Viajes por el tiempo

Entre los tópicos más frecuentes en la ciencia ficción se encuentran, sin duda, los viajes por el tiempo, de larga tradición en la literatura con anterioridad al surgimiento del género, existiendo precursores tales como Mark Twain, autor de la divertida novela UN YANQUI EN LA CORTE DEL REY ARTURO. Para hacerlos posibles los autores han imaginado diversos métodos, incluyendo algunos tan originales como el salto espontáneo e involuntario del protagonista de la citada novela, algo que repitió de forma similar Isaac Asimov en UN GUIJARRO EN EL CIELO. Frecuentemente nos encontramos también con aplicaciones más o menos forzadas de la dilatación relativista del tiempo, que por su naturaleza son siempre saltos hacia el futuro sin posibilidad de vuelta atrás; dentro de este apartado, tendríamos obras como EL MUNDO AL FINAL DEL TIEMPO, de Frederik Pohl.

Otra forma de viajar al futuro, también sin posible vuelta atrás, es utilizando la hibernación tal como ocurre, por ejemplo, en la película DEMOLITION MAN. En ocasiones el viaje temporal es completamente accidental a causa de algún cruce de cables o fenómeno similar en el vehículo de los protagonistas, inicialmente pensado para viajar por el espacio, pero no por el tiempo. En estos casos, los autores suelen recurrir a algún tipo de explicación, generalmente ambigua, recurriendo a la consabida Teoría de la Relatividad. Un ejemplo clásico de este tipo de viajes por el tiempo es la serie de películas de EL PLANETA DE LOS SIMIOS (no así la novela original), donde se plantea además un caso típico que luego comentaremos más extensamente, el bucle temporal. En ocasiones es un agujero negro, o algo similar, el que permite realizar el viaje a través del tiempo, como sucede en la película STAR TREK 4: MISIÓN; SALVAR LA TIERRA, donde tras lanzarse contra el Sol a toda velocidad el enorme incremento de la aceleración gravitatoria les hace retroceder y avanzar en el tiempo... O simplemente se omite el método utilizado, aunque se insinúa que se trata de algún tipo de artefacto, como ocurre en las tres películas de la serie Terminator.

Por último, habría que considerar también un medio muy socorrido de viajar en el tiempo (en realidad seudoviajar) consistente en enviar al aventurero de turno a continentes o islas inaccesibles, inexplorados y normalmente habitados por dinosaurios y neanderthales, como en VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA, de Julio Verne, EL MUNDO PERDIDO, de Arthur Conan Doyle o LA TIERRA OLVIDADA POR EL TIEMPO, de Edgar Rice Burroughs, por no hablar del socorrido tópico del Venus jurásico. Dentro ya del cine, tenemos un significado ejemplo en la película KING KONG.

Sin embargo, los más genuinos viajes a través del tiempo son sin duda aquéllos que utilizan un vehículo especial que podríamos denominar máquina del tiempo, construido especialmente para este fin. Prototipo y ejemplo clásico de las máquinas del tiempo sería la utilizada por el protagonista de la novela titulada precisamente así, obra del pionero H. G. Wells, aunque en este caso es una simple excusa del autor para transportarnos a una Tierra situada en el lejano futuro en la que dos razas antagónicas surgidas ambas de la humanidad, los elois y los morlocks, luchan entre sí por el control del planeta. Del éxito de esta novela es buena muestra el hecho de que su argumento haya sido llevado al cine en varias ocasiones.

Pero existen muchos más ejemplos, aunque al ser tan numerosas las obras de ciencia ficción que abordan el tópico de los viajes por el tiempo, resultaría imposible establecer una relación de obras no ya exhaustiva, sino siquiera extensa. Dentro de la literatura de ciencia ficción podemos citar, entre otros muchos, la novela EL FIN DE LA ETERNIDAD, de Isaac Asimov, y los relatos, también de este autor, EL NIÑO FEO, EL DÍA DE LOS CAZADORES o UNA ESTATUA PARA PAPÁ. También abordan el tema de los viajes temporales Poul Anderson en LOS CORREDORES DEL TIEMPO, el fix-up LOS GUARDIANES DEL TIEMPO o la novela corta VIAJE A LA ETERNIDAD; Robert Heinlein en la serie de Lázarus Long; Fritz Leiber en CRÓNICAS DEL GRAN TIEMPO; Larry Niven en UN MUNDO FUERA DEL TIEMPO; Robert Silverberg en POR EL TIEMPO y LA ESTACIÓN HAWKSBILL; John Wyndham en PLIEGUE EN EL TIEMPO; Connie Willis en EL DÍA DEL JUICIO FINAL y POR NO MENCIONAR AL PERRO; Orson Scott Card en OBSERVADORES DEL PASADO: LA REDENCIÓN DE CRISTOBAL COLÓN; Tim Powers en LAS PUERTAS DE ANUBIS; L. Sprague de Camp en QUE NO DESCIENDAN LAS TINIEBLAS; Clifford D. Simak en LA AUTOPISTA DE LA ETERNIDAD...

