MI VIDA CON LOS ASESINOS EN SERIE
MI VIDA CON LOS ASESINOS EN SERIE Helen Morrison
Título original: My Life Among the Serial Killers
Año de publicación: 2004
Editorial: Océano
Colección: ---
Traducción: Gemma Deza Guil
Edición: abril 2005
ISBN:
Precio: 24 EUR
Comentarios de: Manuel Nicolás Cuadrado

A pesar de lo pretencioso del título de este libro (en mi modesta opinión), la verdad es que el contenido del mismo resulta bastante interesante.

No es una novela, sino un ensayo o estudio criminológico y psiquiátrico sobre el fenómeno de los asesinos en serie.

Ultimamente se vienen publicando bastantes libros acerca de este tema, con resultados variopintos y desiguales. Los hay que intentan honestamente describir e incluso entender el fenómeno de qué es lo que hace a una persona matar compulsivamente y sin motivo aparente. Por regla general, los autores de estos libros suelen ser profesionales cualificados. (policías, psiquiatras, criminólogos y periodistas). Y los hay que meramente pretenden dar carnaza al populacho, explotando la morbosa y retorcida curiosidad que representa el tirón publicitario de estos patéticos sucesos, con el consiguiente beneficio pecuniario para las arcas de los autores. Y lo peor del caso es que son también periodistas, policías, psiquiatras y criminólogos los que los escriben.

En este caso, la autora es una psiquiatra norteamericana que viene estudiando el fenómeno desde hace treinta años y que comparte autoría con un periodista. A priori, un punto a su favor en la profesionalidad cualificada.

Lo novedoso del planteamiento que se expone es que, salvo el caso de John Wayne Gacy, los hechos que se tratan no son de asesinos especialmente conocidos y/o famosos por sus aberraciones y/o número de asesinatos. Además no se limita al fenómeno norteamericano, sino que intenta exportar su estudio fuera de sus fronteras, concretamente en Inglaterra y Brasil, con referencias a casos acaecidos en todo el globo y en todas las épocas.

La autora no ahorra en detalles escabrosos y truculentos sobre los crímenes de estos asesinos en serie. Según ella porque es imposible separar un serio estudio científico de los detalles específicos de los homicidios cometidos. Afortunadamente no se recrea en los mismos.

Realmente se centra más en las entrevistas y correspondencia que mantuvo con los propios asesinos y con sus familias.

Las conclusiones que la doctora plantea son:

* Los asesinos en serie no son psicópatas. Tienen un sistema de actuación demasiado caótico y desorganizado. Según la psiquiatra el psicópata o sociópata presenta un cuadro clínico mucho más coherente y además puede ser tratado y curado, mientras que no existe tratamiento ni cura para el asesino en serie.

* No son asesinos sexuales. Su método y finalidad no es obtener placer sexual. Aunque abusen, violen, sodomicen y torturen a sus víctimas, antes, durante o después de la muerte de las mismas, esto (siempre según la autora) no les produce ningún placer sexual.

* No son asesinos por el entorno social y/o familiar. No en todos los casos existen antecedentes de maltratos físicos y psicológicos familiares. En la mayoría de los casos existe una vida conyugal estable en la que no se ataca ni a la mujer ni a los hijos. La clase social suele ser media, sin excesivos problemas económicos.

* No son asesinos culturales. El fenómeno del asesino en serie no es exclusivo de Norteamérica o del sistema occidental o de la época actual. Se produce en todos los países, en todas las culturas y en todas las épocas.

* No son retrasados mentales. El cociente intelectual de estos fenómenos suele estar por encima de la media.

* No son asesinos con finalidad. Carecen de ningún motivo para matar. La autora no ha encontrado realmente ninguna causa en ninguno de los casos que ha tratado. Sus víctimas, aunque puedan tener sexos, edades y rasgos físicos comunes, son escogidas con total y absoluta aleatoriedad. Y los compara con los asesinos de masas que, por lo visto, si tienen una causa concreta para subirse a una azotea con un fusil semiautomático y tirotear a los pobres transeúntes que pasean en una plaza.

¿Qué son entonces los asesinos en serie y por qué matan?

La autora clasifica a esta gente en un solo fenómeno, distinto de cualquier clase de enfermedad mental o comportamiento social. Los asesinos en serie, pues, son, nada más y nada menos que asesinos en serie.

