Fenómeno físico de carácter vibratorio. Todos los animales son capaces de sentir el sonido, pero para poder escucharlo se necesita un sentido, el oído, que no todos los animales tienen. También cabe precisar que no todos los seres vivos son capaces de percibir el mismo rango de sonidos. El ser humano, por ejemplo, es capaz de captar sonidos que van de los 15 a los 20.000 hercios. Otras especies son capaces de captar sonidos inaudibles para la especie humana. Los elefantes son capaces de captar sonidos inferiores a los 15 hercios. Los murciélagos utilizan los ultrasonidos que producen a modo de radar (en realidad un sónar) para orientarse en la oscuridad, mientras los delfines utilizan los ultrasonidos para guiarse en el agua. Los delfines, al igual que los demás cetáceos, pueden comunicarse en el agua mediante sonidos; no así los peces, que carecen de oído pero son capaces de captar las vibraciones del agua a través de unos órganos sensoriales que tienen en la línea lateral de sus costados.
Para que el sonido se propague, es precisa la existencia de un medio físico capaz de transmitir las ondas que lo componen. El sonido se transmite a través de cualquier gas (el aire, p.e.), líquido (bajo el agua) o sólido (se puede escuchar la llegada de un tren apoyando la oreja en las vías) Por esta razón en el vacío del espacio exterior resulta del todo imposible la transmisión de sonidos, de modo que las llamativas batallas espaciales, adornadas por las deflagraciones de los láseres, los estampidos de los cohetes y las explosiones de todo tipo, son simplemente falsas, por muy espectaculares que puedan quedar en películas tales como las que integran la serie de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS.
Por el contrario, aunque probablemente se trate de un simple reclamo publicitario sin la menor relación, salvo la estrictamente casual, con la realidad física, en el cartel promocional de ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO se podía leer una gran verdad: En el espacio nadie puede oír tus gritos.
Anécdotas de los efectos especiales aparte, en la ciencia ficción se pueden encontrar varios ejemplos de relatos en los que el sonido o, en ocasiones, la ausencia de él, forman parte importante del argumento, como ocurre con SILENCIO, POR FAVOR de Arthur C. Clarke, donde un científico, harto de soportar a su cónyuge, inventa un aparato capaz de generar interferencias que anulan el sonido, silenciando así a su esposa. Otro ejemplo clásico es EL SILENCIO ES MORTAL, de Lloyd Biggle Jr., donde se describen unos humanoides carentes del sentido del oído pero provistos, en compensación, de un olfato portentoso. En MAESTRO CANTOR, de Orson Scott Card, las cualidades sonoras de la voz juegan un papel importante que puede servir para el deleite del oyente o para manipular sus sentimientos. Cabe precisar que esta obra tiene sus precursoras en LA CASA DEL CANTO y EL PÁJARO DE MIKAL del mismo autor.
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