronterizas. No me estoy refiriendo a títulos concretos en los que un autor se internaba en el territorio de otro género diferente al oficial de la colección, que haberlos haylos, sino a las propias colecciones que incluían como criterio general su pertenencia a ambos. Aunque supongo que este fenómeno se debió de dar con bastante frecuencia a lo largo y ancho del mundillo de los bolsilibros, los únicos casos concretos que conozco, y que voy a abordar a continuación, son los que afectan en mayor o menor medida a la ciencia-ficción.

En realidad, si seguimos criterios rigurosos o puristas, la ciencia-ficción popular surgió, en los albores del siglo XX, como una simple variante de las acrisoladas novelas de aventuras ambientadas en escenarios exóticos, teniendo mucho en común con las obras de autores tales como Emilio Salgari, Rafael Sabatini o Luiggi Mota. Cambiemos los mares del sudeste asiático por el espacio interestelar, las selvas de Borneo por las venusianas, a los dayakos cortadores de cabezas por los thorbods y a los orangutanes por dinosaurios, y descubriremos que en realidad los argumentos no cambian gran cosa. Y si nos fijamos en series como la de Doc Savage, nos resultará difícil discernir donde acaba la aventura y donde empieza la ciencia-ficción, o viceversa, ya que participando de lo uno y de lo otro no se puede decir que pertenezca claramente a ninguno de los dos géneros.

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Claro está que, pese a todas estas herencias, las mayoría de las colecciones de bolsilibros de ciencia-ficción netamente españolas (excluyo aquellas que, como Futuro o Best-sellers del Espacio, se nutrían de traducciones más o menos fagocitadas) fueron muy de ciencia-ficción; aunque se pueden rastrear en ellas influencias ajenas al género (en el caso de Luchadores del Espacio es evidente la de la colección hermana Comandos, de género bélico) en general se movieron dentro de los parámetros característicos del género. Pero hubo algunas, como ya he comentado, que exploraron los territorios fronterizos que las separaban de otros subgéneros, a veces con resultados sorprendentes.

Es posible que la primera de estas colecciones fronterizas fuera El Vengador del Mundo, de la Editorial Valenciana, que en 1943 alcanzó los ocho números todos ellos firmados por Fidel Prado. Más que de ciencia ficción propiamente dicha, aquí se podría hablar de novelas de aventuras salpicadas de detalles futuristas, un tanto al estilo de algunos de los títulos de Julio Verne tales como LOS 500 MILLONES DE LA BEGÚN, EL CASTILLO DE LOS CÁRPATOS o EL EXPERIMENTO DEL DOCTOR OX.

Un caso hasta cierto punto similar es el de la colección El átomo mortal, publicada por la editorial Baguña entre 1946 y 1948; aunque he de reconocer que hablo de oídas dado que de esta colección, de la que fueron publicados tan sólo nueve títulos, no tengo más datos que la reseña de su existencia; ni siquiera he podido identificar la identidad real de su autor, camuflado como J.L Wharton, aunque cabe suponer, dadas las circunstancias, que se tratara de un escritor español. Dada la época de su publicación, en pleno auge de la guerra fría, el título de la colección parece sugerir no obstante que pudiera tratarse más bien de novelas de tema bélico, o quizá de espionaje, adobadas con el nuevo y temido descubrimiento de la energía atómica.

De la que sí puedo hablar con conocimiento de causa es de la colección S. I. P., siglas que corresponden a Spacial International Police y que nos permiten adivinar de forma inmediata la línea editorial de la colección; se trataba de un híbrido entre la ciencia-ficción y las novelas policíacas, una iniciativa curiosa aunque en realidad la contribución futurista solía limitarse al entorno en el que se desarrollaban unos argumentos policíacos. El experimento no debió de salir demasiado mal, ya que entre 1960 y 1962 se publicaron un total de 81 números repartidos entre cuatro seudónimos diferentes, aunque en realidad tras la colección estaban dos únicos autores, el incombustible Enrique Sánchez Pascual (W. Sampas, Alan Star y Alan Comet) y Juan Gallardo Muñoz como Johnny Garland.

La editorial responsable de la colección era Toray, muy activa entonces ya que, además de su colección estrella Espacio, puso en el mercado más o menos por esas fechas Espacio Extra, Best-sellers de ciencia ficción y la citada S.I.P., amén claro está de las colecciones dedicadas a otros géneros.

Pasaron unos años hasta que Bruguera, entonces el gigante indiscutible de la literatura popular, lanzó allá por 1967 la colección Enviado Secreto D.A.N.S., correspondiendo estas siglas a las iniciales -en inglés más o menos macarrónico, por supuesto- de Departamento Atómico de Seguridad Nacional. La nueva colección rebasó con creces a su antecesora ya que alcanzó los 134 números antes de ser cerrada en 1970. Los responsables de la totalidad de las novelas fueron cuatro autores, tres de ellos pertenecientes a la plantilla habitual de Bruguera (Francisco González Ledesma como Silver Kane, Francisco Caudet Yarza como Frank Caudett y José María Lliró Olivé como Burton Hare) junto con Luis García Lecha (Clark Carrados), el escritor estrella de Toray. Curiosamente, y pese a su preeminencia en el mercado, Bruguera no había mostrado hasta entonces el menor interés por la ciencia ficción pura, y de hecho hasta 1970 no se decidió a publicar La conquista del espacio.

