Robot

El término robot deriva de la palabra checa robota, que significa esclavo o siervo. Difundido internacionalmente en 1921 por Karel Capek gracias su obra teatral R.U.R., se ha aplicado desde entonces a cualquier máquina que, independientemente de su tamaño, forma o movilidad, es capaz de realizar de forma desatendida y autónoma las acciones para las que ha sido diseñado.

Aunque se puede considerar robot a un simple sistema automático, o mecanismo, suficientemente complejo, en la ciencia ficción se les suele suponer a los robots una autoconsciencia plena y una inteligencia equivalentes a las humanas. Estas capacidades mentales sirven como excusa para desarrollar toda una serie de reflexiones acerca del impacto que estas máquinas, inteligentes aunque supeditadas al control humano, tendrían en una sociedad futura.

Los autores que más han tratado la robótica (Asimov, Lem...) han incidido sobre todo en la vertiente filosófica (¿hasta qué punto esa inteligencia, siendo tal, no es también humana?) que en la puramente social, sin reflexionar sobre lo que supondría una fuerza de trabajo relativamente barata, incansable y supuestamente nada conflictiva, sustituyendo progresivamente la mano de obra humana y dejando a gran parte de la población en la más absoluta de las incertidumbres laborales.

En cualquier caso, lo que suele caracterizar a un robot es la conjunción de una inteligencia artificial con un cuerpo asimismo artificial, capaz de interaccionar con su entorno. No pueden ser considerados robots, por esta razón, ni los artefactos antropomorfos tripulados por humanos tales como Mytek, trasunto mecánico de King Kong procedente del mundo del cómic, o el televisivo Mazinger Z, ni las inteligencias artificiales carentes de cuerpo propio al estilo de Hal 9000.

No obstante, lo más llamativo de los robots ha sido siempre su aspecto físico. Aunque en realidad éste puede ser cualquiera, por muy extraño que pueda resultar su diseño, el tópico habitual suele ser el del robot antropomorfo (o androide), tanto en su vertiente mecánica como en aquélla en la que su apariencia exterior se mimetiza con la humana, tal como ocurre respectivamente con C3P0, de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, o con Daniel R. Olivaw, protagonista de varias novelas de Asimov. Otros robots como el de PERDIDOS EN EL ESPACIO o el Robbie de PLANETA PROHIBIDO tienen formas tan sólo vagamente humanoides, mientras el conocido R2D2, también de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, recuerda más bien a un electrodoméstico. En el otro extremo nos encontramos con robots cuyos cuerpos se identifican con objetos tan prosaicos como los automóviles, como ocurre con el relato de Asimov SALLY o con la serie de televisión EL COCHE FANTÁSTICO. Lo que todos ellos tienen en común, independientemente de la disparidad de sus formas, es que suelen presentar la capacidad de moverse por sí mismos.

Una variante curiosa es la desarrollada por el español Pascual Enguídanos en varias de sus novelas, con robots antropomorfos de cintura para arriba y una rueda sustituyendo a las piernas... lo cual resulta ser irreprochablemente lógico, puesto que la locomoción bípeda resulta ser muy poco adecuada para muchos menesteres. De hecho, los prototipos de robots reales desarrollados por los ingenieros suelen desplazarse bien sobre conjuntos de ruedas o cadenas, o bien sobre patas articuladas remedando a las arañas, pero nunca (salvo algunos prototipos construidos más con fines publicitarios que otra cosa) sobre dos inestables piernas.

Son tantos los ejemplos de robots presentes en la ciencia ficción, que resultaría imposible enumerar de forma exhaustiva siquiera los más significativos. Baste con recordar, en el cine, a los ya citados R2D2 y C3P0, los dos famosos androides de la serie de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, y al clásico Robbie, de PLANETA PROHIBIDO; a Gort, el hierático robot de la película ULTIMÁTUM A LA TIERRA; a la doble mecánica de María, protagonista de METRÓPOLIS; a Data, el androide de Star Trek; a los androides de la serie TERMINATOR, o a ROBOCOP, en sentido estricto un ciborg.

Referencia obligada, dentro ya de la vertiente literaria del género son, por supuesto, los imaginados por los dos autores ya citados anteriormente, los robots positrónicos de Asimov y los descacharrantes seres mecánicos imaginados por el polaco Lem, pero no acaba aquí, ni mucho menos, el imaginario de los mismos. En un rápido recorrido podríamos citar además al inefable Tik-Tok, de John Sladek, o al entrañable y casi humano Tom imaginado por Malcom Jameson en su relato ORGULLO. John Windham hermana con ironía en UNA el mito de Frankenstein con la robótica, imaginando a un científico capaz de construir un robot orgánico (esto es, sintetizado a partir de materiales inertes a los que se les ha insuflado vida) que, por un exceso de hormonas (femeninas, se entiende), se enamora disparatadamente de uno de los protagonistas. En CÓMO SE HACE, Clifford D. Simak se burla de la desmedida afición de los norteamericanos por el bricolaje, describiendo un prototipo de robot capaz de construir con sus propias manos todo tipo de robots, el cual es enviado equivocadamente a un ciudadano anónimo que tan sólo pretendía comprar un sencillo perro mecánico... con las consecuencias que resultan fáciles de imaginar. En lo que respecta a la ciencia ficción española, no podemos olvidar a Domingo Santos, autor de la interesante novela GABRIEL, ni a Pascual Enguídanos, que a lo largo de la Saga de los Aznar desarrolla interesantes especulaciones sobre el papel de los robots en el futuro de la humanidad.

© Francisco José Súñer Iglesias, José Carlos Canalda, (894 palabras)