El porqué matan indiscriminadamente, según la doctora, se debe a un impulso incontrolable, que el propio asesino desconoce de donde proviene o por qué sucede. Además, la doctora insiste en que la edad emocional de estos individuos es la de un bebé de no más de seis meses, que todos muestran mucha curiosidad por la experimentación truculenta y que para ellos las víctimas no son personas sino objetos. Todos los comportamientos sociales y emocionales de adulto son imitados y/o aprendidos, pero nunca asimilados ni madurados.

Y aquí viene lo más interesante de todo el libro.

La teoría a la que se adscribe la psiquiatra es la de del asesino genético. Sin descartar del todo la teoría del gen asesino (XXY) se muestra más partidaria del reciente descubrimiento de una enzima en el sistema límbico que inhibe las reacciones violentas a las que por instinto de supervivencia estamos condenados. Los humanos normales matamos mas bien poco (es un decir) debido al control de esta enzima. Los que carecen de ella o apenas producen cantidades suficientes podrían ser nuestros famosos asesinos en serie.

Pero aunque muy interesante, la verdad es que la doctora no aporta ninguna prueba al respecto. Eso sí, se queja amargamente de que el sistema no le deja experimentar con sujetos ad hoc, a pesar de contar con su autorización expresa. También se queja del poco corporativismo, falta de seriedad y afán de protagonismo de sus compañeros psiquiatras, del machismo e ineptitud de las fuerzas policiales y judiciales (tanto a la hora de capturar a los asesinos, como de lo reticentes a entrevistarlos y estudiarlos después de capturados y de lo solícitos que se muestran a la hora e freírlos en la silla eléctrica) y de la total y absoluta falta de escrúpulos de los medios de comunicación a la hora de tratar el problema.

En mi otra vez modesta impresión de lector, no le falta razón a la señora en muchas de sus quejas (el sistema policial y judicial norteamericano no es precisamente mi ideal de perfección, a pesar de CSI Las Vegas, Miami y Nueva York). También hay que reconocer el valor y la constancia que ha mostrado por dedicarse a esta profesión tan desagradecida, desagradable y poco estudiada con rigor y método científico.

Pero también observo (siempre como lego), muchas lagunas en sus conclusiones, contradicciones en sus planteamientos, cierta pagaduría de sí misma y victimismo científico. No me cuestiono, a estas alturas del partido, la veracidad del método científico. Dios me libre. Pero observo una tendencia cientifista, sobre todo desde los recientes grandes avances del estudio del ADN y del genoma humano, a encontrar respuestas a todo en la experimentación genética. Que si podremos curar el cáncer, prevenir el alcoholismo, tratar el Alzheimer, erradicar el hambre en el mundo, etc, etc. Lo cierto es que la genética avanzada nos lleva a comprender el inicio, pero todavía no nos marca la solución. Sencillamente porque es mucho más compleja de lo que se imagina. Y mientras poner límites al científico resulta en ocasiones ridículo y catastrófico, en otras resulta cuanto menos razonable y sensato. La pregunta es la de siempre: ¿dónde está el límite?

Y en este caso en concreto, van las cuestiones del millón: imaginen que esta u otra psiquiatra, junto con algún genetista reputado, descubren efectivamente que el problema se encuentra en la enzima de marras. Imaginen que después de concederles el premio Nobel, podremos saber desde antes incluso del mismo nacimiento de la persona, no solo si esta tendrá predisposición a la vagancia, si tendrá un cociente intelectual específico, los ojos de un determinado color o un gusto sexual concreto. También podremos saber si será un asesino en serie. Y lo lógico es que queramos que mate lo menos posible y mejor aún que no mate nada. ¿Qué hacemos entonces con este individuo? La psiquiatra propone la sencilla solución de un implante en el cerebro que produzca la enzima inhibidora. Problema solucionado. ¿Pero y si no funciona? Entonces volveríamos a la primera pregunta: Si la causa de que mate es externa a su voluntad y raciocinio, ¿qué hacemos con él? O antes mismo de que el problema surja: ¿debemos permitirle nacer?

Para terminar este terrible rollo, como siempre sin respuestas, les diré que este es, en definitiva, un libro de lectura fácil (gramaticalmente hablando) y que les recomiendo junto con otros que planteen otras teorías serias, como las del ex agente del FBI Ressler y el psiquiatra Rojas Marcos en su LAS SEMILLAS DE LA VIOLENCIA.

© Manuel Nicolás Cuadrado, (1.421 palabras) Créditos