A CADA CUAL LO SUYO
A CADA CUAL LO SUYO
Leonardo Sciascia
Título original: A ciascuno il suo
Año de publicación: 1966
Editorial: Alianza
Colección: Libro de bolsillo nº
Traducción: Esther Benítez
Edición: 1992
ISBN:
Precio: Agotado (Existe una edición más reciente de Tusquets)
Comentarios de: Francisco José Súñer Iglesias

El crimen perfecto es aquel que jamás es resuelto, aquel en el que el criminal nunca es descubierto, idealmente, aquel en el que ni siquiera el propio crimen lo parece. Sciascia propone como alternativa el crimen que siéndolo sin duda, oculta el objetivo y la motivación hasta hacer absurdo el propio acto, y en ese absurdo, irresoluble.

Leonardo Sciascia retrató con precisión las miserias y alegrías de su Sicilia natal. Su implicación en la política italiana fue profunda, primero como concejal del PCI en Palermo y luego como eurodiputado del Partido Radical. Conocía de primera mano la influencia de la mafia, y su contrapunto, un fascismo que encontró tan buena acogida en la sociedad italiana y que nunca se terminó de erradicar, ni siquiera tras su derrota en la guerra. Es el medio rural, sobre todo, donde unos y otros ejercen su ascendiente, al que hay que añadir mezclado e imbricado el caciquismo y el poder e influencia de los clanes respetables.

En una de esas comunidades cerradas y rígidamente estructuradas, Manno, el farmacéutico, recibe una nota amenazándole de muerte. Él es un hombre algo apocado, pero respetado por todos, no se le conocen enemigos declarados ni disputas enquistadas. El origen y finalidad de la nota es todo un misterio, hasta el punto de que consultados unos y otros, incluida la autoridad, Manno decide que se trata de una nota de pésimo gusto y olvida el tema.

Al poco, durante una jornada de caza en compañía de doctor Roscio, es abatido a tiros junto a su compañero de caza. Un crimen tal brutal e inesperado en aquella tranquila comunidad, aderezado además por la obviedad de la injusticia de la muerte del médico, desata todo tipo de especulaciones y rumores. Falsos testimonios, chismorreos elevados a la categoría de verdades absolutas, acusaciones veladas que se convierten en hechos firmes, medias palabras, dedos acusadores, todos y cada uno de ellos enrarecen el ambiente y acaban configurando una maraña de imposturas que afectan de forma profunda, y normalmente desgraciada, a más de un inocente.

El curso de la investigación por parte de la policía es igualmente pesado y lento. No ya es solo que las posibles implicaciones de la mafia obligue a la policía a traspasar barreras de silencio casi sólido, además, cada vez que algún indicio apunta en dirección de algún personaje mínimamente influyente todo se diluye entre sonrisas melifluas y notas de la superioridad.

Pero siempre hay alguien más o menos ocioso, más o menos perspicaz, más o menos interesado en el tema que sortea el silencio y está por encima de influencias y recomendaciones. El profesor Laurana, amigo del doctor Roscio, empieza a indagar, sin mucho entusiasmo en la aburrida vida del farmacéutico y, naturalmente, cada revelación es más y más sorprendente.

El estilo de Sciascia es tan socarrón como triste, el retrato que hace de sus paisanos está compuesto de pinceladas vivas y amargas. Se lamenta, por un lado, del carácter cerrado y opresivo de la isla, un carácter que a la vez también está marcado por el sol meridional que en el fondo hace la vida calmada y apacible. Sciascia parece reclamar un ambiente más festivo, más acorde con el tiempo soleado, algo que parece estar en sintonía con el propio humor del siciliano, pero que por múltiples motivos no termina de salir a la superficie ahogado por capas de tradición, hipocresía y silencio que mantienen a los habitantes de Sicilia en una especie de cápsula de tiempo, inamovible e indestructible.

Un ejemplo de ello es que, cuando Laurana concluye finalmente las causas del doble crimen, sufre el rechazo de sus conciudadanos. ¿Por qué se mete donde no debe? ¿No ha declarado la policía que el crimen no puede ser resuelto? ¿Qué necesidad hay de remover lo que no debe ser removido? Las cosas son como son, es más, Laurana no es que haya sido especialmente perspicaz o inquisitivo, lo que llega a saber lo intuyen otros muchos. Si las dos muertes no influyen significativamente en la vida del pueblo, nadie va a pedir venganza, y todo queda más o menos como está ¿para qué insistir más?

Como concluye un personaje de la novela acerca de Laurana: Era un cretino, y ese espíritu tan inmovilista, ciego y conservador, era lo que entristecía a Sciascia.

© Francisco José Súñer Iglesias, 8 de enero de 2010 Créditos

Creado: 8 de enero de 2010
Última actualización: 10 de enero de 2010 a las 10:36  Bienvenida  Mapa del Sitio  Enlace permanente