NOS HABÍAMOS AMADO TANTO
NOS HABÍAMOS AMADO TANTO Italia, 1974
Título original: C`eravamo tanto amati
Dirección: Ettore Scola
Guión: Ettore Scola, Furio Scarpelli, Agenore Incrocci
Producción: Pío Angeletti, Adriano De Micheli
Música: Armando Trovajoli
Fotografía: Claudio Cirillo
IMDb:
Reparto: Nino Manfredi (Antonio); Vittorio Gassman (Gianni Perego); Stefania Sandrelli (Luciana Zanon); Stefano Satta Flores (Nicola Palumbo); Giovanna Ralli (Elide Catenacci, Romolo's daughter); Aldo Fabrizi (Romolo Catenacci)

Es mi preferida, inolvidable, entrañable y querida como una compañera amante, por que cada vez que la especto es una nueva revelación, un nuevo encuentro conmigo mismo (es el único film en mi existencia que he llegado a repetir ocho veces), gracias a Scola pude reformular mi existencia, aún recuerdo como sus imágenes y sus contenidos, los encuadres, la música maravillosa, las técnicas cinematográficas, las actuaciones, en síntesis la película impregnó mi mente y mis sentidos y me ayudó a transitar del marxismo-leninismo al humanismo comprometido (sintetizado con ese demoledor apotegma: Íbamos a cambiar el mundo, pero fue el mundo el que nos cambio a nosotros), limo mis ásperas intolerancias y me demostró que la realidad no es sólo impredecible sino hermosa, que vale la pena vivirla intensamente, que todo cuanto en ella nos ocurre, amores y traiciones, amistades y pérdidas, viajes y revelaciones, constituyen una especie de líquido amniótico que nos nutre y nos ilumina, nos proyecta y reconstruye permanentemente, entonces rodeados y rodeantes constituimos uno con el universo, somos ese colectivo denominado Homo Sapiens y también esa persona que nos llena e identifica... a pesar de nuestros errores.

Recordemos las comentadas técnicas de reiteración de la secuencia y multiplicidad de puntos de vistos, allí Scola prefiguraba la teoría hologramática de Pribram y la fractalidad de Benoit Mandelbrojd (como ocurre con frecuencia en el arte, la intuición sensible del mundo captada por el artista trazaba rutas que después la ciencia recorrería) combinándola con la historia nacional (la caída de la monarquía) y mundial (los partisanos tendiendo emboscadas a la Wehrmacht), con la historia del cine (la reconstruida escena de LA DOLCE VITA con presencia de Federico Fellini y Marcelo Mastroianni o la exposición de Vittorio De Sica) y la biografía de los personajes, en un prodigioso fresco, magnífico y potente, como pocas veces he vuelto a sentir complacido en la oscuridad de la sala. Colocaba a su servicio raccontos y flasbacks, blanco y negro que cambiaba a color el mismo año en que se introducía en Italia su uso, empezaba por el final y se dedicaba a regresar una u otra vez sobre las relaciones de los tres amigos varones (Antonio, Gianni, Nicola) con Luciana, esa estupenda hembra para enriquecer el relato, diversificarlo y densificarlo, para decirnos que tenemos que asumir nuestras decisiones sin importar lo inesperado, que en cada bifurcación nos dejamos jirones de alma pero que simultáneamente incorporamos otros fragmentos que nos reconstituyen y alientan.

Tengo que confesar algo, que me emociona hasta el llanto tan sólo escribir sobre su magia, es como una entidad con vida propia, quizás por esa cualidad de mostrarnos mientras nos integra, en ninguna de las ocasiones en que la enfrente en la pantalla mi garganta ha dejado de agarrotarse y mis ojos cuajarse de lágrimas, no he quedado sin enfurecerme ni alegrarme, enamorarme de Stefania Sandrelli y acompañar en su periplo tragicómico a Nino Manfredi y a Stefanno Satta-Flores, y también de enarbolar mi desprecio por el burgués exquisitamente representado por ese divo llamado Vittorio Gassman. Deviene así la película en un discurso infinito, en un encuentro interminable y delicioso, es como postula Borges, en cada palabra, en cada acto, en cada filme, estaría contenido el cosmos, pero en algunos se manifiesta palmariamente para develarnos caminos mientras en otros se conforma con la opacidad. NOS HABÍAMOS AMADO TANTO es definitivamente de aquellas que dejan huella, que trastornan y transforman.

© José Luis Bolaños Aguilar, (570 palabras) Créditos