Haciendo zapping el domingo pasado (hablamos del 3 de febrero del 2008) me quede enganchado unos minutos a la gala de los premios Goya. Entre los chistes y payasadas de Corbacho y las alegrías de los ganadores y desilusión de los demás, llegó el turno del premio al Mejor actor de reparto.
No se en que momento los actores secundarios dejaron de ser actores secundarios para pasar a ser actores de reparto, pero creo que han salido perdiendo con el rebautizo. Supongo que eso de actor secundario le sonaría mal a alguien, por aquello de no ser primario, y rápido comenzó a gestionar entre amigos, conocidos y personajes influyentes el cambio de denominación, porque lo que es en cuestión de imagen, la cagaron estrepitosamente.
Yo me imagino los días previos al rodaje; se han hecho las pruebas para los protagonistas, si es que no se les ha elegido a dedo o se ha escrito específicamente el papel para ellos, y quedan por repartir el resto de los personajes. Lo de los figurantes es fácil porque no hace falta una especial aptitud dramática (apreciación no extensiva, hay profesionales del ramo tan cualificados en lo suyo como cualquier actor de campanillas) y luego queda todo aquello que va desde el figurante con frase hasta la portera chismosa y metomentodo del galán de turno. Pues bien, si hay cuatro o cinco señoras de edad ya indeterminada que aparecen en la película (madres, tías, porteras, etc.) se las reúne una mañana, aparece un ayudante de producción con un pila de guiones y los empieza a repartir entre ellas sin más criterio que el de Tu, madre; tu, portera; tu, tía gruñona; tu, vecina divorciada madurita e interesante y luego se va con el resto de la pila de guiones a repartirlos entre los señores de edad indeterminada Tu, padre; tu, quiosquero dicharachero; tu, jefe cabrón; tu, exmarido de la vecina madurita e interesante. Luego les toca a los jóvenes de edad similar al galán, que harán de seducidas y/o amigotes/as, niños pelmas.
Triste. Se les ha repartido el trabajo como quien reparte escobones en las dependencias municipales de limpieza urbana.
Lo de actor secundario, sin embargo, da otro empaque. Bien, se han elegido a las estrellas principales, pero estas necesitan apoyo, actores sólidos que les den las réplicas y pueblen su entorno de personajes reales para hacerlo creíble. La madre del galán no puede ser una señora descuidada y entrada en carnes, se trata de un tipo muy bien educado y de familia bien, así que debe tratarse de una actriz fina y elegante, de igual modo que tampoco resultaría muy creíble un kioskero atildado y de trato exquisito con el cliente, y es mejor buscar a un tipo, si bien simpático, de corte suburbial y con cara de pegarse todos los días unos madrugones inhumanos.
Es más los actores secundarios, como lógica obligación, secundan, apoyan y dan profundidad a la obra. Los de reparto no tienen esa obligación, total, a ellos les han dado el escobón y a barrer escenas, que para eso les han contratado.
Por no hablar de que ilustres secundarios de toda la vida hubieran quedado extraños como actores de reparto. ¿Manuel Alexandre actor de reparto? ¿Y Rafaela Aparicio? ¡Demonios! Ni a Pepe Isbert ni a Mary Santpere se les tenía esperando hasta barajar los papeles.
Todo un problema esto de querer cambiar el nombre de las cosas. A veces, por querer ser más, se acaba siendo menos, o peor aún, olvidado y diluido en un mar de nada.