CLARA Y LA PENUMBRA
CLARA Y LA PENUMBRA
José Carlos Somoza
Título original: ---
Año de publicación: 2001
Editorial: Planeta
Colección: Autores españoles e iberoamericanos
Traducción: ---
Edición: Diciembre 2001
ISBN:
Precio: 17,00 EUR
Comentarios de: Hermes Macmalnat, Alfonso J. Merelo

En nuestro país, Spain is different, sesudos catedráticos y críticos de reconocido prestigio se esfuerzan con saña pertinaz en relegar la ciencia-ficción a la categoría de subliteratura. Ello demuestra su ignorancia real dado que ciencia-ficción, per se, carece de definición, perdón, quise decir que todos y cada uno de los fans consideramos la nuestra como única aceptable.

Con ello se generan muestras evidentes de lo que denomino ciencia-ficción vergonzante, me explico: El Premio Sant Jordi 2003 (el más prestigioso de las letras catalanas) se otorgó a Hèctor Bofill por L'ULTIM EVANGELI (EL ÚLTIMO EVANGELIO) al que el 99,99% de nosotros llamaríamos ciencia-ficción, en la novela que comento, Premio Fernando Lara 2001, quizás sea mayor la discrepancia pero yo la veo como tal y, sin más, procedo a comentarla (que no analizarla)

La acción transcurre en el año 2.006 en el ámbito del HD o hiperdrama. Ya nadie pinta sobre lienzo, los cuadros son personas de carne y hueso. Ser modelo (los llaman lienzos), una profesión muy dura, exige gran entrenamiento pues deben exhibirse inmóviles y pintarrajeados sobre una capa previa de imprimación en la pose, a veces antinatural, y con la expresión que marque el pintor.

La imprimación cubre TODO el cuerpo y sus cavidades y recovecos: esclerótica, reverso de los párpados, lengua, interior de la boca, orificios nasales, ano, vagina, etc. Toman fármacos inhibidores de saliva, lágrimas, sudor, micción y defecación. Pero pintar consiste en presionar psicológicamente al modelo hasta lograr, como respuesta, la expresión exigida por el creador, logro que se alcanza tras varias sesiones implacables. A considerar que José Carlos Somoza es psiquiatra y se recrea en la descripción de tales sesiones. El orgullo patrio surge con el personaje de una pintora famosa, Vicky Lledó, y la Clara del título, también española, apellidada Reyes.

Otrosí: Quienes no llegan a modelos sirven como adornos, mobiliario o servicio, pintaditos ellos, oiga usté, sirven como lámpara, silla (sí, se sientan sobre ellos), mesa (sujetando una tabla), sirviendo alimentos y otras lindezas. En reuniones de alto nivel se les tapa los oídos y, en ocasiones, los ojos. La última moda de un decorador sueco son Las Lenguas, que lamen los zapatos a los asistentes. Debo confesar que, para mí, tales accesorios no refuerzan el entorno sino que caen en la más grotesca de las auto-parodias. Tampoco encajo las cifras, ¿cientos de miles sirviendo como persona-objeto?.

La trama gira sobre el brutal asesinato de una modelo en Viena para continuar en Amsterdam donde matan por idéntico sistema a los componentes de otro cuadro del mismo pintor, auténtico gurú del HD. Conclusión de rigor: psicópata habemus. Cada personaje importante está muy bien definido y posee entidad propia; queda muy claro el porqué de sus reacciones y comportamiento. Comentarios sobre el entorno como captación de ingresos millonarios, distintas corrientes artísticas, p.ej. interactiva, art-shock, humanismo, etc. y las ilegales, en especial arte manchado, dan cierta verosimilitud a la concepción del relato.

Dictamen subjetivo: No reniego de su lectura pero entre mis prioridades a corto y medio plazo no figura la de releerla.

© Hermes Macmalnat, 23 de diciembre de 2003 Créditos

Es curioso y alentador comprobar que la ciencia-ficción va ganando terreno fuera del círculo cerrado del fandom. Novelistas españoles generalistas, se acercan al genero fantástico sin ningún tipo de complejos ni problemas, llegando incluso a ganar premios literarios importantes con novelas de temática fantástica.

José Carlos Somoza, cuba 1959, es un novelista que ha ganado múltiples premios; La Sonrisa Vertical en 1996 con EL SILENCIO DE BLANCA o el Café Gijón con LA VENTANA PINTADA y con esta novela, CLARA Y LA PENUMBRA, se alzó ganador del Fernando Lara de Novela en 2001. La historia que nos cuenta Somoza es ciencia-ficción en estado puro y duro. No tenemos naves espaciales, ni astronautas, ni extraterrestres, pero si tenemos ficción, es una novela claro, y ciencia, una ciencia artística, el arte hiperdramático, que utiliza personas como lienzos. Aunque en toda la obra se habla de pinturas y cuadros, casi sería más acertado hablar de esculturas humanas.

El arte hiperdramático, que nos explica Somoza, esta basado en la consideración de que las personas durante su trabajo como obras artísticas son meros objetos. Todo se vende y todo, por tanto, se puede comprar. Los lienzos son tratados como objetcs dŽarts, pero sólo como eso. Es decir su función y su utilidad es simplemente decorativa y como tales se les conserva y guarda. Su personalidad es anulada en función de un supuesto arte que expone a la persona como un objeto, al que se puede poner en posiciones extremas y que, generalmente, se muestra desnudo y pintado.

El personaje de Clara va a participar en una exposición creada por uno de los autores de mas éxito de este arte. Para ello deberá de pasar una serie de pruebas y modificaciones corporales que expresan un componente masoquista patológico.

Si recordamos la novela ¡HAGAN SITIO, HAGAN SITIO!, o su trascripción fílmica SOYLENT GREEN, veremos que CLARA Y LA PENUMBRA es una vuelta de tuerca extrema de las premisas que exponía Harrison. Mientras que en la novela sólo vemos a las chicas muebles, que se alquilan junto al mobiliario de los apartamentos en clara connotación sexual, aquí son muebles de verdad humanos. Los menos favorecidos o viejos para la profesión de cuadros, pasan a ser objetos como lámparas, sillones, mesas y una amplia variedad de artefactos decorativos.

La novela, aparte de reflejar estos límites artísticos, se mueve en una trama de investigación policíaca y detectivesca respecto a la desaparición y mutilación y asesinato de obras artísticas de un autor en concreto. El autor nos da dos formas de ver estas investigaciones. Por una parte la policía busca al asesino porque ha matado a personas. Lo malo es que los investigadores privados de las fundaciones artísticas los buscan porque han destruido obras artísticas, que están al mismo nivel que la Mona Lissa. Una muy lucida reflexión sobre lo que representa el ser humano para estas multinacionales: solo y exclusivamente se implican en la investigación por el valor crematístico de estas obras, y su consecuente pérdida al ser destruidas.

Obra muy recomendable para el aficionado a la ciencia-ficción o para cualquier aficionado a las buenas novelas. Habrá que tener en cuenta a Somoza de aquí en adelante.

© Alfonso J. Merelo, 11 de julio de 2002 Créditos

Creado: 11 de julio de 2002
Última actualización: 01 de julio de 2007 a las 09:26  Bienvenida  Mapa del Sitio