Metal pesado, uno de los últimos elementos químicos, junto con el bismuto, que poseen isótopos estables frente a la desintegración radiactiva. El plomo es un metal de color gris, oscuro por la pátina que lo recubre, muy denso, blando y maleable. Conocido desde la antigüedad, al ser resistente a la corrosión gracias a su pátina y fácil de manipular, ha sido utilizado para diversos fines, entre ellos la construcción de tuberías. Sin embargo, el carácter tóxico de sus sales ha hecho que cada vez se utilice menos en estos cometidos. El plomo, no obstante, se sigue utilizando ampliamente en la industria química (pigmentos y pinturas), en la fabricación de baterías (las baterías tradicionales están constituidas por plomo y ácido sulfúrico) o en la industria petroquímica, al utilizarse un derivado suyo (el tetraetilo de plomo) como aditivo antidetonante en la gasolina, aunque la ya aludida toxicidad de sus compuestos ha motivado que esta gasolina se esté reemplazando por otras gasolinas carentes de plomo.
Otra propiedad importante del plomo es su opacidad a cualquier tipo de radiación, tanto rayos X como las diferentes clases de radiactividad, lo que le hace insustituible como blindaje en todo lo relacionado con la energía nuclear o con las exploraciones con rayos X tan utilizadas en medicina.