
Lejos de los dictámenes de la deontología científica y de la oportunidad política, los clones han aparecido en el Cine Prospectivo con una cierta modestia. Asoman como hilo conductor de historias de política ficción, como en THE SIXTH DAY (EL SEXTO DÍA, 2000), que desarrolla una trama que hubiera hecho las delicias de Hitchcock con una falta de competencia evidente, o para justificar secuelas de tintes autoparódicos, como ALIEN RESURRECTION (ALIEN RESURRECTION, 1998), ¿qué mejor manera de continuar la historia de un personaje que ya desapareció en la secuela precedente? Estos filmes se acercan al tema de la reproducción de duplicados con encogimiento y, únicamente, como punto de partida apostando, al mismo tiempo y con similar competencia, por la desidia creativa.

En SPECIES (SPECIES: ESPECIE MORTAL, 1995), quizás el más interesante de cuantos filmes pertenecen a este bastión clónico, los científicos protagonistas se invitan a clonar el código genético de un bello extraterrestre pre-condicionado para el apareamiento sistemático; excusa argumental de naturaleza chrichtoniana que también había dado origen a JURASSIK PARK (PARQUE JURÁSICO, 1993) y a cada una de sus (cada vez más) estrafalarias secuelas. Y aquí, encadenamos con uno de los precedentes más subversivos de la clonación: el monstruo revivido mediante la técnica de la invocación-práctica que, en un estadio muy primitiva, puede considerarse como el origen del cine de ciencia-ficción clonada y que ha tenido en el cine de terror a su principal beneficiario ya sea en su vertiente resucitadora (JASON X de James Isaac) o en su vertiente suplantadora (INVASION OF THE BODY SNATCHERS, LA INVASIÓN DE LOS ULTRACUERPOS, de Philip Kaufman).