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Al igual que ocurre con S. I. P., Enviado Secreto D. A. N. S. no es en esencia una colección de ciencia-ficción sino más bien de espionaje, aunque a lo largo de sus páginas aparecen los suficientes elementos de ficción como para hacer recomendable su inclusión, aunque sea con reparos, en la lista de colecciones futuristas. En realidad su fuente de inspiración hay que buscarla en las entonces muy populares películas de James Bond basadas a su vez en las novelas de Ian Fleming, las cuales como de sobra es sabido incorporan abundantes elementos fantásticos, principalmente en forma de parafernalia tecnológica presuntamente avanzada para la época. Puede que no sea ciencia-ficción en sentido estricto, pero desde luego se le parece -o se le parecía entonces- bastante. Resulta asimismo curioso que el final de Enviado Secreto D. A. N. S. viniera a coincidir con el nacimiento de La conquista del espacio; ¿se trató de una casualidad o, por el contrario, fue un cambio deliberado de rumbo visto que corrían buenos tiempos para la literatura de ciencia-ficción? Lo ignoro, pero no me parece descabellado.

Prácticamente contemporánea suya fue otra colección de características similares incluso en el título, B.A.N.G. Agente 000, que jugaba claramente con el sonido onomatopéyico de un disparo, aunque en esta ocasión estaba más decantada hacia lo policíaco y menos hacia la ciencia ficción, por lo que en realidad no deja de resultar un tanto problemático clasificarla aquí.. La historia de esta colección es compleja, razón por la que intentaré explicarla lo mejor posible. B.A.N.G. Agente 000 fue publicada entre 1966, y al menos hasta 1969, por la barcelonesa editorial Ferma, en un principio con novelas del prolífico -pero no dentro de la ciencia ficción- Antonio Viader Vives, que firmó los quince primeros números como Alexis Barclay. Pero en 1968 Viader la abandonó para iniciar en solitario una segunda colección, prácticamente homónima, que bajo el nombre de B.A.N.G. (Bringer Advice Nomenclatura Gemini) -no me pregunten por la traducción, he sido incapaz de encontrarle un significado coherente- sacó a los quioscos la editorial Euredit hasta 1970, publicándose en ella al menos otros dieciséis títulos suyos. Aunque desconozco los motivos de este cambio, no es difícil suponer que pudiera tratarse de un desencuentro entre autor y editorial, algo bastante habitual entonces dadas las leoninas condiciones de trabajo a las que se veían sometidos éstos.

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En lo que respecta a la B. A. N. G. de Ferma, ésta siguió adelante, hasta completar aproximadamente la treintena de números, de la mano de otros autores tales como Francisco Daniel Ortusol (un pintoresco Mayor Frank D. Ortusol) José María Lliró Olivé (Max Cameron) Mariano Hispano González (Peter Lang) Juan Gallardo Muñoz (Lester Madox) o Enrique Sánchez Pascual (Alex Simmons)

Algunos años más tarde, entre 1972 y 1976, Producciones Editoriales, sucesora de Ferma, reeditó las novelas de Alexis Barclay pero no las de los otros autores, siguiendo primero el orden de la colección de Ferma para pasar posteriormente a la de Euredit e incluyendo, por último, algunos títulos inéditos. En esta ocasión el nuevo sello se titulaba sencillamente B. A. N. G., e incluso a principios de la década de los ochenta las volvió a reeditar al menos en parte. Esta complejidad, unida a la forma de publicar de Producciones Editoriales, un tanto caótica -por usar un término suave- incluso en comparación con los parámetros habituales en el género, hace que resulte extremadamente difícil establecer una relación completa de los títulos aparecidos en toda esta serie de colecciones.

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Nada que ver con las anteriores, salvo en lo relativo a su relación tangencial con la ciencia-ficción, tuvo la colección Nomanor, un fallido intento de Domingo Santos y Luis Vigil de escribir fantasía heroica a la española, siendo el protagonista homónimo de la serie un trasunto hispánico de Conan el cimerio. Corría el año 1971, y la editorial responsable del lanzamiento fue Burulan, entonces muy activa en el campo del cómic. Por culpa de la censura, de los 8 números previstos inicialmente tan sólo fueron publicados dos, quedando otros dos inéditos mientras los cuatro restantes no llegaron siquiera a ser escritos por los autores. En 1974 uno de los dos primeros y otro de los inéditos fueron publicados por los propios autores en el número 58 de Nueva Dimensión, pero la reacción negativa de los lectores frustró por segunda vez, en esta ocasión con carácter definitivo, la posibilidad de un relanzamiento de esta interesante serie.

Y eso es todo, al menos en lo que a las colecciones españolas respecta. Es posible que alguna de las colecciones argentinas de bolsilibros pudiera entrar asimismo en este apartado, pero dado mi desconocimiento acerca de las mismas nada puedo decir al respecto.

© José Carlos Canalda, (2.084 palabras) Créditos