Nuevo Doble de ciencia-ficción de Robel con el par de habituales novelas cortas, en este caso se trata de EL ÚLTIMO DE LOS WINNEBAGO, de Connie Willis y ENEMIGO MÍO, de Barry B. Longyear, que pese a estar multipremiados son de muy desigual factura y calidad.
Por un lado, EL ÚLTIMO DE LOS WINNEBAGO, pretende presentar un mundo en decadencia, controlado por los distribuidores de agua y organizaciones ecologistas (la Sociedad) de corte granhermanesco, un mundo desquiciado donde parece valer más la vida de un perro que la de un humano y en el que todo queda supeditado a lo que la Sociedad decida. Lo cierto es que es que no me ha convencido, escrito con corrección, indudablemente, Willis pretende hacer recaer toda la fuerza del relato sobre los recuerdos de David McCombe, un periodista que se ve involucrado en el atropello de un chacal durante un viaje de trabajo. A McCombe este encuentro le deja mal parado psicológicamente, o así debería deducirse por su comportamiento posterior, debido a que en cierta ocasión tuvo un perro que murió en similares circunstancias. Pero lo que se supone que debería ser un relato emotivo no pasa de convertirse en el ir y venir sin mucho sentido de un McCombe confuso no ya por lo ocurrido, sino por la propia inconsistencia del personaje.
McCombe es una marioneta en las manos de Willis, no es un personaje con personalidad propia, está vacío y por mucho que la autora insista en su relación emocional con Aberfan, su perro atropellado, ésta no termina de cuajar, como tampoco resultan verosímiles las andanzas de McCombe dando esquinazo a la Sociedad, o buscando al autor de ambos atropellos, el de su perro y el del chacal.
Por lo único que el relato despierta la curiosidad es por esas monstruosas autocaravanas americanas, según Willis tan extintas como los propios perros.
Muy distinto es ENEMIGO MIO. Aunque a estas alturas pudiera parecer que hablar de su argumento no descubre nada, hay que puntualizar que Wolfgang Petersen, como es habitual, sólo toma la parte principal de la novela de Barry Longyear y la recrea cinematográficamente con las consabidas adicciones y sustracciones.
En esencia trata de la convivencia en un planeta desierto entre dos pilotos de caza enemigos que se han derribado mutuamente. Uno, el humano Davigde, es mostrado como un patán al que hay que educar en prácticamente todo. El otro, Shigan, un drac de una calidad ética muy superior a compañero de infortunio. Finalmente ambos se convierten en buenos amigos y Davigde acabará haciéndose cargo de Zamis, el hijo de Shigan.
El ENEMIGO MÍO de Longyear es un relato que casi se podría describir con árido, enumera los hechos sin falsas sensiblerías, mostrando lo que en verdad sienten los personajes, no lo que se supone que deberían sentir, y las escenas emotivas se suceden por una simple cuestión de justicia, porque son así. Longyear ni siquiera intenta forzar el aspecto sentimental, el reencuentro de Davigde con Zamis, por ejemplo, es todo un ejemplo de sencillez.
Pudiera aducirse que quizá Longyear no estuviera capacitado para describir los grandes sentimientos humanos al estilo Card, pero sea deliberado o por una simple cuestión de limitación técnica, su relato resulta tan natural como verdaderamente conmovedor.