LOS COBARDES
por El padre Mapple

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.

Miguel Hernández. Viento del pueblo

En 1924, España era un país postrado económica, social y políticamente (que no culturalmente). En 1898, Estados Unidos había iniciado su larga y fructífera carrera imperial arrebatándonos de un zarpazo las últimas colonias. La monarquía de Alfonso XIII, inasequible al progreso, y un sistema caciquil que gobernaba el país a golpe de pucherazo y paseíllo mantenían a la nación en un atraso del que sólo recientemente hemos podido salir. En aquella España que murió y algunos añoran, los curas rompían el secreto de confesión para denunciar a sindicalistas con problemas conciencia, los pistoleros de la ultraderecha pagados por los terratenientes mantenían el orden gracias al miedo y los hijos de los privilegiados, como el abuelo de José María Aznar, pagaban para librarse de la guerra de África y gozar de un servicio militar descansado.

En aquel año de 1924, un 19 de julio, Miguel Primo de Rivera, que pronto iba a protagonizar un golpe de estado, visitó a la recién creada Legión en Ben Tieb. Dice la leyenda, con seguridad apócrifa, que Francisco Franco ordenó servir al general un menú consistente fundamentalmente en huevos. La intención era clara: la Legión tenía los huevos bien puestos, y él no.

¿Por qué Franco y Millán Astray iban a insultar de esa forma a un superior jerárquico con el que, en principio, les unía la ideología, la religión y la actitud hacia la sociedad? Muy sencillo: hasta su llegada al poder, Miguel Primo de Ribera fue partidario de la retirada de las tropas españolas de Marruecos. Era, por tanto, un cobarde a sus ojos.

Tras el final del Imperio, el Ejército Español, y con él la Derecha en pleno, consideraron que África era el campo donde la Patria debía limpiar su honor y restituir su prestigio internacional. Obviamente, la sangre que debía derramarse en los desiertos de África no era la de los hijos de los terratenientes, sino la de los pobres desgraciados que pagan todas las aventuras de los que digirieron mal las lecturas de P. C. Wren. Salvando algunos ejemplos, los contingentes españoles en África estuvieron compuestos por hombres del pueblo, soldados de reemplazo que eran mandados al matadero sin la instrucción ni el equipo suficiente. Los pacos, los francotiradores rifeños, jugaban al tiro al pato con los españoles con una dedicación y esmero dignos de mejor propósito. Ejemplo del atroz abandono en el que tuvieron que vivir y morir miles de españoles fue el famoso desastre de Annual: cuando los rebeldes de Abd-el-Krim derrotaron a los hombres de Manuel Fernández Silvestre, éstos llevaban tres días bebiéndose sus propios meados para combatir la sed. Y no fue ningún John Wayne ni ninguna Marilyn a alentarles, ni ningún Steven Spielberg hizo una película para recordarles. Los testimonios de quienes fueron a recoger los cadáveres de los soldados españoles días después, cuando los rifeños se cansaron de cebarse en ellos, hacen parecer a CSI Miami una versión moderna de LA BRUJA NOVATA.

El absurdo de aquella guerra que no producía beneficios, que no ayudaba a nadie, que nadie quería (excepto los llamados africanistas, el grupo de militares que el 18 de julio de 1936 protagonizó el golpe de estado que el Partido Popular continúa llamando Glorioso Alzamiento), impulsó a Miguel Primo de Rivera, miembro de las Juntas de Defensa, a defender la retirada de las tropas y el fin de aquella carnicería sin sentido. Los africanistas no acogieron precisamente con fervor aquella idea, considerándola una cobardía impropia de un soldado español. Y sin embargo, la mayoría del pueblo tenía problemas mucho más graves que el honor de cuatro militares anticuados, y apoyaba mayoritariamente la decisión de abandonar África. Los testimonios de los que volvían de aquella matanza idiota no ayudaban mucho a la causa africanista, y provocaron numerosas huelgas y motines.

Y sin embargo, cuando llegó al poder, con el consentimiento del abuelo del actual rey, Miguel Primo de Rivera no abandonó Marruecos. El 8 de septiembre de 1925, en una operación planeada entre Primo de Rivera y Petain, soldados españoles y franceses desembarcaron en Alhucemas, lo que inició el principio del fin de la República del Rif y dio con los huesos de Abd-el-Krim en el exilio. El final de la presencia española en Marruecos y su coste en vidas y dinero estaba muy lejos. La II República, ahogada por sus propios problemas internos, no tuvo tiempo en su corta vida de solucionar el problema.

Ya se suponen por qué les cuento todo este rollo macabeo que habrán escuchado cien veces de boca de sus abuelos: salvando las distancias, no hace mucho se ha producido en España un debate similar. El Partido Popular, hijos y nietos en su mayoría de los caciques que gobernaron España durante decenas de años a su capricho, metió a España en otra guerra idiota, absurda y sangrienta con las mentiras habituales al caso. Claro, para eso hacía falta un dictador que ya estuviera atadito y medio muerto: el régimen Chino, culpable de tantos o más crímenes que el de Sadam Husseim, es la llave del mayor mercado del mundo y tiene un Ejército más numeroso que nuestra población; Cuba es terreno abonado para las cadenas hoteleras españolas y la pela es la pela; y Teodoro Obiang … bueno, ya sabemos todos lo que pasa con Obiang. La Derecha española es cobarde por naturaleza y necesita enemigos a los pueda zurrar; Sadam era ideal: su país estaba ya invadido, no era dueño de su propio espacio aéreo, y acudíamos de mamporreros de los marines, de forma que los peperos podían inflar pecho ante el banderón de la Plaza del Descubrimiento sin temor a que un desfile interminable de cadáveres de soldados españoles inundara los telediarios y les estropease el espectáculo.

Pobres de ellos, cayeron en el mismo error que Felipe González: creer que España es su cortijo. Gracias a los desvelos de una generación de españoles, ahora gozamos de una estupenda democracia y con el sencillo gesto de depositar una papeleta, los españoles podemos decidir lo que se nos ponga en los cojones. Supongo que eso les ofende. Es más: espero que les ofenda. Ahora andan llorando por las emisoras de radio diciendo que el CNI les engañó, que las elecciones no fueron legítimas, que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado estaban vendidos a la oposición, que los españoles somos unos cobardes…

Déjenles que sigan engañándose. Mientras continúen creyendo que perdieron el poder por los atentados del 11M, seguirán sin rectificar sus errores y no volverán al poder, y yo vivo muy tranquilo desde que no me insultan todos los días. Eso sí, siempre que puedan, déjenles muy claro que La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María ya ha quedado muy atrás, y que este país ya no lo gobiernan sus pistoleros.

© El padre Mapple, 18 de junio de 2004 Créditos

Creado: 18 de junio de 2004
Última actualización: 29 de julio de 2007 a las 09:13  Bienvenida  Mapa del Sitio