Ese libro se balancea de continuo entre lo abominable y lo genial. Abominable por lo mal desarrolladas y concebidas (y en algunos pasajes, hasta mal traducidas) que están las ideas y sucesos que se relata, y genial por los interesantes planteamientos que, también sólo en algunas ocasiones, propone Pournelle.
No voy a entrar a valorar la ideología de la obra, si alguien piensa que Heinlein era militarista empalidecerá cuando lea EL MERCENARIO, lo de Heinlein era un juego de niños ante la brutalidad sistemática de la Legión Mercenaria de Falkenberg, que describe Pournelle.
Lo que si voy a valorar es la torpeza que demuestra al relatarlo. Por lo pronto, los planteamientos que hace a modo de preámbulo resulta muy poco creíbles. Pournelle supone que, en el futuro, la investigación científica privada será completamente prohibida y sólo los científicos militares podrán desarrollar su labor sin cortapisas. Asombra que este planteamiento provenga de un yanki; sólo la sana (o insana) competencia hace evolucionar de un modo progresivo y constante la tecnología y la ciencia. La investigación militar sólo se ve impulsada realmente en tiempo de guerra, (sea fría o caliente) por lo que dentro de la pax romana, encarnada por el Co-Dominio entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que también supone el autor, la posibilidad de lograr desde las instalaciones militares grandes avances tecnológicos es, como mínimo, poco creíble, y más si se tiene en cuenta que estamos hablando de tecnología capaz de surcar distancias interplanetarias. Se podría aducir que los fondos de los que dispondrían los militares bastarían para soslayar el efecto mencionado, pero eso es algo que no me termina de quedar claro.
En otro orden de cosas este libro queda muy cojo por muchos motivos; es parte de una n-logía (de la que no se su extensión exacta) está formado a base de fundir varios relatos, lo que no consigue una unidad temática homogénea. Además, sospecho que no deben estar traducidos en su totalidad por Luis Vigil; hay fragmentos sencillamente horrorosos, y como traductor, Luis Vigil puede que cometa sus errores, pero ¡no es tan mal escritor!
Sin embargo, hay cuestiones de EL MERCENARIO que si son muy dignas de tener en cuenta. El escenario que plantea Pournelle es rico y lo suficientemente complejo como para haber dado sostén a un libro de más calidad; un detallado catálogo de políticos fanáticos, corruptos, e incompetentes resulta ser la causa de todos los males que se relatan, no importa a que bloque pertenezcan o sean oscuros funcionarios de lejanos planetas coloniales, siempre será un político el que desencadene, y haga justificable, la barbarie de los militares, siempre dispuestos a restablecer lo que debería ser, y dando la vuelta al viejo dicho de que la guerra es algo demasiado serio para dejarlo en manos de los militares. Según Pournelle la política es algo demasiado serio para dejarlo en manos de los políticos.
Aunque como ya he dicho que el libro como unidad se resiente, tiene sin embargo pasajes realmente brillantes, todos ellos de la relación de batallas y acciones militares, aunque esto tampoco suponga mayor mérito; se tratan de acciones reales, relatadas por sus protagonistas (como el mencionado varias veces en los créditos Teniente Zeneke Asfaw, de la Guardia Imperial Etíope) y adaptadas por Pournelle.
EL MERCENARIO se puede considerar, dependiendo del grado de tolerancia que se tenga hacia el militarismo exaltado, como una lectura entretenida con algunos buenos planteamientos pero con un resultado final ciertamente deslavazado.