EL ASESINATO COMO DIVERSIÓN
EL ASESINATO COMO DIVERSIÓN
Fredic Brown
Título original: Murder Can Be Fun
Año de publicación: 1948
Editorial: Plaza & Janés
Colección: Black nº 11
Traducción: Celia Filipetto
Edición: 1990
ISBN:
Precio: 4 EUR
Comentarios de: Francisco José Súñer Iglesias

La serie negra está llena de tópicos a cual más sobado: rubia, o en su defecto pelirroja, peligrosa; tipo duro, cínico y de buen corazón, amigo o conocido venido a menos y un tanto arrastrado, policías rocosos, asesinos implacables y, sobre todo y ante todo, diálogos chispeantes y mucho, mucho alcohol y no menos tabaco. Otra cuestión que siempre me ha sorprendido de la novela negra es la cantidad de tiempo libre de la que disponen todos sus protagonistas, o más que tiempo libre, la oportuna capacidad de estar donde deben estar cuando tienen que estar. Poco oficinista reconcentrado, poca ama de casa hacendosa, poco operario habilidoso. En cierto modo es lógico, quien se dedica al crimen y quien lo combate suele dedicar todo su tiempo a esa actividad, pero con todo, resulta extraño que los policías nunca tengan un fin de semana libre o nunca se pasen por el colegio para cambiar impresiones con los tutores de sus hijos, el caso es que todas las novelas están llenas de individuos afanosos en la cosa delictiva. Bien, todas no, siempre existen esas excepciones revisionistas que pretenden dar a los protagonistas una vida aparte y algo de profundidad humana, y esas cosas, pero no dejan de ser estorbos que acaban quedando en un segundo plano cuando se trata de hacer las cosas interesantes.

Para EL ASESINATO COMO DIVERSIÓN, Fredric Brown echó mano de todos los topicazos posibles, aunque haciendo gala de la habilidad que le caracteriza, transformó el habitual esquema detective/policía/asesino por guionista/asesino. No se trata pues de una investigación de encargo al típico detective cínico, ni de un caso asignado un viernes cinco minutos antes de acabar el turno al inspector amargado de turno. Bill Tracy ex periodista y guionista de seriales radiofónicos se ve envuelto en una serie de crímenes de la forma más absurda que podría haber imaginado: uno de sus proyectos consiste en una serie en la que se planteará un asesinato, se darán al oyente una serie de pistas, invitándole finalmente a deducir quien es el autor del crimen. Una de las ideas trata de un asesino disfrazado de papa Noel, y el guión se reproduce a la perfección con el jefe de Tracy, el señor Dineen como trágico protagonista.

A partir de ese momento todo se precipita, Tracy cae en una especie de colapso nervioso cuando el portero de su casa es igualmente asesinado siguiendo otro de sus bocetos, y a partir de entonces toda su obsesión pasa por averiguar quien ha podido leer sus bocetos y ser capaz de ponerlos en práctica. Abandona paulatinamente los guiones de Los millones de Millie, la serie que tiene en marcha, pregunta, indaga, y por supuesto encuentra la horma de su zapato.

El tratamiento humorístico de Brown y lo atípico de la puesta en escena es muy de agradecer. Sin embargo, aunque la novela es de 1948 y Brown escribiera habitualmente novelas policiacas, no es precisamente un aspecto que calara en el género hasta el punto de hacerlo cambiar radicalmente. Una cosa son los diálogos ocurrentes y los tipos cínicos, y otra el humor como tratamiento. No es que no exista novela negra humorística, pero desde luego no es la corriente principal, de otro modo nunca se la hubiera tomado en serio y elevada a los altares de la excelencia literaria (acerca de lo que habría mucho que hablar)

En EL ASESINATO COMO DIVERSIÓN la socarronería y la ligereza del tratamiento no impiden que Brown trate a su vez temas de bastante más enjundia, como la soledad en la que está inmerso Tracy y de la que será alarmantemente consciente, o de los sueños rotos de los emigrantes que aún entraban con cierta facilidad en Estados Unidos en aquellos años de la postguerra, o la despiadada competitividad que parece ser el santo y seña de la sociedad yanki, y de la que Tracy es víctima a poco que descuida su trabajo.

Que yo sepa esta novela no está reeditada en el mercado español, lo que ciertamente resulta ser una lástima porque es una lectura más que recomendable.

© Francisco José Súñer Iglesias, 28 de julio de 2008 Créditos

Creado: 1 de agosto de 2008
Última actualización: 02 de agosto de 2008 a las 13:15  Bienvenida  Mapa del Sitio  Enlace permanente