Por encima de todo, Crichton sabe hacer dos cosas: dar un trasfondo creíble a sus obras, y dotarlas de un estilo ágil y ameno. Evidentemente, no dejó aparte ninguna de las dos cuando escribió EL HOMBRE TERMINAL.
Harry Benson es un enfermo de epilepsia psicomotora, una enfermedad que desemboca en episodios violentos de los que después no guarda ningún recuerdo. Por si fuera poco, ello ha desembocado en una paranoia que le hace creer que las computadoras conspiran para establecer su control sobre la humanidad. Para tratar de evitar los síntomas, su cerebro es conectado a un computador diseñado para contrarrestar los ataques con estímulos eléctricos. Sin embargo, el resultado no es precisamente el que se esperaba.
Harry Benson es un antagonista en primer plano, y su psicología queda magníficamente descrita. En EL HOMBRE TERMINAL el interés queda lejos de la mera importancia del argumento, y se centra, bien guiado por Crichton, en la intriga de la narración, que en ningún momento se detiene para hacer una pausa. La excelente documentación añade la salsa a una historia muy física, llena de diálogos y con una entretenida sucesión de pequeños momentos de clímax. Sin duda, una lectura agradecida.
Narrativa: 4, Argumento: 4, Originalidad: 3, Global: 4
Yo leí EL HOMBRE TERMINAL de Crichton y en su tiempo me encantó, no tanto por su penosa prosa, ni por sus esquemáticos personajes si no por los elementos que le han dado la fama: ubicar la tecnología de punta (en su tiempo) en un entorno actual y luego dejarnos ver que, simple y sencillamente, no estamos preparado para ello.
Algo simplista, pero tenia su encanto. nos hacia parte de un futuro extraño (ejemplarmente descrito en WESTWORLD, Oestelandia según lo tradujeron en México)
Sin embargo las preguntas éticas formuladas no son, a pesar de su maniqueísmo, tan desechables. La necesidad de una conducta responsable en medio de presiones económicas y políticas (sociales, de prestigio, con los propios fantasmas) es esencial.
EL HOMBRE TERMINAL trata de la conducta. Mediante implantes tan burdos como cables y contactos insertos en el cerebro, se puede, se pretende al menos, dominar la conducta del protagonista.
El personaje sufre un desarreglo de la personalidad, motivado por un accidente que le provoca ataques de furia homicida, el esquema del ataque es muy parecido al ataque epiléptico y mediante una descarga puede impedirse.
Por desgracia el tiene una locura muy especifica: tiene fobia a las maquinas, y se pretende insertarle una a él. Un poco demasiado forzado, cierto. Pero se supone que lo hacen porque a los doctores les urge comprobar si el proceso funciona, y por que no pueden negar el atractivo de la fama.
Crichton tiene el acierto de humanizar a uno de ellos (al que le va peor) pero a veces parece que los doctores van a soltarse una risa maníaca de tan cercanos que están al cliché del científico insensible.
Ahora viene lo increíble. No solo es un sujeto con fobia a las maquinas sino que casualmente (de nuevo) hay un error en el proceso. Se hace un adicto a la electricidad por que un electrodo toca un centro de placer. Y por experimentarlo, el cerebro empieza a causar más ataques hasta que casualmente la maquina no puede impedirlos y entonces se tiene un homicida en potencia.
No hay problema si no es por que casualmente el personaje huye en ese instante y.... etc.
Sin embargo uno no puede negar la fuerza de la novela. Como nos puede convencer, momentáneamente, no solo que es posible, sino que esta pasando en realidad.
En la literatura policiaca existe algo llamado procedural, que es la descripción minuciosa de una investigación real, los protocolos que realmente existen para contarnos un hecho ficticio.
Ed MacBain es el experto, Waughbaum lo hace magnifico y Thomas Harris es perfecto en DRAGON ROJO. Bien, Critchton utiliza el procedural en sus trabajos, muestra parte de todo el papeleo que una operación así genera, existe un esquema minucioso de los electrodos, falsas radiografías, etc.
Es como revolver en los restos de un naufragio y el nos permite tocarlos en cada trabajo suyo. En sus últimos trabajos, por desgracia, Critchton esta convencido de tener la razón y sus personajes son cada vez mas estruendosos al respecto, pero en EL HOMBRE TERMINAL aun hay una duda ¿se pueden aplicar las normas éticas a una tecnología tan nueva que reforma la realidad? Pregunta básica que puede ser la base de muchas mas novelas.