También han sido varios los autores españoles que han abordado este tema, correspondiendo a Enrique Gaspar el honor de describir la primera máquina del tiempo de la historia de la ciencia ficción en su novela EL ANACRONÓPETE, publicada en 1887, es decir, ocho años antes de que lo hiciera el famoso clásico de H.G. Wells. Títulos reseñables son la obra de Domingo Santos titulada LOS DIOSES DE LA PISTOLA PREHISTÓRICA, basada en una antigua novela suya, publicada en la colección Luchadores del Espacio, la novela de Ángel Torres Quesada LAS GRIETAS DEL TIEMPO (aunque aquí el autor se introduce también en el subgénero paralelo de las ucronías), el relato de Ricard de la Casa y Pedro Jorge Romero EL DÍA QUE HICIMOS LA TRANSICIÓN, EL COLECCIONISTA DE SELLOS de César Mallorquí o MEIN FÜHRER y BARAKA, de Rafael Marín. Asimismo son numerosas las novelas de serie B que tienen como argumento un viaje por el tiempo, subgénero sumamente común en el ámbito de las colecciones populares españolas.

En cuanto a las películas, son dignas de recordar EL EXPERIMENTO FILADELFIA, EL FINAL DE LA CUENTA ATRÁS, TIMECOP, la trilogía producida por Steven Spielberg REGRESO AL FUTURO, varias versiones de la obra de Wells LA MÁQUINA DEL TIEMPO, la surrealista producción del ex-Monthy Python Terry Gillian LOS HÉROES DEL TIEMPO y diversas producciones de serie B de escaso interés. Los viajes por el tiempo contaron también con series propias de televisión, como la clásica de los años sesenta El túnel del tiempo, un típico producto de la factoría de Irwin Allen, o la más reciente Quantum Leap, emitida en España con el título de A través del tiempo.

Evidentemente, los viajes por el tiempo tal como los han concebido habitualmente los escritores de ciencia ficción no son viables conforme a los postulados físicos, pero sí existe un resquicio que ha permitido a los autores de ciencia ficción hard plantear, si no un viaje temporal propiamente dicho, sí una comunicación entre habitantes de diferentes épocas respetuosa con los conocimientos científicos actuales: Se trata de los taquiones, unas partículas subatómicas que, en determinadas condiciones, se podría considerar que viajan hacia atrás en el tiempo. Éste es precisamente el argumento de CRONOPAISAJE, obra del conocido escritor Gregory Benford.

El tema de los viajes por el tiempo ha originado a su vez diversos tópicos. Uno de ellos es la paradoja temporal, donde la intervención de los viajeros del tiempo, voluntaria o no, resulta fundamental para que la historia se desarrolle de la manera prevista. Otro es el bucle temporal, donde se plantea la posibilidad de que el tiempo no discurra de manera lineal sino que pueda formarse, a causa de la intervención de los viajeros espaciales, un bucle cíclico, a veces con salida y a veces sin ella, en el cual la intervención del viajero es fundamental para el desarrollo del mismo.

Por último, los viajes por el tiempo tampoco se han librado de caer en las garras de esos fabricantes, más que escritores, de libros autores de los llamados superventas. Reciente está la publicación de la obra de Michael Crichton RESCATE EN EL TIEMPO (1999-1357), un engendro digno de ser olvidado, mientras la contribución nacional ha sido la serie Caballo de Troya, de Juan José Benítez, tan vendida en las librerías de los supermercados como rechazada por la mayoría de los aficionados al género.