A veces da la impresión de que Pratchett empieza a escribir sin tener muy claro que es lo que va a narrar. Quizá tenga en mente una idea apenas esbozada, o un final vagamente sugestivo, pero ni en el primer caso tiene idea de cómo acabará ni en el segundo de como llegará.
Con DIOSES MENORES ocurre lo primero, los inicios son vacilantes y embarullados, como sólo puede ser vacilante y embarullado el peor Pratchett, da la impresión de que este va a ser un episodio del Mundodisco sólo consumible, y con gran trabajo, por los más obstinados incondicionales, y que va a ser un mal remedo de las más estúpidas aventuras de Rincewind. Afortunadamente, tras este penoso y poco prometedor inicio, la novela se endereza y acaba convirtiéndose en una obra aceptable.
Se trata de las aventuras y desventuras de Brutha el Elegido, un novicio de la Iglesia del Gran Dios Om, al que este elige, valga la redundancia, para volver a tener la distinción que como Gran Dios merece. En el estado en que Om empieza la novela, convertido en un galápago tuerto, no es precisamente el mejor para que un dios se haga notar. Además Om tiene un serio problema, pese a la grandeza y poder de la Iglesia del Gran Dios Om sólo le queda un creyente, el propio Brutha, cuyas únicas virtudes una notable capacidad de trabajo, una fe a prueba de bombas y, principalmente, una memoria fotográfica. Ni inteligencia despierta, ni incisiva capacidad de análisis ni grandesaptitudes para el aprencizaje, nada, Brutha, es el paradigma de la fuerza bruta en todos los sentidos, tanto físicos como intelectuales.
Pero son esas cualidades las que interesaran al diácono Vorbis, jefe de la Exquisición, ambicioso e intrigante no dudará en aprovecharse de Brutha para intrigar en la lucha de poder dentro de una Iglesia del Gran Dios Om que ya ha perdido su sentido original y se ha convertido sencillamente en un instrumento de terror.
En ese sentido DIOSES MENORES constituye una parodia de las grandes organizaciones eclesiásticas, pese a lo sarcástico de su estilo, Pratchett no duda en hurgar en las contradicciones del clero, más preocupado de mantener sus privilegios e influencias que en asistir espiritualmente a una feligresía aterrorizada por las represivas prácticas político-religiosas de la jerarquía eclesiástica. Lo paradójico de todo esto, y la cuestión que Pratchett denuncia con más dureza, es la pérdida de fe de opresores y oprimidos, ya nadie cree en Dios, los feligreses creen en la iglesia y la iglesia en si mima, y así como Om se salva precariamente gracias a la fe de Brutha, otros muchos dioses caen en la locura y el olvido.
Esta novela, buena muestra en todo caso de todas las virtudes y defectos de Pratchett como autor, resulta ser finalmente una historia agridulce y si bien no es la mejor de esta serie del Mundodisco, si resulta muy recomendable.
Lo que es definitivamente desconcertante es la forma en la que Plaza & Janés está publicando esta serie, no tengo muy claro que, teniendo en cuenta lo caótico de las propias historias de los habitantes del Mundodisco, sea estrictamente necesario seguir la secuencia de publicación, pero no dudo que resultaría muy recomendable, en vez de sacar al mercado volumen tras volúmenes sin un plan ni objetivo aparente. Y esto por no hablar de la forma en la que se ha publicado DIOSES MENORES; en forma de mega-tocho best-sellero, innecesariamente grande e innecesariamente incomodo cuando, con un papel menos grueso y una letra más pequeña (tal y como ocurre con los publicados en la colección Jet de esta misma editorial) hubiera sido mucho más manejable... aunque claro, quizá no se hubieran podido justificar los casi 14 euros de precio de venta al público.