Aunque me gustó mucho, BARRAYAR me dejó confuso tras su lectura. Había algo que no me cuadraba, ni a derechas, ni a izquierdas, ni por delante ni por detrás.
¿Qué era? ¿Qué se me hacía raro de BARRAYAR?
¿El estilo? En absoluto; es ágil y ligero sin rozar, afortunadamente, la superficialidad. Se hace ameno y no pone en apuros al lector proporcionándole párrafos de compleja comprensión.
¿El argumento? Desde luego que no, una buena dosis de conspiraciones palaciegas sigue siendo una fórmula que, bien llevada como es el caso, proporciona horas y horas de apasionante lectura.
¿Los personajes? No especialmente, todos y cada uno de ellos están perfectamente definidos, y sin llegar a una profundidad que siempre corre el peligro de hacerse insondable, están lo bastante bien perfilados como para que sólo algunos secundarios se confundan entre si.
¿La longitud? Tampoco. Sin ser un librito de fugaz lectura, BARRAYAR da para horas y horas de divertimento sin que su acertado tamaño pueda provocar, a la larga, serias lesiones en dedos y muñecas.
¿La tendencia? No es, obviamente, un libro de frío hard perfectamente razonado, ni un sesudo ensayo soft buceando en el futuro del porvenir de la raza humana. Es pura space opera, aventurera y razonablemente emocionante, de modo que poco o nada hay que objetar a los artilugios que se usan y las sociedades que sirven de trasfondo a las aventuras de los protagonistas.
¿Qué es entonces? ¿Por qué, aún después de disfrutar con él, había algo que me desconcertaba?
¿Qué es lo que fallaba de BARRAYAR?
Antes de quedarme definitivamente dormido (el último tirón me dejó en vela hasta cerca de la una y media cuando, ¡Maldición! ¡Me levanto a las seis y cuarto!) me fui a beber un poco de agua, y de camino a la cocina me di cuenta que era lo que fallaba.
BARRAYAR puede ser cualquier cosa menos ciencia-ficción.
Y según pasan los días menos dudas tengo de ello. Miquel Barceló, en un interesante apéndice, enmarca cada una de las obras de Lois McMaster dentro del universo de Miles Vorkosigan, y aunque en ese universo los escenarios sean de dimensiones galácticas, el marco de BARRAYAR apenas se reduce a una extensión no demasiado grande de un planeta no muy espectacular. En ese reducido espacio se nos cuentan las emocionantes aventuras de Cordelia Naismith Vorkosigan, la madre de Miles, tras su reciente matrimonio con Lord Aral Vorkosigan.
Cordelia es como una mosca en un vaso de leche. Todo en Barrayar se le hace extraño, pintoresco y primitivo. Las costumbres le son chocantes y desesperantemente confusas, la tecnología de los Vor encantadoramente atrasada, excepto la medicina, que le parece aterradoramente atrasada, y ella misma no deja de ser un fenómeno exótico entre toda aquella gente, que la trata con la deferencia que le corresponde por su matrimonio, pero a la vez con la indefinible distancia que se le dedica al antiguo enemigo (esto último se explica suficientemente en la novela, aunque habría que leerse SHARDS OF HONOR para alcanzar la plena comprensión)
El argumento de BARRAYAR, detalles aparte, no puede ser más simple. El viejo Emperador está que se muere y su heredero es un crío de cuatro años. Para evitar luchas intestinas el emperador designa a un regente (el propio Aral Vorkosigan) para que forme al chaval y gobierne hasta su mayoría de edad. Pero hete aquí que no toda la nobleza Vor está de acuerdo con la designación,y sin mediar muchas palabras se aplican a la tarea de conspirar como los verdaderos profesionales del ramo que son. Como Cordelia anda por medio, le toca sufrir las tribulaciones que las sucias maniobras de los enemigos de su marido causan en la familia Vorkosigan, siendo una de ellas fundamental para comprender la particular personalidad del propio Miles.
Contado así da igual que el marco elegido para la historia hubiera sido el Imperio Machú, la IX Dinastía egipcia, la Castilla del Cardenal Cisneros, o el Imperio Austro-Húngaro (inspirador, éste último, de mucha de la parafernalia palaciega de BARRAYAR) Por eso esta novela se lee mejor y con más coherencia como una novela de aventuras que como pura ciencia-ficción, por mucha space-opera que sea. Bien es cierto que muchos de los hechos que se relatan pueden interpretarse como de difícil explicación si una tecnología lo bastante avanzada, pero en realidad esa tecnología no es parte del argumento, sino excusas para lanzar los episodios de pura aventura que en realidad son el alma de BARRAYAR.
En cualquier caso discutir sobre si sin churras o merinas es un ejercicio ocioso y, se mire como se mire, infinitamente menos gratificante que la lectura de esta espléndida novela.